MADRID, 23 de febrero (PL).—
Los jóvenes españoles de 14 a 18 años consumen cada vez más
pastillas de éxtasis y lo seguirán haciendo porque España se ha
convertido en uno de los mercados prioritarios de la droga.
Así afirmó en la ciudad de
Barcelona el doctor César Pascual, coordinador del Plan Nacional
sobre Drogas del Ministerio de Sanidad.
Según el especialista, el éxtasis,
por ser una anfetamina cuyos efectos duran pocas horas y se consume
sobre todo en fiestas de fin de semana, hace muy difícil a los
padres detectar si sus hijos la toman.
El Periódico, de Cataluña, advierte
al respecto que datos del gobierno español, corroborados por el
Observatorio de Drogas de la Unión Europea, indican que el éxtasis
se ha introducido en los ambientes juveniles de forma mucho más
amplia de lo que es capaz de detectar la red de asistencia
sanitaria.
Miguel Casas, responsable de
psiquiatría de un reputado hospital de Barcelona, advirtió que
pronto se harán más evidentes las consecuencias de esta droga para
la salud de quienes la toman, si la tendencia no se invierte.
Alertó que el aumento del consumo es
favorecido por el relativo bajo precio de las pastillas, el hecho de
que no deja resaca ni rastro visible y, lo peor, que los jóvenes la
consideran una droga "inofensiva".
Sin embargo, en tiempo no muy largo
el éxtasis deja secuelas como psicosis, esquizofrenia y depresión,
así como daños cerebrales y cardíacos.
Aunque las autoridades sanitarias
españolas reconocen que sus datos son incompletos, calculan que
casi el dos por ciento de los españoles de 14 a 18 años consume
éxtasis y que una tercera parte de ellos lo hace con regularidad.
Pero la mayoría mezcla esta droga
con bebidas alcohólicas, marihuana y otros estupefacientes, lo cual
multiplica los efectos, como lo demuestra que el 38 por ciento de
los consumidores tiene problemas para dormir y el 12 por ciento
muestran irritabilidad y conductas violentas.
Según estudios hechos con animales,
el consumo de éxtasis puede modificar a mediano plazo el sistema
nervioso central, provocar la destrucción de neuronas y hasta
demencia.
Como ya se ha comprobado aquí en
casos de muertos por sobredosis, causa un desmedido aumento de la
presión arterial y del ritmo cardíaco, sube peligrosamente la
temperatura corporal y puede provocar un edema cerebral.