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Limonar, dulce
poesía, ácido verso
ANTONIO PANEQUE
BRIZUELA
Ora caminando con la
vista baja, los brazos a lo largo del cuerpo, ora deletreando entre
labios el verso que no acaba de completar la estrofa, el
improvisador se mueve por el escenario frente a los músicos,
detrás de su oponente ante el micrófono, y delata un torrente de
nervios del cual, finalmente, se desprende, dulce, la poesía
encargada a la inspiración del momento, o el chiste en rima,
ácido, fabricado al momento contra el adversario. Pero el
repentista tiene que saber afilar su verso para que corte sin que
mane sangre.
Así es siempre la
canturía, pero esta vez lo fue más porque se discutió el ganador
del IX Concurso anual de Jóvenes Improvisadores y los 16
contrincantes de todo el país no perdieron una sola sílaba de lo
que cantó el otro, mediante versos de sorprendente contemporaneidad
como estos de Yoslay García (Matanzas, segundo lugar) cuando se
preguntó cómo sería el mundo "Si al corazón de la guerra / le da
un infarto de paz...".
Cuatro plazas matanceras
(El Marino, el círculo social de la Reconstructora de Ómnibus, la
Casa de Tomasita Quiala, en la capital provincial, y la Casa
Naborí, en Limonar, donde se decidió el ganador) fueron este final
de marzo sedes competitivas del evento en memoria de Francisco
(Chanchito) Pereira, brillante antecesor de estos muchachones (hasta
35 años) cuyo formato acompañante, ambientación festiva y de
creación alrededor de la espinela rememoran las descripciones de
Martí en La bailarina española: "El alma trémula y sola...".
Personaje de hablar
filosófico, sicológico, orgulloso hasta la octava sílaba y el
décimo verso, de inteligencia superior a la media según
investigaciones científicas, no todos saben, sin embargo, que el
repentista es también una persona de humanismo, ética y
sensibilidad poco comunes. Así, tras actuar los ocho finalistas y
declararse ganador del concurso a Yordanis Romaguera (Matanzas, por
tercera vez), seguido por Yoslay, Aramís Padilla (La Habana, tercer
puesto) y Noel Sánchez (cuarto, Matanzas), todos se unen para
abrazar el triunfo del campeón.
Y cuando Yordán
Quintero, ganador del Premio a quien mejor cantó las décimas, y
Félix Castellanos, Premio a la Simpatía y a la Creatividad y
revelación del certamen, se enrolaron en una controversia
humorística que se extendió por tres días de competencia y
empleó tanto armas "convencionales" como "estratégicas", el
respeto al prójimo y la camaradería superaron cualquier diatriba
radiactiva.
El evento organizado por
la Casa Naborí, gestora de este tipo de encuentros junto a la Casa
Iberoamericana de la Décima de Las Tunas, con Justo Vega (Jornada
Cucalambeana), acertó en sus propuesta y alcance.
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