La tercera de padre e hijo

José Antonio Fulgueiras

SANTA CLARA.ÅEl padre, desde la banca, mira al hijo en la defensa de la antesala con cierta comprensión y ternura. Otras veces se invierten los papeles. Así ya ha transcurrido, para los Acebey, más de la mitad de XLIII Serie Nacional de Béisbol.

Acebey, padre.

Rafael Orlando y Orlando, son la primera dupla de padre e hijo que han desfilado, como jugadores activos, por la pelota cubana después del triunfo de la Revolución. A juzgar por sus palabras, hasta ahora, todo marcha en paz y unión.

"Cuando lo veo jugar, y estoy en el banco, a mí lo que me da es alegría. Me regocija saber que se desarrolla en esa posición, que tanta falta le hace a esta provincia."

Acebey, hijo.

Sin embargo, el llamado Pulpo de Caibarién piensa y lo prueba que puede jugar unos años más. "No tengo en mente retirarme, me he preparado bien para mantener mi buena imagen sobre el terreno".

Acebey, el padre, es el antesalista que más jugadas colosales ha realizado en nuestras Series Nacionales. Aún ya frisando los 40 años mantiene unos reflejos impresionantes. Pero ya no es el total dueño de la llave de la almohadilla, varias veces al hijo lo mandan para allí, y a él le designan un asiento en el banco.

El muchacho, con un rostro idéntico al progenitor, se afana en hacerlo lo mejor posible y exhibe, en algunos lances, las dotes defensivas heredadas del padre.

"Siento una gran responsabilidad cada vez que me envían a defender la tercera base. Me esfuerzo por hacerlo lo mejor posible. En lo que más me parezco a él es en el fildear, y en la cara también. Yo entré en la pelota imitándolo, aunque fue por mi propio interés."

Cuando era un pequeñín de 5 ó 6 años, el padre lo llevaba al Sandino y lo ponía a batear para el deleite de la afición. Dice Rafael Orlando que actualmente le da muchos consejos:

"Siempre le digo que piense cómo va a hacer las cosas en el terreno: le reitero que no se apure mucho cuando va a fildear y tirar, o en el momento que está en la caja de bateo. Son consejos de padre a hijo. Se parece a mí en el fildeo, pero a esa edad yo corría un poco más que él."

Orlando, con cierto aire de regocijo evoca:

"Recuerdo cuando me ponía a batear de frente para las gradas y me decía: ponla para allá arriba, de eso sí me acuerdo. Nací cuando él tenía 17 años, pero nunca me inculcó el béisbol, yo lo vi jugando y me decidí por ser como él."

Algunas veces han jugado los dos en el cuadro, uno en la tercera y el bisoño en la segunda. Pero son las menos. En el béisbol, como en todo deporte, el que está en el banco añora salir al terreno y suplir al que custodia su posición.

Es por ello que este caso se las trae. ¿Quién debe ser el más flexible o comprensible, el padre o el hijo? ¿Por quién vota el graderío? En definitiva, el manager y la alineación siempre van a dar la última palabra.

 

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