Dexter Gordon en La Habana

Con brillo propio

JOSÉ DOS SANTOS

Más que su espíritu, el arte sonoro del saxofonista Dexter Gordon estuvo presente en la capital cubana encarnado en un formidable cuerpo musical organizado para homenajearlo y mostrar, al mismo tiempo, la capacidad de los músicos cubanos para hacer jazz sin apellidos ni fronteras.

La noche del último sábado quedará en los anales del género en Cuba como una hermosa muestra de hasta dónde pueden llegar sus intérpretes en incursiones que igualan en interpretación y creatividad a cualquiera de otras latitudes.

Dexter Gordon, un clásico del jazz.

En una abarrotada sala principal del Teatro Amadeo Roldán, diversas generaciones de amantes del jazz disfrutaron de una velada excepcional, organizada por el saxofonista, flautista y compositor Javier Zalba, que rememoró una similar realizada en la década del ochenta en honor a otro inmortal, Charlie Parker.

Un quinteto de saxofones —dos tenores, dos altos y Zalba en un constante ir del barítono al soprano y viceversa— proyectó la atmósfera de Gordon en una paleta de piezas que abarcó su repertorio desde los años cincuenta a los setenta.

Braulio "Babín" Hernández (también director musical del grupo) y Carlos Fernández Averhoff (hijo) tuvieron mucho que ver con el sonido del tenor que rememoró al Dexter de etapas de gran categoría como la que produjo los álbumes The tower of power y More Power, en 1969, de los cuales se escucharon Stanley the Steamer y Fried Bananas, respectivamente.

Sobre estos discos escribió Scott Yanow que ambos se produjeron en el medio de una de las infrecuentes giras de Gordon por Estados Unidos, durante el período en el que vivió en Europa. En ese momento se encontraba en "la cumbre de su poder, que ejerció a lo largo de 15 años, a pesar de la tendencia a ser apartado por muchos jóvenes intérpretes".

A la experiencia de Babín y pujanza de Fernández, con ejecuciones magistrales durante toda la velada, se unieron los saxofonistas altos Rolando Pérez Pérez y Lázaro Alemán, el virtuosismo de Zalba y la mágica trompeta de Roberto García —ex líder de Afrocuba— para lograr una cuerda de metales que hará historia en Cuba.

La sección rítmica procedía del grupo Temperamento —Roberto Fonseca ante el piano, Omar González con el bajo y Ruy López-Nussa tras la batería— con el añadido de uno de los ilustres del jazz en Cuba: el guitarrista Carlos Emilio Morales.

Tarde en la noche, al llegar a mi casa, escuché mi copia no digitalizada de More Power, con el pianista Barry Harris, el bajista Buster Williams y el baterista Albert "Tootie" Heath y pude apreciar que en nada disminuía el impacto por lo escuchado poco antes en el bello teatro capitalino.

Incluso, la sensación de agradecimiento por la velada disfrutada se acrecentó porque sabía que en marzo, en la sala del Museo de Bellas Artes, podré volver a rodearme de los sonidos inspirados en Dexter Gordon, bellamente multiplicados, adaptados y recreados por una pléyade de músicos cubanos capaces de poner el firmamento jazzístico a mi alcance y darle brillo propio.

 

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