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Despertar
ROLANDO PÉREZ
BETANCOURT
Estar
despierto hoy día frente a una bola del mundo que no cesa de girar
con su sostenido equilibrio de peligros se ha convertido en un reto de
altísima responsabilidad.
Es cierto que, desde que
el mundo es mundo, esos peligros no han faltado y frente a ellos se
han manifestado artistas de todas las épocas con un adelanto y
lucidez que quedaron inscriptos en el tiempo para gratitud de futuras
generaciones.
Bastaría con citar a
Chaplin y su Adenoid Hynkel, aquel remedo de Adolfo Hitler aparecido
en El gran dictador, un filme sobre la estupidez humana dado a
conocer en 1940, pero ya elaborándose desde finales de la década
anterior. La imagen de Chaplin como Hynkel, pateando juguetón un
globo terráqueo, fue una llamada de anticipación que muchos captaron
en tiempos en que todavía el nazismo podía mantener "mareada" alguna
que otra mente en el campo de la creación. Un "mareo" a pequeña
escala como también hoy lo pueda haber en el ámbito de la hegemonía
planetaria sustentada por otro Adenoid Hynkel que, de este lado del
Atlántico, seguramente algún día también merecerá "su película".
Cierto que algún que otro
cineasta del alto Hollywood, al compás de las cornetas patrioteras
exaltadas tras el 11 de septiembre del 2001, se dejaron engatusar por
el pedido de la Casa Blanca y filmaron historias de "tan alto vuelo
ennoblecedor" como aquella Boinas verdes que, a principio de
los sesenta, realizara el símbolo John Wayne para justificar la
agresión a Vietnam. Pero otros no solo se negaron y arremetieron
contra las intenciones de publicitar una invasión, sino también que
elaboraron respuestas tan sonadas como Bolos en Columbine, el
filme de Michael Moore.
Una participación activa
de la inteligencia norteamericana que se incrementa por día y que va
desde los más serios trabajos reflexivos de sus intelectuales hasta
la cáustica ocurrencia del actor Sean Penn cuando en la entrega del
último premio Oscar ÄÄestatuilla en manoÄÄ relacionó la pérdida
de algo con las armas de destrucción masiva tantas veces anunciadas
en Iraq y nunca encontradas.
Invasión aquella que en
esa España hoy en primer plano, encontró la repulsa de un pueblo y
también de los intelectuales, con el mundo del cine a la cabeza.
Algunos peleadores de
siempre en el campo de la inteligencia, como el francés Pierre
Bordieu ("la liberación del hombre es posible mediante el
conocimiento"), murieron tras dejar a la humanidad un caudal
incalculable de señas.
Otros nacen, crecen y se
desarrollan en medio de esta gran provocación devoradora que es el
mundo de hoy.
No es tiempo para siestas,
comprenden.
O como escribiera el poeta
Rilke en su etapa de creación más concisa: "Aquel que ha despertado,
es un soñador para los que todavía duermen".
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