Cuando se quiere de veras...

GUILLE VILAR

Minutos antes de dar inicio a la interpretación en vivo de la banda sonora de Suite Habana a cargo de Edesio Alejandro en la sala Charles Chaplin, Orlando Vistel, vicepresidente del Instituto Cubano de la Música, expresó el regocijo de los músicos por el arribo del ICAIC a su cuadragésimo quinto aniversario, significativa institución cultural que desde sus inicios asume el desarrollo del lenguaje musical como una necesidad expresiva de la imagen.

Foto: RICARDO LÓPEZEste fue el marco propicio para reconocer a destacados músicos en esta fraternal relación de hermandad con el cine como Juan Blanco, Leo Brouwer, Carlos Fariñas, Manuel Valera, Sergio y Jose María Vitier, Mario Romeu, además del imprescindible aporte del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, dirigido por Brouwer. Filmes como Lucía, de Humberto Solás; El brigadista, de Octavio Cortázar; Retrato de Teresa, de Pastor Vega, están marcados por la huella de la música que contienen, pero en el caso de Suite Habana, no habían antecedentes en cuanto a su papel protagónico.

El propio Edesio, quien tiene en su haber la música de 49 películas, confesó a Granma que en un principio no le resultó nada fácil encontrar el camino para recrear este filme sin diálogo alguno entre sus protagonistas. "No se trata de estar en la cuerda del acento épico de Koyasnisqatsi porque en Suite Habana predomina un tono suave, mas bien reflexivo", afirmó el reconocido compositor.

Después de sesiones de 14 y 16 horas de trabajo junto al también músico Ernesto Cisneros, además de la presencia de Fernando, llegó a la conclusión de no limitarse a un tipo de música en específico y utilizar tanto música electrónica como concreta, electroacústica y la instrumental. En tal sentido, los efectos de la banda sonora han sido creados o procesados electrónicamente para, junto a la música, poder alcanzar una atmósfera de íntima complicidad con las imágenes y hacernos comprender el rango de la emoción a la cual se ha enfrentado como creador.

Si bien es cierto que los cubanos valoramos apasionadamente los productos cinematográficos de factura nacional, en Suite Habana dicha sensación se acentúa notablemente porque se trata de un sentido canto de amor a quienes vivimos las implicaciones de la cotidianidad en un país que no renunciará al sueño de un futuro mejor para todos. Si conmovedoras resultan las escenas de Francisquito y su padre, nos colma el orgullo por reconocernos en la voluntad del trabajador del ferrocarril, en la del médico o en la del bailarín por convertir cada amanecer en una lucha por el derecho a existir. De las logradas escenas con canciones de Sindo Garay o de Silvio Rodríguez, la más impactante es aquella en donde se escucha el Quiéreme mucho, de Gonzalo Roig interpretado por Omara Portuondo mientras una sinfonía de blancas olas rompen con la mayor fuerza en nuestro querido malecón, la esencia definitoria de este filme de Fernando Pérez.

Aunque es la primera vez que Edesio Alejandro realiza este tipo de concierto como un DJ que en vez de usar placas de acetato emplea la información almacenada en computadoras, espectáculos como este constituyen un homenaje a la altura de lo que significa el cuadragésimo quinto aniversario del ICAIC para nuestra cultura.

 

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