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Infante en la Plaza
de la Catedral
José
Antonio Fulgueiras
Ricardo
Infante, un mexicano grandote de sonrisa fácil y barba cana, abrió
los ojos de la Plaza de la Catedral con una nueva exposición, donde
el erotismo ha salido a caminar en lúcida armonía de trazos y
colores por una de las galerías del Taller de Gráfica Experimental
de La Habana.
Hechizado desde hace
varios años por los poéticos laberintos de La Habana colonial y el
ondular femenil de encanto e inspiración, Infante, al igual que el
otrora actor y cantor azteca, le ha puesto las mañanitas mexicanas
a sus dibujos de rasgos livianos, profundos, provocadores.
Él afina su gráfica
con la prosa rítmica de la memoria escrita de su país, cuando
recuerda el texto que cuenta cómo "ella se desnudó ante mí,
entre los manglares y un coro simultáneo de colibríes, libélulas,
serpientes de cascabel, lagartos y perros lampiños".
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