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Confrontaciones
ANDRÉS D. ABREU
No es muy frecuente en
otras manifestaciones artísticas, pero en el caso de la danza es
común encontrar autores que consideran a cada una de sus obras como
un eterno proceso de creación, confrontable con el espectador (ya sea
más o menos crítico), incluso, desde sus primeras horneadas para
luego continuar forjándolas entre paso y paso por los distintos
escenarios.
Chris Elam en Tin Man.
Uno de esos autores que
así piensa y actúa es la coreógrafa y bailarina Rosario Cárdenas,
quien nuevamente dio fe de esta filosofía al presentar en un espacio
informal y ante críticos, periodistas, estudiantes y otros
especialistas de las artes escénicas, la versión revisada de su
pieza Ouroboros y su más fresca producción, El ascenso.
Obras que propiciaron un intenso intercambio de opiniones donde no
solo se abordaron los dos procesos mostrados y los evidentes
replanteamientos estéticos de Rosario y su compañía Danza
Combinatoria, sino que también alentaron un debate más general
acerca de la danza cubana y mundial, en fecha tan cercana a las
jornadas de los Días de la Danza (del 23 de abril al 9 de mayo).
En otro orden, el pasado
fin de semana, DanzAbierta aprovechó la no convencionalidad que
caracteriza al 9no. piso del Teatro Nacional para presentar allí el
resultado de un taller impartido a esta compañía por Chris Elam,
coreógrafo y director de la exitosa agrupación neoyorquina Mismoner
Dance Theater, junto a una obra creada también para la compañía
cubana por otro artista norteamericano, el coreógrafo Bryan Jeffery.
El programa de
confrontación de estas nuevas experiencias comenzó con 80 dedos,
obra que fructificó del intercambio entre los "danzabiertos"
y el interesante tratamiento del cuerpo y del movimiento que
caracteriza a Elam, un sistema que lleva al bailarín a asumir una
mecánica del cuerpo semejante a un móvil no humano. Esta singular
técnica en la que se basa el Mismoner Dance Theater tuvo después una
sólida demostración en el solo Tin Man, pieza ejecutada por
el propio coreógrafo, quien impactó por su exigente dominio corporal
en busca de una expresión plástica, que a su vez, rompe con el
natural hedonismo que habitualmente caracteriza al corpus danzario.
Estas bases, recreadas con
la cubanía de los miembros de DanzAbierta, dieron matices de
divertimento a 80 dedos, obra que además fue rectificándose
de función a función, demostrando la capacidad de este colectivo
danzario cubano para amplificarse desde el experimento creativo.
Para finalizar las noches
del 9no. piso apareció Fly Away y el tema de la evasión visto
desde un intimista juego con el vestuario como símbolo. Un trabajo
elaborado con mayor amplitud temporal por Bryan Jeffery y que se
estructura sobre técnicas contemporáneas más convencionales de
forma y discurso conceptual, aunque algo distantes del estilo que
caracteriza a la compañía fundada por Marianela Boán.
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