El negocio lucrativo que barrió el pueblo

DIEGO RODRÍGUEZ MOLINA

NUEVA GERONA.— Plegables, carteles y todo tipo de anuncios dedicados a la llamada Zona Franca, daban una imagen edulcorada y mercantilista de la Isla de Pinos de mediados del siglo pasado.

En eso que ilustra el plegable quería
 convertir a la entonces Isla de Pinos la
 Zona Franca que allí instauró la mafia
 yanki en confabulación con Batista.

Algunos contemporáneos de aquel ensayo aún lo identifican con artículos baratos, mercancías sin impuestos, lugares de recreo, nuevas inversiones, afluencia de turistas y otras apariencias encubridoras de sucios negocios. Cierto espejismo crearon los bajos precios en una ínsula que entonces ocupaba el último escaño entre los municipios cubanos por su área cultivada —solamente el 0,7% de las fincas— y la reducida población a la que correspondía el octavo lugar por su extensión.

Los inversionistas extranjeros, principalmente norteamericanos, y los nacionales negociaban en aquella Zona Franca nacida al amparo de la Ley Decreto número 2071 del 27 de enero de 1955.

El referido documento le otorgaba esa condición al "territorio insular de Isla de Pinos a todos los efectos del cobro de derechos arancelarios o aduanales a mercancías, artículos, maquinarias o equipos que se importen para ser usados, consumidos o utilizados en dicha isla; exceptuándose los artículos de fácil contrabando, o cuya introducción sea contraria al interés fiscal".

A la sombra de ese estatus se fomentó un lucrativo negocio que cada vez más se salía del control oficial y favorecía a intereses privados, pues aumentaron los bienes de consumo no esenciales al importarse a bajos costos, además de elevar los precios especulativos de terrenos; y hubo una nueva concentración de la tierra en manos de unos pocos capitalistas, entre ellos yankis, que adquirieron extensas fajas en el litoral, intensificaron los latifundios ganaderos y parcelaron áreas para revender.

PACTO CON LA MAFIA

Casi una quinta parte de la Isla había pasado ya a manos del geófago e inversionista yanki Arthur Vining Davies, conocido como el rey del aluminio, quien siguió acaparando terrenos para una cadena hotelera, entrelazada por las carreteras que el gobierno batistiano construyó a costas del erario público para favorecer a "empresarios" de latifundistas vinculados al régimen, como el politiquero Justo Luis del Pozo

"Residencial Nuevo Miami" anunciaba un plegable comercial que ensalzaba a la sociedad que pretendían establecer a la sombra del nuevo estatus, el que lejos de propiciar el desarrollo favoreció proyectos turísticos vinculados al tráfico de drogas, el juego de azar y los prostíbulos.

La Zona daba cobertura legal al pacto contraído entre la mafia —mediante uno de sus jefes en Nueva York, Meyer Lanski— y el dictador Batista. Estas operaciones se realizaban tras la fachada de la compañía Gulf Caribbean Tourist Circuit, en su aspiración de unir el Colony a su cadena de hoteles.

Contrastes como la de una Nueva Gerona en extremo pobre, pero rica en bares y prostíbulos, fue la imagen más visible de la Zona Franca, que no logró más que un falso desarrollo.

Quedaban ocultas y sin solución en aquellas condiciones las secuelas propias del subdesarrollo y la dependencia económica, acrecentadas por esas "inversiones" que tampoco generaron nuevos empleos ni calificación para los trabajadores.

FIDEL CONVENCIÓ

A no pocos confundió aquel mafioso contrabando, camuflado tras el comercio legal, lo cual le hizo más difícil a la Revolución triunfante acabarlo.

— ¿Cómo, que usted apoyaba la Zona Franca?, le insistí a Gustavo Soto Hayet, un citrícola jubilado que hoy cultiva vegetales para el nuevo pueblo de La Victoria, como para estar seguro de su afirmación.

— Sí, sí, incluso —agrega— algunos colaboradores del Movimiento 26 de Julio habíamos participado en una manifestación para que no se suprimiera...

Después fue que nos dimos cuenta que aquel dinero que "corría" era resultado de los manejos sucios y la especulación que hacían tanto daño al país...

— ¿Y cuándo se convenció?

— Cuando Fidel vino en junio del 1959 y explicó lo negativa que resultaba la Zona Franca para Cuba, cómo corrompía a la sociedad pinera. Y de veras me convenció, nos abrió los ojos a los que estábamos confundidos por la propaganda... Había aquí, además, cierto criterio regionalista, y desde ese día Fidel nos enseñó que por encima de todo esto está el interés nacional.

Junto al desenmascaramiento Fidel orientó la estrategia: Isla de Pinos puede desarrollar el turismo, agricultura, la industria, sin Zona Franca, como parte del plan trazado para la rehabilitación integral del territorio.

Por eso, cuando el Comandante en Jefe pide que levanten la mano los que creen que debe eliminarse aquel "negocio", ni una mano quedó sin alzarse en la multitud reunida frente al ayuntamiento.

Días después, el periódico Revolución anunciaba la derogación de la Zona Franca, pues no había logrado la solución de los problemas, por el contrario, sumó dificultades.

 

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