SANTIAGO DE CUBA.— Pocos podían
imaginar antes de este paso de la canción lírica por hospitales
del país que el Ave María del austríaco Franz Schubert
fuera no solo ovacionada, sino también una y otra vez solicitada
por decenas de mujeres gestantes en plazas como las de esta ciudad
donde, además, fue aclamado El manisero, de Moisés Simons,
y la Cecilia Valdés de Gonzalo Roig.
Las sopranos del grupo, una búlgara
nacionalizada cubana, Benchi Siromajova, y una bayamesa devenida
habanera, Alina Sierra, fueron las gestoras de estas mutaciones del
arte.
Lo de Schubert fue una revelación,
pero lo de Simons era esperado: "si no cantan un pregón, no
están en Santiago de Cuba —recordaba el camarógrafo Norberto
Almira. Esta es la tierra de los pregones". Dentro del lírico,
este género se ha mantenido vigente por unas cuatro generaciones y
dicha canción se considera la más representativa.
Durante esta gira del Teatro Lírico
Nacional en la que el ángel de la música parece escapado de las
grandes urbes y teatros, esas canciones han sido, sin embargo, solo
muestras de la acogida total por Guantánamo, Bayamo y Santiago de
Cuba, cuyo público develó una especie de apoteosis.
Aunque en distintos hospitales
recorridos las mujeres en estado de gestación han ocupado el
protagónico y entre ellas la pieza de Schubert ganó la copa,
seguramente por su espiritualidad y ternura de inclinación divina,
fue en el Materno sur Mariana Grajales de la Ciudad Héroe donde
este asunto hizo catarsis de emotividades.
Fundado en 1926 con el nombre de
clínica mutualista Los Angeles, transformada con la Revolución en
institución ginecobstétrica, desbordado ya el teatro donde se
presentó el espectáculo los balcones interiores de este centro
asistencial se convirtieron en virtuales palcos de salón.
Entre rumores y secreteos de
embarazadas, risas y ocasionales llantos, encubiertos coqueteos ante
el galán del grupo, el tenor Carlos Alejandro Fernández (él las
halaga con Mujer divina, del repertorio de Vicente
Fernández) y el barítono Dámazo con sus facturas
puertorriqueñas, las gestantes rindieron culto no solo a la
cultura, sino a la realidad de su país y de su ciudad: este
hospital de 540 trabajadores que se turnan para laborar 24 horas,
tiene cero mortalidad materna y solo 1,7 de mortalidad infantil.
El estreno en Santiago fue en el
Saturnino Lora y parecía que ya en esos dos hospitales había
ocurrido todo lo mejor, cuando los artistas llegaron al Materno Sur,
que como es "general" todos acá le llaman "El
General Santiago" (¿Habrá sido o no el pueblo santiaguero un
general de nuestras gestas?).
Con 52 de sus trabajadores laborando
actualmente en unos 15 países, su director, Alberto Miranda, les
dice a los artistas que "con su talento profesional, arte
prodigioso y amor desbordante, han sido capaces de llegar a lo más
profundo de nuestros corazones".
Merece cualquier sacrificio que
regresen a Santiago, apunta a nombre del Ministerio de Cultura en la
provincia María Savón, parienta del famoso boxeador y cuya hija de
16 años va en camino de ser cantante lírica.