LOS ANGELES, 27 de enero (PL).—
Brasil y América Latina están de plácemes, la cinta Ciudad de
Dios, del realizador Fernando Meireles, está nominada al Oscar 2004
en cuatro categorías: mejor dirección, guión adaptado,
fotografía y edición. Una real hazaña artística.
El filme, basado en la conocida
novela del escritor negro Paulo Lins, había ganado varios premios
hace dos años en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La
Habana, por la excelencia de su puesta en escena, actuaciones,
fotografía, guión y fuerza.
América Latina en toda la carrera de
las estatuillas tan solo ha ganado un Oscar al mejor filme
extranjero por La historia oficial, del argentino Luis Puenzo, e
hizo amagos con Fresa y chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea; Alsino
y el cóndor, de Miguel Littín; Il Quatrillo, de Bruno Barreto, y
Estación Central do Brasil, de Walter Salles.
Con Ciudad de Dios el olvidado
continente vuelve a la palestra cinematográfica mundial a través
de un galardón muy vilipendiado por comercial e injusto pero
investido de un equívoco prestigio artístico.
El teatro Kodak, de Los Ángeles,
abrirá sus puertas el próximo 29 de febrero para dar a conocer los
ganadores; Ciudad de Dios con su lenguaje crudo acerca de la
infancia preterida, al estilo de Los olvidados, de Buñuel, o Los
400 golpes de Truffaut, podría dar la sorpresa.