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A los 100 años tambien se tienen sueños
Alfredo López, el
legendario y centenario machetero cienfueguero, recibió en pleno
campo de caña el homenaje de sus compañeros
Ramón
Barreras Ferrán
SANTA
ISABEL DE LAS LAJAS.— Su mundo real no ha sido otro que el campo
de caña. En él creció y se hizo grande entre los grandes. Y a él
fue el día de la celebración de su cumpleaños número 100 para
recibir el homenaje de sus compañeros.
Alfredo López Machado,
toda una leyenda proletaria, cogió de nuevo la mocha en su mano y
golpeó con fuerza al plantón de caña, como hiciera tantas veces y
probar así que aún le quedan fuerzas para luchar.
Con una claridad
envidiable habló de sus muchas zafras (más de 80), de sus varios
millones de arrobas cortadas, de las brigadas que integró y de algo
muy especial: su padre mambí que formó parte de las tropas de
Antonio Maceo. De ahí la estirpe de luchador, aunque su batalla ha
tenido, por el lógico decursar del tiempo y de la vida, otro matiz
no menos importante.
Su mente se remontó y
fue hasta la brigada Juventud de Acero, una de las primeras en el
Movimiento Millonario, alentada por un revolucionario que siempre
tuvo visión de futuro: Arnaldo Milián. Alfredo fue un cortador
largo en su faena diaria y sobre todo, muy constante. "En el corte
no hay que apurarse tanto, lo que uno no debe es pararse a cada
rato... Usted arranca paso a paso y cuando viene a ver ya tiene
atrás 200 arrobas cortadas", dice con la sabiduría que solo
aportan los muchos años trabajados en una labor tan dura.
En este pedazo de tierra
cienfueguera, llena de tradiciones y buenos hijos, Alfredo es una
leyenda por su ejemplo de consagración. Así lo reconocieron en su
barrio, donde tuvo lugar la celebración principal del cumpleaños,
en la que participaron familiares, vecinos y amigos.
Con más de 90 años se
mantuvo frente al plantón como integrante de un sobresaliente
colectivo de macheteros. Solo una afección visual en uno de sus
ojos lo separó hace muy poco de la mocha.
¿Quién dijo que a los
100 años no se tienen sueños? Este hombre que ha escrito su
historia con trabajo y sudor no pierde la esperanza de poder saludar
personalmente al Comandante en Jefe y decirle que todavía le quedan
fuerzas para seguir luchando. |