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Una masacre de centenares de tortugas ha conmovido a México e
impulsado la denuncia de las mafias que venden todo de los animales:
desde la carne hasta la piel, pasando por los huevos que depositan
las hembras a lo largo de cientos de kilómetros de playas en el
Pacífico.
Más de 500 tortugas laúd —las que pueden
alcanzar más de 150 kg. de peso— y golfina fueron asesinadas con
armas de fuego en los primeros días del año, en las costas del
estado de Guerrero (650 Km. al sur de Ciudad de México).
Sus caparazones fueron encontrados el 7 de enero
pasado a lo largo de cinco kilómetros de playas en el pueblo de
Pentatlán.
Las impactantes imágenes televisivas conmovieron al
país.
Días después, la prensa local descubrió que a
centenares de kilómetros, en la ciudad de León (400 Km. al
noroeste de la capital) se venden botas de piel de tortuga.
Según el diario Reforma, las patas delanteras de
las tortugas se cotizan de 23 a 25 dólares, y las traseras de 28 a
30. La carne se puede vender a 50 dólares el kilo.
Custodiados por un grupo armado que monta a caballo
o en bicicleta para amedrentar a los ecologistas, los mafiosos
esperan a que las tortugas terminen el desove para robar los huevos
y golpear y disparar a sus madres, relató a la AFP Rubén Ortiz,
del campamento tortuguero "Playa San Valentín".
"Vamos a actuar con toda la fuerza de la ley en
contra de los depredadores de nuestro entorno; lo quiero dejar bien
claro, no habrá contemplaciones, de ninguna índole, en la defensa
de nuestro patrimonio ecológico", anunció el procurador
federal de Protección al Ambiente, José Luis Luege.
"No coman carne ni huevos de tortuga", han
pedido las autoridades mexicanas públicamente a la población.
Las tortugas son perseguidas en el mundo entero,
pero las costas mexicanas siguen siendo un lugar privilegiado para
atraparlas durante su reproducción.
Un poco más al nordeste, en las aguas que rodean a
la península de Baja California, las ballenas que encuentran ahí
santuario natural desde hace millones de años están siendo
atrapadas accidentalmente en redes para captura de tiburones,
denunció igualmente esta semana la organización Greenpeace.
Sin dar cifras concretas de muertes, Greenpeace
aseguró que el gobierno mexicano ha "congelado" un
proyecto de ley que pondría fin a esa pesca.
"La Comisión Nacional de Pesca (Conapesca) de
la secretaría de Agricultura tiene detenido un proyecto de norma de
pesca de tiburón que acabaría con los 'enmallamientos' y la
mortandad de ballenas en redes de deriva", denunció
Greenpeace.
Las redes de deriva utilizadas en la pesca de
tiburón por barcos de alta mar tienen hasta 2 kms de largo y las de
pesca ribereña hasta 1,5 kms, convirtiéndose en "murallas de
muerte".
"Las buenas intenciones de proteger a las
ballenas que contiene la legislación (mexicana) están siendo
coartadas por la intransigencia, la irresponsabilidad y el desdén
de las autoridades de Conapesca", afirmó la organización.
La Profepa, especializada en los delitos
ecológicos, se limitó a indicar el martes que garantizará la
seguridad de las ballenas grises que acuden como cada año a esas
aguas, y que son una gran atracción turística.