A 44 años de la explosión de La Coubre

Historias repetidas

LOURDES PÉREZ NAVARRO

Estaba a bordo del barco, en el puente cuatro, zafando unos cables. Entonces era tonelero de la Compañía Trasatlántica Francesa. Desde media mañana La Coubre, navío con bandera francesa, había atracado en el muelle de la Pan American, en el puerto de La Habana.

La explosión de La Coubre trajo destrucción y muerte.

Transcurría apacible la mañana del cuarto día del mes de marzo de 1960. Primero desembarcaron las 45 toneladas de proyectiles. Cerca de las tres de la tarde solo faltaban por descargar las 30 de granadas de fusil Fal contra tanques y antipersonales, ubicadas en la bodega cinco. Era el primer lote de armamentos con su parque que adquiría la Revolución; procedía de la industria nacional belga, a pesar de las presiones que el cónsul de los Estados Unidos y un attaché militar de la embajada de ese país habían realizado sobre la fábrica de armas y el Gobierno de Bélgica.

"De pronto un estruendo tremendo: todo se llenó de humo y fuego, pedazos de hierro volaban, explosiones continuas, el barco se partió en dos... la sangre me corría por la cara, tenía partida la frente y atrás, en la cabeza; el pecho y las piernas quemadas..."

No obstante sus 75 años, René Oliver Mesa recuerda aquel funesto día. "Busqué una salida y caí de cabeza por la escalerilla. Ya en tierra, me metieron en un carro y me llevaron para el Hospital de Emergencias, y no supe nada más".

Pero Orlando García Díaz sí pudo ver. Con apenas 23 años era el delegado de carga de camiones. "Faltando cinco minutos para las tres de la tarde, me doy cuenta de que en la nave dos había dos camiones sin cargar, y para allá me fui con los choferes. Pasamos por el flanco derecho de una rastra que estaba entre las naves uno y dos, coincidiendo con la bodega cinco que descargaban. Del otro lado, de frente al barco, estaban unos camioneros.

"En cuanto entramos a la nave sonó el primer bombazo,... Caímos todos abrasados, el techo había volado y veía pedazos de hierro en el aire, oí muchas explosiones chiquitas, como si fueran balas explotando. Cuando fue amainando salimos corriendo entre el humo. A los que estábamos en la nave no nos pasó nada, pero los de la rastra desaparecieron; de ellos no quedó nada.

Foto: RICARDO LÓPEZ HEVIAOrlando y René narran sus amargas vivencias.

"Corrí a mi casa para que supieran que estaba bien y regresé a ayudar, no demoré más de media hora. Afuera decían que Fidel estaba allí. De pronto se sintió un temblor, la gente corría y gritaba: Va a explotar, y ocurrió la segunda explosión. Allí murieron más de cien personas: estibadores, policías, miembros del Ejército Rebelde, choferes, trabajadores de la Marina Mercante, de la Pan American, de la Compañía Trasatlántica Francesa, de la Aduana, y gente que socorría a las víctimas de la primera explosión, también seis tripulantes de La Coubre.

"Fue un sabotaje, un acto terrorista. Se comprobó que era imposible que fuese un accidente, y había gente interesada en que esas armas no cayeran en nuestras manos, no querían que defendiéramos nuestra soberanía."

¿Por qué?

Las agresiones que el imperialismo empezó a desatar sobre nuestro pueblo —aseguró el General de Ejército Raúl Castro en la conmemoración del tercer aniversario de la explosión de La Coubre— no fueron contra el socialismo o el comunismo, fueron contra las primeras y elementales medidas revolucionarias aplicadas por un pueblo que acababa de llegar al poder.

Durante el sepelio de las víctimas Fidel preguntaba: "¿Por qué ese interés en que no adquiramos medios para defendernos? ¿Es que acaso pretenden intervenir en nuestro suelo? Nuestro pueblo no puede constituir ningún peligro militar para otro país, la fuerza de nuestra Revolución no está en su fuerza militar, sino en su tremenda fuerza moral, en su tremendo ejemplo para los pueblos hermanos, para nuestros hermanos de raza, esclavizados y explotados en toda la América Hispana".

"¿Quién dijo que desembarca aquí nadie?", preguntó y añadió: "Estamos ya los cubanos bastante grandecitos en materia de patriotismo y en materia de civismo para que vayan a usarse contra nosotros esas insinuaciones... ¡Cómo si los cubanos no fuéramos a resistir cualquier desembarco, de cualquier tropa que intente doblegar a nuestro pueblo!"

Y agregó: "Quien haya observado al pueblo en el día de ayer... quien lo haya visto avanzar hacia aquel hongo sin saber de qué se trataba, puede estar seguro de que nuestro pueblo es un pueblo en condiciones de defenderse, capaz de avanzar hasta contra los hongos de las bombas nucleares".

"Y no solo que sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer a cualquier agresión y que nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con que iniciamos la lucha revolucionaria, la de la Libertad o la Muerte; solo que ahora Libertad quiere decir algo más todavía, Libertad quiere decir Patria, y la disyuntiva nuestra será: Patria o Muerte."

Han pasado 44 años y hemos visto repetirse la historia: sabotajes contra centros de producción y de servicios, piratería contra instalaciones costeras, poblaciones, embarcaciones y naves mercantes, acciones que han cobrado múltiples vidas y ocasionado millonarios daños económicos.

Mientras, los autores pregonan sus amenazas de intervención y sus intenciones de derrocar a la Revolución. Así lo dijo en reciente entrevista en un canal televisivo en Miami el connotado terrorista Orlando Bosch, al asegurar que esto es una guerra (contra Cuba), y lo mismo da explotar un avión que un submarino.

Sabotajes, terrorismo... historias repetidas.

 

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