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Cuando se quiere de
veras...
GUILLE VILAR
Minutos
antes de dar inicio a la interpretación en vivo de la banda sonora
de Suite Habana a cargo de Edesio Alejandro en la sala
Charles Chaplin, Orlando Vistel, vicepresidente del Instituto Cubano
de la Música, expresó el regocijo de los músicos por el arribo
del ICAIC a su cuadragésimo quinto aniversario, significativa
institución cultural que desde sus inicios asume el desarrollo del
lenguaje musical como una necesidad expresiva de la imagen.
Este fue el marco
propicio para reconocer a destacados músicos en esta fraternal
relación de hermandad con el cine como Juan Blanco, Leo Brouwer,
Carlos Fariñas, Manuel Valera, Sergio y Jose María Vitier, Mario
Romeu, además del imprescindible aporte del Grupo de
Experimentación Sonora del ICAIC, dirigido por Brouwer. Filmes como
Lucía, de Humberto Solás; El brigadista, de Octavio
Cortázar; Retrato de Teresa, de Pastor Vega, están marcados
por la huella de la música que contienen, pero en el caso de Suite
Habana, no habían antecedentes en cuanto a su papel
protagónico.
El propio Edesio, quien
tiene en su haber la música de 49 películas, confesó a Granma
que en un principio no le resultó nada fácil encontrar el camino
para recrear este filme sin diálogo alguno entre sus protagonistas.
"No se trata de estar en la cuerda del acento épico de Koyasnisqatsi
porque en Suite Habana predomina un tono suave, mas bien
reflexivo", afirmó el reconocido compositor.
Después de sesiones de
14 y 16 horas de trabajo junto al también músico Ernesto Cisneros,
además de la presencia de Fernando, llegó a la conclusión de no
limitarse a un tipo de música en específico y utilizar tanto
música electrónica como concreta, electroacústica y la
instrumental. En tal sentido, los efectos de la banda sonora han
sido creados o procesados electrónicamente para, junto a la
música, poder alcanzar una atmósfera de íntima complicidad con
las imágenes y hacernos comprender el rango de la emoción a la
cual se ha enfrentado como creador.
Si bien es cierto que
los cubanos valoramos apasionadamente los productos
cinematográficos de factura nacional, en Suite Habana dicha
sensación se acentúa notablemente porque se trata de un sentido
canto de amor a quienes vivimos las implicaciones de la cotidianidad
en un país que no renunciará al sueño de un futuro mejor para
todos. Si conmovedoras resultan las escenas de Francisquito y su
padre, nos colma el orgullo por reconocernos en la voluntad del
trabajador del ferrocarril, en la del médico o en la del bailarín
por convertir cada amanecer en una lucha por el derecho a existir.
De las logradas escenas con canciones de Sindo Garay o de Silvio
Rodríguez, la más impactante es aquella en donde se escucha el Quiéreme
mucho, de Gonzalo Roig interpretado por Omara Portuondo mientras
una sinfonía de blancas olas rompen con la mayor fuerza en nuestro
querido malecón, la esencia definitoria de este filme de Fernando
Pérez.
Aunque es la primera vez
que Edesio Alejandro realiza este tipo de concierto como un DJ que
en vez de usar placas de acetato emplea la información almacenada
en computadoras, espectáculos como este constituyen un homenaje a
la altura de lo que significa el cuadragésimo quinto aniversario
del ICAIC para nuestra cultura.
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