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Universalización de la Universidad
El mérito de resolver los desafíos
Mientras en el mundo proliferan drásticos aumentos en los costos de la matrícula para las diferentes enseñanzas y son fuertes los recortes en los fondos de ayuda financiera, Cuba se propone ser una gran Universidad
IRAIDA CALZADILLA
RODRÍGUEZ
Leo en Internet sobre
drásticos aumentos en los costos de la matrícula en casas de altos
estudios y colegios públicos norteamericanos. Van mano a mano con
fuertes recortes en los fondos de ayuda financiera. Ese es, dicen,
el país de las "oportunidades".
El programa de universalización permitió
el ingreso a la Educación Superior a
los miles de jóvenes incorporados a
los nuevos Programas de la Revolución.
Pero, como es de
esperar, el descamisado no será tampoco esta vez para los hijos de
quienes cuentan con "plata" sonante. El coro de los excluidos
seguirá engrosado por voces de estudiantes de bajos recursos y de
orígenes étnicos minoritarios, fundamentalmente los hispanos, esa
masa que crece en el sueño americano y "a pesar de su incremento
demográfico en Estados Unidos, tiene menor presencia en los
institutos de educación superior que otros grupos de la población",
como señala un informe presentado por Eduardo Padrón, presidente
de Miami Dade College, en la reunión anual de la Asociación de
Universidades y Colleges Hispanos, celebrada en Washington, D.C.
En el documento
sostiene, además, que para una familia de bajos recursos los costos
de un estudiante en un colegio público de cuatro años representan
el 71% de los ingresos; en tanto es de 19 y 5 para núcleos de
medianos y altos ingresos, respectivamente. Amplía la información
con otro revelador dato: el 25% de los alumnos con menos
posibilidades y calificados académicamente, no pide entrar al
college; y si los costos siguen en la línea de los ascensos y la
ayuda financiera hacia abajo como parece vislumbrarse en el
horizonte educativo próximo, miles de jóvenes hispanos dirán
definitivamente adiós a la educación superior, poniendo frenos a
su productividad y futuro liderazgo en ese país, asegura el
informe.
Dos ejemplos pueden
ilustrar: los estudiantes de pregrado de la Universidad
Internacional de la Florida y Florida Atlantic University pagan en
este año lectivo 8,5% más que en la etapa precedente, y el
incremento de los posgrados alcanza el 15%.
Por cada $1 000 que
aumenta la matrícula anualmente, del 6 al 8% de la población
hispana pierde acceso a la educación superior. Los hispanos
representan el 18% de la población con edad de college; sin
embargo, solo conforman el 9,5% de los estudiantes inscritos, según
el informe. A ello se le suma que el 30% de los niños latinos vive
en la pobreza.
Súmese al incierto
porvenir universitario que menos recursos traerán no solo
aparejados la disminución de ingresos de nuevos estudiantes, sino
también, mayor cifra de alumnos por aula, menor posibilidad de
comunicación individual con los docentes y una picada en el número
de profesores y de asignaturas a recibir, explican expertos en
educación de ese país.
LA NACIÓN COMO UNA
GRAN UNIVERSIDAD
No abundan en el mundo
proyectos sociales como el cubano; y el ejemplo, en contraposición,
enorgullece. Si el informe en cuestión plantea que el sistema
educativo superior de esa poderosa nación se halla en crisis y le
es difícil absorber las necesidades del incremento en el número de
inscripciones universitarias, y la amenaza del permanente recorte de
fondos federales y estatales, la perspectiva de la Isla es distinta.
Cuba, país pobre en
recursos financieros, ha dado respuesta a esa necesidad a partir, en
primer lugar, de las posibilidades que brinda su sistema social que
tiene en la más alta prioridad la elevación constante de la
cultura del pueblo como pivote de la riqueza espiritual y material
de la nación.
Porque hay que decir que
es grande lo que se cuece y mayor lo que se gesta. Si hoy el país,
en el fragor de la Batalla de Ideas, lleva a las aulas de la
enseñanza superior a más de 161 000 jóvenes, el futuro se avizora
con pleno acceso, empleando para ello las fortalezas del proceso de
universalización, que tiene su expresión en trasladar las aulas
universitarias a municipios, localidades y bateyes.
Es decir, la mirada no
descarta ni la casa ni la fábrica como núcleos docentes, porque lo
fundamental es dar al ser humano posibilidades y oportunidades por
igual, en una práctica que hace real el concepto de toda justicia
social. Etapa retadora y hermosa, la calificó un maestro.
Hay que ver cuánto se
ha hecho y en poco tiempo. Vayamos a los orígenes de esta
revolucionaria etapa, cuando en septiembre del 2002 se inició el
Programa de la universalización y con ella trascendentales cambios,
permitiendo el ingreso a la educación superior a los miles de
jóvenes incorporados a los nuevos Programas de la Revolución y
significando también la extensión del acceso a la educación
superior a sectores sociales de la población a los cuales resultaba
más difícil el ingreso, pues el nuevo Programa facilita una
segunda oportunidad de estudio para aquellos que, en su momento, no
quisieron, no pudieron, o no tuvieron condiciones para elegir esa
opción.
Para viabilizar el
anterior propósito surgieron novedosas ideas como los Cursos de
Superación Integral para jóvenes que habían abandonado los
estudios, a los cuales se han incorporado en muy poco tiempo más de
107 000 alumnos, donde reciben la preparación necesaria para
actualizar sus conocimientos y estar en condiciones de acceder a
estudios superiores. Con esta iniciativa se implantó también el
estudio como una modalidad de empleo, pues estos jóvenes reciben un
salario mientras adquieren nuevos conocimientos. De ellos, más de
28 000 ya son estudiantes universitarios.
Complementan este
Programa en la búsqueda de hacer efectivo el derecho de todos a
modelar su talento la presencia en las aulas universitarias de más
de
9 000 trabajadores azucareros, provenientes de un destacamento
constituido por más de 60 000 que tienen el estudio como opción de
empleo; la ampliación de los cursos para trabajadores que se
mantienen en sus ocupaciones, con beneficios garantizados en las
leyes laborales, y la enseñanza a distancia, asistida con
profesores, tutores, videoconferencias y computadoras, modalidad de
mucho futuro en tanto vía principal por la que se extienda el
acceso a la educación superior.
A estas alturas del
2004, el curso escolar logra similar matrícula a la de 1986-1987,
cuando la Universidad tradicional alcanzó récord histórico con
310 000 alumnos.
Pero hay entre ambos
periodos una diferencia rotunda. El crecimiento ahora es portador de
una nueva cualidad: la nación entera se vuelve una casa de altos
estudios con amplio acceso para quienes proceden de los más
disímiles estratos sociales, está presente en cada municipio con
un sentido de pertenencia que echa raíces, va en busca de resolver
los propios problemas del territorio, posibilita incrementar su
fuerza profesional, formar sus cuadros y desarrollar el potencial
científico-técnico.
Agréguese que pueden
multiplicarse indefinidamente las aulas al rebasar los espacios
intramuros, y que la fuerza docente mayoritaria que participa en el
Programa son las decenas de miles de universitarios graduados por la
Revolución, una legión que tributa conocimientos desde la teoría
y la práctica, a la vez que adquiere y eleva la maestría
pedagógica para impartir cada materia.
La Universidad nueva que
echa sus raíces en Cuba no es tarea de un curso o dos, ni de este o
aquel organismo. Se trata de aunar fuerzas en una integración que
dé respuesta revolucionaria a los problemas y que centre en el
estudiante el modelo pedagógico. Ello se asienta en principios
básicos de nuestro sistema educacional que garantizan pleno acceso
a las aulas de todos los ciudadanos, el deber del Estado de asegurar
este derecho, la gratuidad de todos sus servicios, la calidad y
carácter científico de la enseñanza, basada en los más modernos
métodos para el aprendizaje.
En busca de perfeccionar
la formación de los profesionales, se introducen procedimientos que
enriquecen y activan la participación del alumno y profesor,
moderna base material de estudio y se amplían asignaturas para
alcanzar una cultura general integral.
La calidad de la
universalización depende de la masividad, destinada a preparar
profesionales que contribuyan a transformar la sociedad del futuro
frente a los retos que impone la modernidad. "La calidad para la
minoría no tiene ningún sentido social", afirmó recientemente un
alto funcionario cubano del Ministerio de Educación Superior.
El reto está,
precisamente, en ampliar de manera gradual el acceso hasta hacerlo
pleno y satisfacer con racionalidad las necesidades educativas que
se presenten.
POSIBILIDAD Y
OPORTUNIDAD
Obsérvense las cifras
que materializan la Educación Superior en el Programa de la
universalización: 774 sedes municipales (asentadas la mayoría en
escuelas de otras enseñanzas y haciendo uso de los mismos recursos
puestos en ellas por la Revolución), y 44 carreras universitarias
para muchachos que proceden de las filas de maestros emergentes,
profesores generales integrales de secundaria básica, de
Computación, Cursos de Superación Integral para Jóvenes,
trabajadores sociales, enfermeros, técnicos de la Salud,
trabajadores del Azúcar y cuadros de organizaciones políticas y de
masas.
A cada quien, lo suyo;
sin exclusiones. Todos hacia la posibilidad y oportunidad de un
aprendizaje a lo largo de la vida. Todos juntos en la aspiración de
convertirnos cada vez más en un pueblo culto.
Y ante ese propósito
que nos engrandece como seres humanos, vale reflexionar en que el
mérito histórico de este pueblo está en cómo ha resuelto cada
desafío. En su capacidad de soñar. En la voluntad de hacer
posibles las esperanzas. |