Al estilo de la gestapo nazi, como
hacen hoy los soldados de Israel contra los palestinos y los
ocupantes norteamericanos al pueblo de Iraq, nueve de los 15
revolucionarios cubanos muertos en el asalto al Cuartel Domingo
Goicuría fueron vilmente asesinados cuando estaban prisioneros.
El asalto ocurrió al mediodía del
domingo 29 de abril de 1956 en aquella fortaleza militar del
ejército del tirano Batista, en la ciudad de Matanzas, unos 100
kilómetros al este de La Habana.
Reynold García, jefe de la acción,
basó su éxito en el factor sorpresa, y por eso utilizó tres
camiones de la constructora Díaz de Villega, los cuales solían
obtener gasolina dentro del cuartel, cuyo jefe tenía intereses en
esa entidad.
En el camión que debía entrar iba
Reynold junto al chofer, un joven de 16 años de edad y en la cama,
cubiertos por una lona, los combatientes de la vanguardia, con el
fin de entrar hasta la gasolinera, sorprender y desarmar a los
soldados de guardia.
Pero el nerviosismo del conductor
frustró lo planeado, al chocar el equipo contra un muro de la
entrada, lo cual hizo que la posta se percatara de lo que ocurría y
alertara a la guarnición.
El fuego de ametralladora y de los
fusiles de la soldadesca se concentró sobre el vehículo. Reynold
fue el primero en caer.
Al cesar la balacera, eran seis los
muertos, pero el coronel Pilar García, jefe del regimiento, ordenó
que no quería heridos ni prisioneros, y comenzaron a rematar a los
sobrevivientes.
Cuando llegaron los periodistas y
fotógrafos, cerca del camión habían 10 cadáveres tirados en el
pavimento. Ni siquiera la presencia de la prensa fue obstáculo para
incorporar un fallecido más, al llegar prisionero, con las manos
atadas, el combatiente Julio García Rodríguez. La foto de su
asesinato por la espalda circuló por el mundo entero.
Varios reporteros vieron esa noche,
con vida, a Mario Vázquez, y otro logró grabar declaraciones a
César Rodríguez Alayón y Jorge Armengol. Los tres aparecieron
después en la lista oficial de los 15 "caídos" durante
el asalto.
Ellos se alzaron contra un régimen
tiránico apoyado por Estados Unidos, causante de la muerte de miles
de cubanos. No pudieron tomar la sede del Regimiento, pero
estimularon la rebeldía del pueblo, y ratificaron una vez más la
justeza de la lucha revolucionaria emprendida por Fidel Castro y sus
compañeros en el asalto al Cuartel Moncada.
Su sangre joven fructificó en una
Patria nueva, ejemplo para el mundo. Sus sueños de libertad,
justicia y felicidad, se hicieron realidad en las sonrisas de miles
de niños, padres y maestros que colmaron la antigua plaza militar
transformada en Centro Escolar Mártires del Goicuría, cuando lo
inauguró el Jefe de la Revolución, el 29 de abril de 1960.
En su discurso ese día, al recordar
a quienes cayeron allí, Fidel expresó: "Ninguna
satisfacción mayor que este acto, ninguna obra mejor que esta
escuela, ningún orgullo más grande, ningún monumento más
inolvidable que esta fortaleza convertida en escuela".