LOS ANGELES, 4 de marzo (PL).—
Trabajadores agrícolas del estado norteamericano de la Florida
acusaron a la empresa Taco Bell de practicar una esclavitud moderna,
informó hoy el diario La Opinión.
Más de un centenar de trabajadores
marcharon durante una semana frente a la sede de esa empresa en el
estado de California, en demanda de mejores condiciones laborales.
"Los negocios de Taco Bell
están contribuyendo a un tipo de esclavitud moderna, en una
explotación que debió desaparecer hace mucho tiempo", dijo el
líder campesino Lucas Benítez, uno de los coordinadores del
"Recorrido de la verdad de Taco Bell 2004".
En el último tramo de la marcha, de
más de 50 kilómetros desde el este de Los Ángeles al condado
Orange de California, se sumaron a la protesta otros cientos de
estudiantes, campesinos de este estado, agrupaciones religiosas y
miembros de organizaciones civiles.
Taco Bell es uno de los principales
compradores de tomate de Florida en la nación, indicó Julia
Perkins, una activista de derechos civiles que colabora con la
Coalición de Trabajadores de Inmokalee (CIW), la organización que
marchó desde Florida.
Lucas Benítez indicó que "la
gente debe saber que nos están pagando unos 40 dólares por semana
en los casos más extremos, pero todos los trabajadores del campo
estamos viviendo condiciones de explotación en Estados Unidos en el
presente siglo XXI".
"Actualmente nos pagan 40
centavos de dólar por cubeta de tomates cosechados, esto quiere
decir que para poder reunir unos 50 dólares tenemos que levantar
dos toneladas de tomate", dijo Benítez.
"Pero eso no es todo...de lo
poco que ganamos nos descuentan rentas, nos descuentan hasta el
agua, nos tienen trabajando vigilados con guardias de seguridad
armados que han llegado a golpear compañeros, amenazándolos de que
si acuden a las autoridades se van a vengar", señaló.
Benítez, ganador del premio Robert
Kennedy de los Derechos Humanos de 2003, dijo que han
"investigado casos de trabajadores golpeados, amenazados con
armas de fuego, golpeados en la cara con pistolas y de otras a
quienes han amenazado con cortarles la lengua si denuncian".
La empresa, sin embargo, ha dicho que
se trata de un asunto entre los campesinos y las compañías que los
contratan y que ellos no tienen injerencia directa en el asunto.
Los trabajadores de la CIW, en su
mayoría guatemaltecos, mexicanos y haitianos, han encontrado la
solidaridad de organizaciones estudiantiles hispanas que se sumaron
a la marcha.