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Otra
vez las canalladas de Castañeda
Curiosamente, el intrigante y ex canciller mexicano Jorge
Castañeda ha reaparecido. Ha abandonado su semiretiro, después de
quedar desempleado hace más de un año como resultado de un notorio
y público fracaso.
Ahora aprovecha la crisis política mexicana alrededor del
llamado caso Ahumada para atacar a todos los Partidos y engañar a
todos los mexicanos.
También para agredir nuevamente a Cuba con la calumnia de que
nuestro gobierno podría intentar un vínculo entre la devolución
de Ahumada, en prisión provisional en nuestro país, y el voto
mexicano en Ginebra, idea tan espuria como la resolución anticubana
que impulsa EE.UU., y especie que el MINREX rechazó tajante.
Se comprende porque viene de visitar Miami los días 4 y 5 de
marzo. Recordemos que precisamente allí, el 26 de febrero del 2002,
había dejado "abiertas las puertas de la Embajada mexicana" en La
Habana, en un acto de circo con Jorge Mas Santos y la mafia de la
Fundación Nacional Cubano-Americana, que estuvo a punto de provocar
una crisis migratoria. ¿Habrá ido ya a pedir dinero? ¿A cambio de
qué?
El pasado 25 de marzo, Castañeda anunció pomposamente, como es
habitual en él, su candidatura a la Presidencia de México para el
2006. Mencionó la palabra "ciudadano" 16 veces para declarar
ahora que es "independiente", hablar a nombre del pueblo y atacar
a todos los partidos políticos de su país.
Pidió al hermano pueblo de México un esfuerzo arduo y un
sacrificio considerable.
Ya no es Jorge Castañeda: es otro, otra vez. Es el camaleón de
siempre.
La prensa mexicana, cuando renunció a su cargo de Canciller hace
poco más de un año, había resumido lo ocurrido: todo ha sido un
fracaso, destruyó la tradición a cambio de nada, los eventuales
favores de EE.UU. nunca llegaron; los sufridos inmigrantes mexicanos
han seguido siendo asesinados en la frontera, explotados y
discriminados en EE.UU.; el conflicto del agua, que supuestamente
ambos países comparten, se agravó y las consecuencias del Tratado
de Libre Comercio se agudizaron. Dicen que el saldo de su gestión
es un desastre.
Durante sus dos años de ministro, Castañeda traicionó a
México para seguir su propia agenda sin fidelidad a nada ni a
nadie, como quedó tan claro tanto durante el triste e indigno
episodio sobre la presencia de Fidel en Monterrey, como cuando
trató incluso de robarse el show de esa Cumbre con el anuncio a
través del The New York Times de que aspiraría a la Presidencia
mexicana, o durante los preparativos de la visita del Presidente Fox
a La Habana.
No conoce ni la fidelidad a sí mismo. Sufre una mutación
permanente, un reciclaje indetenible.
Castañeda ahora es "independiente" y proclama el
"partido de
los sin partido" y se lanza al ruedo como un líder popular, dotado
de reivindicaciones nacionalistas y de un programa social. Promete
todo lo contrario de lo que hizo como Canciller. Agua, caminos y
escuelas...
Seguir su vida provoca mareo: otra vez ha vuelto a ser de
izquierda. Es un cambio de 360 grados: ha dado la vuelta al
círculo.
Empezó la circunvalación como un luchador antimperialista que
solicitó y recibió entrenamiento militar para apoyar al movimiento
guerrillero centroamericano, sirvió al PRI, se pasó al PRD, luego
fue estratega de la campaña del PAN, al final, Canciller del
gobierno al cual puso traspiés y en el que organizó rencillas para
después abandonarlo.
Fue un indecoroso lacayo de EE.UU., ahora populista.
No pertenece a nada. Es un mercenario en busca de poder. Es todo
lo que hoy propone cambiar.
Mucha ambición, arrogancia, hipocresía, psicosis, mentira e
histeria. Nada de ideología, convicción o decencia. Sus piruetas
de payaso pueden llegar a divertir en tiempos aburridos de la
política.
Lo conocemos bien. Ya somos expertos en castañedades. |