Un problema con olor a alcohol y nicotina

ANETT RÍOS JÁUREGUI

Durante el curso escolar 2001-2002, una encuesta sobre tabaquismo en los jóvenes promovida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue aplicada en Ciudad de La Habana a estudiantes de secundaria básica (entre 13 y 15 años de edad). El 30% de los consultados había fumado alguna vez, el 13% era consumidor habitual de cigarrillos, y más del 80% dijo estar expuesto al humo en su casa y en lugares públicos.

En los últimos años estudios cualitativos indican la creciente tendencia entre adolescentes a tomar bebidas alcohólicas, hábito que modifica el carácter de la actividad social en esa edad, y sectores jóvenes de la población cubana aparecen ahora como grupo de alto riesgo para el alcoholismo. Según el doctor en Ciencias Guillermo Barrientos, especialista en Psiquiatría y jefe del Grupo Operativo de Salud Mental y Adicciones del Ministerio de Salud Pública, la situación evidencia una cultura permisiva al alcohol entre los cubanos.

Pero este no es un fenómeno exclusivo de nuestro país. La tendencia mundial es que disminuya la edad de iniciación en el uso de estos productos. La mayoría de los fumadores del mundo empezó a serlo durante la adolescencia. El alcohol es la droga más disponible y barata que un menor puede encontrar en cualquier sitio.

"Nuestra situación, comparada con la de otros lugares, es idílica —afirma el doctor Barrientos—, pero no podemos compararnos sino con el proyecto de sociedad que queremos ser."

¿Cómo se pueden revertir conductas tan peligrosas para la salud física, mental y social en el país? ¿Cómo regular hábitos individuales sin proclamar la "Ley Seca", o la "Ley sin Humo"? ¿Cómo congeniar el derecho de todos, sin caer en extremismos de prohibición o permisividad? Por supuesto la respuesta es compleja: educarlos.Crear una cultura sobre tabaquismo y alcoholismo necesita reunir voluntades políticas, educativas, propagandísticas, y hasta jurídicas. Y demora mucho, mucho tiempo. La gente debe entender no solo que fumar daña la salud, sino que irrespeta el derecho del otro cuando le echa una bocanada de humo en la cara. Los adolescentes deben comprender que divertirse no es sinónimo de "ron strike", y que nadie ha podido comprobar científicamente que los muy bebedores sean más viriles, maduros, chistosos o mejores.

En 1999 el Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) dictó una importante resolución que prohíbe la venta de bebidas alcohólicas y cerveza a menores de edad, y pauta los horarios, lugares y modos de su comercio a nivel nacional. Dos años después proclamó otra resolución que impide la venta de cigarros y tabacos a menores, junto a una serie de medidas orientadas no solo a proteger a este grupo, sino a la población no fumadora en general. Esas decisiones fueron clave para apoyar las líneas de trabajo educativo y de prevención en el país.

La encuesta de la OMS aplicada en más de 70 países durante el 2001 señalaba que 8 de cada 10 adolescentes que fueron en busca de cigarros a tiendas y bodegas, pudieron conseguirlos a pesar de su edad. Actualmente la práctica diaria demuestra que los menores aún consiguen cigarros, también bebida, en muchos lugares. Existen administraciones sin leer correctamente los párrafos de estas resoluciones, o peor, les han hecho tanto caso como a una hormiga en un hormiguero.

No se pueden sacar mesas, ni "carritos" a ofertar alcohol y cigarros en el medio de la calle. Las pipas no pueden vender ron o cerveza en parques ni áreas cercanas a edificios multifamiliares, escuelas, hospitales, entre otras. No se permite fumar en las escuelas (y eso incluye a los maestros), ni en ningún local cerrado. Tampoco los centros gastronómicos tienen que establecer áreas para fumadores (si son climatizados, pequeños, y es imposible hacerlo, entonces deben prohibir fumar). En fin, hay disposiciones que se violan con bastante frecuencia.

La preocupación común entre algunos establecimientos es cómo cumplir el plan de ventas al restringirse los modos de comerciar: porque si se saca el ron o el cigarro a la calle, se vende más; si se prohíbe fumar en ciertos lugares, se pierden clientes. Esto, en parte, es cierto. Pero si se sacan refrescos, jugos, dulces y comida de calidad a la calle, también se vende más. Y si se prohíbe fumar, se pierden unos clientes, se ganan otros, se educan todos.

María Luisa Miranda La O, especialista de Salud y Calidad de Vida del área de Gastronomía del MINCIN, confirmó a Granma que durante el año 2003 el cumplimiento del plan de ventas del Ministerio se realizó con énfasis en las ofertas alimenticias, mientras la venta de productos del tabaco y alcohol no sobrepasó las cifras del 2002.

Existen algunos avances, explica Miranda, quien insiste en la importancia de señalizar los límites de venta a menores en cada comercio, y la importancia de que la población ayude. El sistema de inspección del MINCIN no puede vigilar a cada empleado ni a cada tienda que vende productos prohibidos a menores de edad. Se toman medidas (cambio de administración, por ejemplo), pero no son frecuentes, no dan solución definitiva, y su severidad es cuestionable.

El MINCIN solicita que los ciudadanos informen cada infracción a las empresas provinciales de comercio, gastronomía y servicios, y a las unidades municipales correspondientes. Por ahora se conoce que las resoluciones número 52 y 277, dictadas en los años 1999 y 2001, respectivamente, están siendo perfeccionadas con modificaciones que buscan mayores precisión y rigor.

Lo principal es que cuando aparezcan publicadas próximamente, un por ciento de la población se detenga a leerlas y que los adultos entiendan que no deben enviar a sus hijos por ron, cerveza, o cigarros a la tienda de la esquina. Para empezar, eso sería ya un gran avance.

 

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