Una Huella histórica y también contemporánea

ANDRÉS D. ABREU

Aunque La Huella de España nunca cierra, las jornadas del festival que lleva este nombre concluyeron el pasado domingo con una gala que mantuvo en la variedad de su espectáculo la fidelidad a los presupuestos enunciados por el evento desde su día inaugural.

Foto: JOSÉ M. CORREACarmen, de Danza Contemporánea de Cuba. 

Lo más llamativo de la 16ª. edición, desde aquella primera jornada, fue la inclusión de expresiones artísticas que miran la herencia española desde posiciones vanguardistas, capaces de cohabitar con otras formas tradicionales y consagradas en el abordaje de la transculturación de lo peninsular a lo insular.

Si Aceituna sin Hueso fue el mejor ejemplo en la inauguración de cómo la joven generación del arte cubano asume la huella española, y la exposición de pintura abstracta de Manuel Comas (galería Imago del Gran Teatro) constituyó otra carta a favor de esta tendencia, la inclusión en la gala de Clausura de la versión de Carmen que posee en su repertorio Danza Contemporánea de Cuba fue una rotunda confirmación de esa continuidad del mestizaje cultural entre cubanos y españoles en los inicios del nuevo milenio.

La paródica versión, montada por Kenneth Kvarnstrom para la compañía cubana, asume con ingeniosidad la recreación de elementos clásicos de lo hispánico para conformar un divertimento que no narra el drama, pero sí lo ilustra sobre la música desde la ironía posmoderna.

A esta obra le acompañaron en el espectáculo conformado por Nelson Dorr otras apuestas danzarias como el Flamenco Bolero, coreografía de Eduardo Veitía y por el Ballet Español de Cuba, otra figuración en el baile de versiones musicales muy a lo español del Bolero, de Maurice Ravel, el Aria, de Johan Sebastian Bach, y La Primavera, de las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi.

La música tuvo otros momentos significativos con el Coro Exaudi interpretando los Tres epitafios, compuestos por Rodolfo Halffter con textos de Miguel de Cervantes, y el Iré a Santiago, de Federico García Lorca musicalizado por Roberto Valera, excelentes ejemplos de esa intemporalidad que alcanza el buen arte y que reafirmó la sorprendente presentación especial de María de los Ángeles Santana, interpretando para la eternidad El jardinero y la rosa, texto de los hermanos Álvarez Quintero con música de Ernesto Lecuona que ejecutó al piano el maestro Juan Espinosa.

El cierre de la gala y del 16o. Festival La Huella de España estuvo a cargo del Ballet Nacional de Cuba con el grand pas de la versión de Alicia Alonso sobre el clásico Don Quijote. Viengsay Valdés y Joel Carreño fueron los encargados de mostrar ese poder técnico que caracteriza al ballet de estos tiempos y que lo distingue en la actualidad, amén del mayor respeto a las tradiciones.

 

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