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Los siempre insomnes pescadores de Caimar
Jorge
Luis Merencio Cautín
GUANTÁNAMO.— Rodolfo
Rosell Salas, uno de los trabajadores cubanos asesinados por marines
de la Base Naval yanki en Guantánamo, estaría orgulloso de su
colectivo: la cooperativa pesquera de Caimanera, una de las primeras
creadas por la Revolución.
Las capturas se realizan hoy en zonas bajas.
Los resultados
productivos de la entidad (identificada hoy con el nombre de Unidad
Empresarial de Base Caimar), el creciente bienestar de sus
integrantes y su patriotismo a toda prueba, fueron metas con las que
soñó el humilde pescador.
Hace tiempo que este
centro exhibe los mayores logros entre los cuatro dedicados a la
pesca en Guantánamo, y por sus avances integrales en los últimos
seis años ha sido sede del acto provincial por el 8 de abril, Día
del Trabajador de la Pesca.
La obtención el año
pasado de la bandera de Vanguardia Nacional del Sindicato de
Trabajadores de la Marina Mercante, Puertos y Pesca, constituye el
mejor homenaje del colectivo a la memoria de Rodolfo Rosell,
fundador de la cooperativa en 1959.
Una muestra de la labor
de Caimar la aporta el no distante 2003, año en que sus pescadores
extrajeron 261,9 toneladas de especies de escamas y jaibas de 220
previstas.
La existencia del ilegal
enclave naval mantenido por el Gobierno de Estados Unidos en contra
de la voluntad de Cuba, limita la zona de actividad de estos
pescadores, de ahí que adquiera más valor aún la contribución
que hacen a la alimentación del pueblo.
La usurpación de la
mejor área de la bahía obliga a los pescadores de Caimar a
realizar sus capturas en zonas más bien bajas, limitadas en cuanto
a abundancia y calidad de los peces.
Esa adversidad, el
colectivo la mitiga con el incremento de las horas y los días de
pesca planificados, y el esfuerzo de hombres como Rodolfo Vázquez y
Modesto Couto, pilares en el taller de mantenimiento y reparación
de las vetustas embarcaciones.
Explica el jefe de
producción Roberto Marcial que los pescadores laboran 28 días al
mes como promedio, de 20 planificados, y que esa actitud ante el
trabajo es determinante en el incremento de las capturas.
Aunque el mayor por
ciento de pesca lo aporta la sardina Boquerón, argumenta, otras
especies como patao, róbalo, macabí, sábalo, mojarra, chucho,
isabelita y tiburón constituyen buena parte de lo extraído al mar.
La flota de Caimar, con
más de 15 años de servicio, la integran 13 embarcaciones
motorizadas e igual cantidad de botes auxiliares. Dichas naves se
explotan permanentemente a más de un 83%, gracias sobre todo a las
inventivas e innovaciones de Vázquez y Couto. Las adaptaciones de
piezas y motores conforman la actividad de estos dos hombres,
encargados también de la reparación de los cascos plásticos de
las cherneras.
El centro dispone de una
minindustria recién remodelada y en condiciones óptimas para
procesar una tonelada diaria de pescado, informa Ramón Reyes,
técnico en control de la calidad.
Masa de jaiba y de
melogena, pulpa de pescado, jaiba sin carapacho, bandas y filetes de
tiburón y chucho, son sus entregas básicas a la Empresa de la
Pesca en la provincia, con destino a los diferentes consumidores en
el propio territorio.
Osvaldo Rojo, Vanguardia
Nacional por ocho años consecutivos señala que hoy se aplican
aquí tres sistemas de pago: uno por cada área de labor y todos
prevén la vinculación de los ingresos a los resultados finales de
la tarea.
Los 69 trabajadores de
Caimar contribuyen también en la vigilancia de la integridad de
nuestro territorio y la detección de posibles recalos de drogas
provenientes del exterior en las aguas donde libran su principal
combate, el de extraerle al mar la mayor cantidad posible de
alimentos, sin dañar a las especies ni al entorno. |