WASHINGTON, 19 de enero
(PL).— En lo que puede calificarse del
"primer bombazo electoral" del año, Paul O'Neill, ex
secretario del Tesoro del gobierno de George W. Bush, lanzó un
libro contra su antiguo jefe.
A escasos 10 meses de los comicios
presidenciales, O'Neill se permite calificar al controvertido
mandatario estadounidense como "un ciego en un cuarto lleno de
sordos. No hay un diálogo visible en el seno del equipo de
gobierno", consideró.
La obra, que se titula The Price of
Loyalty (El precio de la lealtad), escrita por el ex periodista de
The Wall Street Journal, Ron Suskind, se basa en más de 10 mil
documentos entregados por O'Neill al autor y promete ser un best
seller como el conocido Stupid White Man, del ganador del Oscar
Michael Moore.
O'Neill, sustituido de la secretaría
del Tesoro en diciembre de 2002, sugiere en su libro-alianza con
Suskind que la administración Bush está controlada tras bambalinas
por el vicepresidente Dick Cheney.
"El presidente —acota en una
de sus partes— luce como un peso pluma ignorante de los
asuntos".
Aunque la tesis de que Cheney siempre
ha sido el verdadero presidente no es nueva, esta es la primera vez
que es esgrimida por alguien que viene del seno del gobierno.
Los dos polos centrales del ataque
del ex secretario del Tesoro contra Bush son: la guerra contra Iraq
y la reducción de impuestos, que él califica de pilares de la
política del ex gobernador llegado a mandatario tras
"polémicas elecciones" ganadas en el estado de La
Florida.
El ex secretario del Tesoro afirma
que la decisión de derrocar a Saddam Hussein ya estaba tomada
incluso antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
"A ver, Condi, de qué vamos a
hablar hoy, qué tenemos en la agenda?", preguntó Bush a
Condoleezza Rice, su consejera de Seguridad Nacional, durante una
reunión del Consejo Nacional de Seguridad en enero de 2001, 10
días después de asumir funciones.
"De cómo Iraq desestabiliza a
toda la región, señor presidente", respondió la asesora.
Tal afirmación pone en tela de
juicio las aseveraciones del gobierno estadounidense de que la
guerra contra Iraq estaba justificada por la alianza de Saddam
Hussein con los terroristas del 11 de septiembre de 2001, y las
nunca encontradas armas de exterminio en masa del derrocado gobierno
iraquí.
O'Neill afirma que durante los dos
años que pasó al frente del departamento del Tesoro, nunca vio
pruebas concluyentes de la presencia de armas de destrucción en
Iraq, y que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) no sabía
demasiado sobre el asunto.
Consultado acerca de las eventuales
consecuencias de sus revelaciones para su futuro, el ex secretario
del Tesoro respondió firme: "Ya soy viejo, y soy rico. Y no
hay nada que puedan hacer para lastimarme".