|
La Victoria en Playa Girón
Un Primero de Enero en abril
VENTURA DE JESÚS
MATANZAS.— Empecemos
por el final. Ahora, 43 años después de la Victoria, con la
experiencia a su favor, ¿qué puedes decir de los sucesos de
Girón?
"En
Girón hay una gran lección. Y eso se explica porque allí se
comprobó que la Revolución era más que una esperanza. Sacó a
relucir toda la fuerza del pueblo. La historia de aquella epopeya
cuenta hechos nada imaginarios ni fantásticos, ilustra el precio
que tendría que pagar el enemigo si osara agredirnos.
El Comandante en Jefe al frente de las operaciones desde el propio escenario de combate.
"El
empuje, la convicción de los combatientes, y que Fidel estaba allí
fue el fermento del triunfo. El mismo dirigente que nos había
inculcado la consigna de Patria o Muerte en la esquina de 23
y 12 se encontraba al lado de su pueblo en el escenario del combate.
La filosofía del deber: ahí está la clave."
El hoy teniente coronel
de la reserva Pablo Valdés Ortega tenía entonces apenas 20 años
de edad; cursaba la Escuela de Responsables de Milicias, y aunque
aún no estaba preparado del todo ni intelectual ni militarmente,
había participado en la lucha clandestina.
—¿Recuerdas
los detalles de cómo conociste sobre la invasión? ¿Qué hora era?
¿Cuál fue tu estado de ánimo?
"Nos
encontrábamos de pase por 72 horas.Yo conversaba con unos amigos
cerca del Liceo en el parque de La Libertad, aquí en Matanzas,
cuando llegaron unos compañeros de la Escuela, y me dijeron: Oye,
Valdés, bombardearon los aeropuertos. Entonces corrí para la casa,
me puse el uniforme y me presenté en mi compañía.
"La
vieja me despidió como siempre, sin dejar de estimularme. Ella
sabía mejor que yo la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
"Fidel
había informado a Cuba y al mundo que el ataque del 15 de abril era
el preludio de la invasión que el imperialismo yanki preparaba
desde hacía tiempo con la gusanera contrarrevolucionaria.
"Pasadas
las 2 y 30 de la mañana del día 17 dieron la alarma. Fue cuando
conocimos la noticia de que tropas mercenarias habían desembarcado
por Playa Girón."
—¿Cuál
fue el momento más impresionante en el trayecto hasta el Central
Australia?
"Todo
fue emocionante. Íbamos cantando consignas y reinaba un gran
espíritu patriótico. Pero lo que más nos conmovió fue la
reacción del pueblo de Jagüey Grande. Ellos gritaban y arengaban.
Es esa cosa que uno necesita cuando va para el combate: la
inyección de entusiasmo revolucionario y el apoyo de tu pueblo."
Pablo rememora aquellos inolvidables días.
Una vez en el Puesto de
Mando del Central Australia el Batallón de la Escuela recibe la
misión de tomar Pálpite. El entonces capitán José Ramón
Fernández les indica a los milicianos la importancia de ocupar ese
territorio de tierra firme.
"Salimos
sobre las 9 de la mañana. Nosotros no teníamos defensa antiaérea,
ni tanques; solo el fusil FAL y 200 tiros. Íbamos en los camiones
por el terraplén, cuando aparecen los dos primeros aviones y nos
tiramos a ambos lados de la carretera.
"Después
avanzamos un poquito y nos vimos obligados a descender y avanzar en
infantería. Mi compañía, la cuarta, iba detrás, en el segundo
escalón. Delante avanzaban la primera y la segunda. Eran cinco en
total.
"No
había dónde guarecerse. La aviación bombardeaba y ametrallaba
constantemente. Lo veíamos bien. Eran B-26 con las insignias
nuestras. Actuaban en parejas.
"Aproximadamente
a las 11 de la mañana tomamos Pálpite. Los mercenarios se
replegaron hacia Soplillar, y otros para Playa Larga. No aguantaron
nuestro empuje."
—Quien
combate corre el riesgo de caer, ¿sentiste temor en algún momento?
"¿Miedo?
¡Cómo no! Uno sabe que de un momento a otro se la pueden arrancar.
Llega a pensar miles de cosas. La cuestión está en poder
controlarlo. Luego, en el avance hacia Playa Larga el combate
arreció. Cuando nos tendimos en la cuneta hirieron a un compañero
por la espalda, al lado mío. El fuego era tan intenso y rasante que
pensé que perdía la mano si intentaba sacarla para tocarlo.
"Me
impresionó el valor del teniente Juan Alberto Díaz. Era un tipo
que se fajaba parado mientras nosotros estábamos tendidos en la
cuneta, el jefe que cualquier tropa quisiera tener. Él nos
alentaba: `Pa'lante, decía, qué compañía más guapa yo
tengo'...Eran ya pasadas las 3 de la mañana cuando lo impactan y
muere. Luego supe que era del Ejército Rebelde y se había graduado
de teniente en el curso de cadetes."
En un segundo intento, y
gracias al derroche de valor y heroísmo, se dio el combate decisivo
contra Playa Larga, esta vez con el auxilio de tanques y artillería
de campaña y antiaérea. "Más o menos a las 5 y 40 de la mañana
del día 18 deciden retirarnos y nos suple otro Batallón. Los
mercenarios calculan que si el ataque nocturno había sido duro, no
tendrían cómo soportar el impulso durante el día. Entonces se
repliegan hacia Girón y forman el último reducto, que se hizo algo
más fuerte. Al final, de todos modos cederían ante nuestras
fuerzas.
"Nosotros
regresamos a Pálpite y más tarde al Central Australia. Estando
allí, ya el día 19 nos dan la voz de alarma. Me ordenan la misión
de trasladar dos cajas de granadas de mortero de 82 milímetros. Y
cosa curiosa, ese día me hicieron artillero, porque al regresar a
Matanzas una vez sellada la Victoria de Girón, alguien comentó:
Valdés participó con los morteros, pero yo en realidad no hice
más que cargar aquellas dos cajas de granadas."
—¿En
qué momento estuviste seguro del triunfo?
"Siempre
confié en el éxito, pero estuve más seguro después que logramos
tomar Pálpite. Luego supe de aquellas palabras de Fidel de que los
mercenarios habían perdido la guerra, desde el instante en que no
supieron defender Pálpite."
—¿Se
sintió más tarde bajo la influencia de aquella epopeya?
"En
Girón adquirí un compromiso moral con mis compañeros caídos.
Nuestro Batallón tuvo 21 bajas y otros dos murieron como
consecuencia de las heridas. Fue una especie de final de una etapa y
comienzo de otra nueva. A partir de entonces tuve mayor conciencia
política.
"A
veces, de pronto pienso en aquellos jóvenes, adolescentes en
algunos casos, y me conmueve el valor con que defendieron el suelo
patrio."
ELLOS HARÍAN LO
MISMO
Pablo es actualmente
jefe del Departamento para la Defensa en la Universidad Camilo
Cienfuegos, de Matanzas. Se dedica a la educación
patriótico-militar internacionalista de los estudiantes. A menudo,
cuando conversa con ellos, tiene la sospecha de que el mundo se ha
detenido. Al examinarlos cuidadosamente cree que tienen mucho en
común con el Pablo de 1961, excepto que todos nacieron cuando la
Revolución ya contaba con 20 años o más. Al narrarles sobre estos
episodios es como si les sacudieran los mismos ímpetus que tenía
él hace 43 años.
—¿Qué
encuentras en esos estudiantes? ¿Qué los caracteriza y qué los
diferencia de quienes fueron a Girón?
"Son
jóvenes con una mayor preparación. Nosotros tuvimos las
motivaciones de los primeros años. Ellos tienen la herencia como
ventaja. Y si lamentablemente se vieran en una situación similar,
harían lo mismo que nosotros. Serían capaces de protagonizar otro
Primero de Enero en abril". |