|
Oficio exclusivo de las montañas
Texto y foto: PEDRO
MORA
BAYAMO.—
Acompañado solamente por el sonido del cencerro, el arriero y sus
arrias rompen la tranquilidad de días y noches en las montañas.
Andan bajo la lluvia o el sol con su carga por los caminos, y nada
los detiene.
Ignorando los
inconvenientes de los lugares donde ni siquiera existen trillos,
acarrean productos y solucionan un antiguo problema de las
serranías convirtiéndose en un fiel aliado del progreso
económico, político y social de esos lugares. Él es un amigo
siempre esperado en asentamientos y viviendas aislados.
Indiscutiblemente el
arriero realiza un oficio necesario porque, aunque numerosas vías
de comunicación han surgido en estos años de Revolución, muchos
lugares continúan siendo inaccesibles como consecuencia de las
pronunciadas pendientes propias de esta topografía montañosa.
Entonces, el hombre con
sus bestias desempeña una función fundamental en la cosecha
cafetalera, el traslado de cacao, frutos, el abastecimiento a
bodegas, farmacias, y llevando equipos para desarrollar la
educación, la salud y otros programas de la Batalla de Ideas.
Pero si hablamos de
historia tenemos necesariamente que recordar el considerable aporte
de estos laboriosos hombres al Ejército Rebelde, cargando
pertrechos militares, heridos, comestibles, y comunicando
trascendentales mensajes entre guerrilleros.
Por esa y otras razones
el arriero y su arria forman parte indisoluble de la vida de la
Sierra Maestra, motivos por los cuales el Centro Provincial de
Patrimonio decidió distinguir el quehacer de este personaje
típico. El pasado año tuvo lugar en Buey Arriba, provincia de
Granma, el primer encuentro de arrieros, y actualmente en los
espacios culturales de los municipios montañosos desarrollan
desfiles y competencias en las que ellos revelan su cultura.
Lourdes Carbonell
Hidalgo, directora de esa entidad en Granma, argumenta que con ese
tipo de evento se le rinde homenaje a una actividad necesaria para
el medio, y que cada año se repetirá en la provincia.
El universo espiritual
de los arrieros, explica, analizado allí aparece transparentado por
las historias fantásticas que la fabulación es capaz de producir
ante los fenómenos naturales. Es así cómo proliferan las leyendas
de "aparecidos", nacidas en estos hombres durante muchas
horas de camino con la sola única compañía del sonido del arria.
Precisa que no son menos
frecuentes las anécdotas de bandidos, de hombres fuera de la ley
surgidos muchas veces de su propia imaginación, y que se reiteran
en los distintos territorios.
Este tipo de encuentro,
agrega, ha facilitado además conocer las peculiaridades de la
relación de estos hombres con el entorno de la serranía, en primer
lugar con la crecida de los ríos, las enfermedades de los animales
y sus formas naturales de curación donde lo maravilloso es
cotidiano.
Ver al arria recorrer el
paisaje de las montañas atravesando cafetales y venciendo lluvias,
vientos, ríos, arroyos y cañadas, es un mensaje de vida creadora,
de los frutos del trabajo en cosechas y de la comunicación con el
resto del país y el mundo.
Forma parte del
inventario que se crea del llamado patrimonio intangible, un desvelo
del hombre moderno para preservar su cultura inmaterial, de la que
Cuba tiene mucho que presentar, considera la licenciada Lourdes
Carbonell, directora del Centro Provincial de Patrimonio.
El primer encuentro de
arrieros, celebrado el pasado año en Buey Arriba, reunió a 25 de
estos creativos y laboriosos hombres de ese municipio y de
Bartolomé Masó, Guisa y Media Luna. En colectivo midieron las
habilidades en el dominio del animal y las aptitudes en el manejo de
altos volúmenes de cargas.
El Centro Provincial de
Patrimonio ya libró la convocatoria para el segundo, denominado Los
arrieros y las fabulaciones serranas, previsto para los días 25
y 26 de junio, al cual han sido invitados promotores culturales,
especialistas, y otros interesados en el tema, pertenecientes a
zonas del Plan Turquino Manatí de todas las provincias cubanas.
Como reconocimiento de
la sociedad a estos incansables conductores de cargas sobre el lomo
de las bestias, cada 28 de junio en las montañas granmenses
celebrarán el Día del Arriero, espacio propicio para rendir
homenaje a quienes con su modesta labor ya forman parte de la
cultura de la indómita Sierra Maestra. |