MADRID, 27 de abril (PL). — El 27
de mayo próximo habrá salido de Iraq el último militar español,
aseguró hoy el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez
Zapatero.
El líder del Partido Socialista
Obrero Español (PSOE) compareció hoy ante el pleno del Congreso de
Diputados para informar a todos los grupos políticos con presencia
parlamentaria sobre la decisión y los motivos para retirar las
tropas de Iraq.
En una intervención inicial de 20
minutos, Zapatero afirmó que esa medida no fue tomada
precipitadamente sino que previamente se consultó, entre otras, a
las autoridades de Estados Unidos, Gran Bretaña, Italia, Alemania,
Polonia, Honduras, México, El Salvador, República Dominicana,
naciones árabes, la ONU y la Unión Europea.
Fue, aseguró, una decisión
meditada, estudiada y en una clara relación de honestidad hacia
nuestros socios y aliados.
Explicó que ordenó la salida
inmediata de los militares del país ocupado ante la "radical
imposibilidad" de la ONU de adoptar antes del 30 de junio
alguna resolución en los términos previstos para que pueda hacerse
cargo de la situación en Iraq.
Zapatero advirtió, además, que el
gobierno anterior encabezado por José María Aznar se sumó contra
la voluntad de la mayoría de los españoles a una coalición que
desencadenó una guerra sin ningún viso de legalidad y que no ha
contribuido en nada a la paz y la seguridad mundiales ni a liquidar
el terrorismo internacional.
"Nunca debimos ir a Iraq y, por
ello, debemos volver de allí cuanto antes, y eso es lo que está
haciendo el nuevo gobierno", cumpliendo con una promesa
electoral expresada hace muchos meses, subrayó el gobernante
español.
La sesión del Congreso sobrepasó el
contenido de su convocatoria para convertirse en un análisis de las
causas de la guerra en sí misma y de las motivaciones que pudieron
llevar al anterior ejecutivo a sumarse a la política de Washington.
Además dejó en evidencia una vez
más la soledad del derechista Partido Popular (PP), que debió
enfrentarse a toda la oposición en pleno.
Los portavoces de todos los grupos de
oposición, con excepción del PP, mostraron su respaldo a la
decisión del gobierno de retirar las tropas, pero, además, no
pocos insistieron en que el gobierno debe promover en el plano
internacional una nueva óptica basada en el diálogo y la
diplomacia para enfrentar este y otros conflictos.
Asimismo los representantes de la
mayoría de los partidos insistieron en la ilegalidad de la
invasión, en la falsedad de los argumentos que se esgrimieron para
desencadenarla y en la aguda crisis que ha provocado en el seno de
la sociedad iraquí, que se encuentra sumida en el caos.
Igualmente denunciaron el hegemonismo
demostrado por Estados Unidos al desencadenar una guerra con el
apoyo de unos pocos y sin el consentimiento de las Naciones Unidas.
La única voz discordante, tal como
se esperaba, fue la del PP, cuyo secretario general, Mariano Rajoy,
basó su intervención en acusaciones directas contra Zapatero en
medio de no pocos abucheos.
Ante el asombro del plenario, Rajoy
criticó al jefe del ejecutivo de tomar una decisión sin buscar el
consenso y el diálogo con el resto de las fuerzas políticas del
país, algo de lo que precisamente todos los partidos acusaban hace
poco tiempo atrás al gobierno en el cual el PP imponía su mayoría
absoluta sin miramientos.
La posición recalcitrante del PP
impidió que la decisión de sacar las tropas de Iraq fuera sometida
a votación en el Congreso, tal como lo deseaban la gran mayoría de
partidos, porque para producirse requiere del consentimiento de
todas las fuerzas políticas.
Desde el PP se justificó tal postura
alegando que se trataría de someter a votación un hecho consumado,
pero desde los otros partidos la actitud del PP fue interpretada
como un intento para evitar aparecer una vez más en la más
completa soledad.