|
Venezuela no quiere
tempestad
Pastor
Batista,
Enviado especial
CARACAS.— Soñaron los
violentos tal vez con más tempestad. Pero excepto alguna que otra
lejana y aislada cacerola (quien sabe si rechazando precisamente la
violencia) y la ya "habitual" pataleta de grupúsculos
opositores en los barrios de Chacao, Hatillo y Baruta, la ciudad
mantuvo, después del veredicto ayer del Consejo Nacional Electoral
(CNE), un sosiego que desespera a los cazadores de revueltas.
Evidentemente, no
tuvieron en cuenta el río humano que este 29 de febrero desbordó
autopistas, avenidas e inundó el Jardín Botánico, procedente de
todos los puntos cardinales... el mismo torrente que ha plantado
huellas siete veces a favor del liderazgo natural y popular del
presidente Hugo Chávez.
Caracas está
conciliando el sueño más tranquila. Debe ser porque —a
diferencia de los rumores que alguna lengua vomita— el suministro
de alimentos, de combustible, la educación, la salud, otros
servicios, los programas de amplio beneficio social y la vida,
continúan su curso, mientras algunos se empeñan, con creciente
afán de ganar espacio en cámaras de TV y primeras páginas de
periódicos, en tirar cuatro piedras y quemar neumáticos para
satisfacer la demanda de imágenes sobre violencia de los "aguerridos
opositores".
Caracas —y Venezuela
toda— hoy saben mucho más de números, de letras y de ideas. Por
eso los aritméticos y preliminares resultados ofrecidos
transparentemente por el CNE este martes, han dejado el derecho a
una sensación de alivio en la inmensa mayoría.
Ayer, en fin, mientras
los cabecillas de la oposición seguían tratando de organizarse (se
habla de otra "marcha" contra Chávez) y empujando desde atrás a
que otros caigan al vacío, la mayoría de los venezolanos
comprendían mucho mejor que no hay estado de excepción en el
país, que se mantienen inalterables las garantías para la
seguridad ciudadana, y que, más allá del "pataleo" de los
escuálidos, alguna mano externa atiza con dólares el fuego.
|