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A la meta no se entra caminando
Ventura
de Jesús
MATANZAS.—
"Siendo casi un niño mi primer entrenador me enseñó que un
maratonista no entra caminando a la meta", comenta el jovencito
Yausbel Arboláez Hernández, ganador del último Marabana.
—
¿Tenías motivos para ese gran esfuerzo victorioso?
"Mira,
ganar la medalla de oro en cualquier competencia proporciona mucha
alegría. Iba a obtener la primera en una distancia que corría por
tercera ocasión. De modo que era un regalo no solo para mí, sino
también para los entrenadores."
Yausbel es natural de
Villa Clara y entrena actualmente en la Base Nacional de Carreras de
Fondo, con sede en aquella provincia. Se inició en el atletismo en
1994 y no olvida nunca a su primer entrenador (Abelardo Montiel), a
quien, confiesa, le dedica todos sus triunfos.
Cursa actualmente el
quinto año de la licenciatura en Cultura Física y Deportes y con
frecuencia se le ve en la ciudad de Matanzas, donde reside su
esposa, Yailén García, también maratonista.
A pesar de su victoria,
no era su día. "Yo tenía tiempo de 2:25 horas en la Primera
Olimpiada Nacional, y 2:18 en el pasado mes de abril. Por eso el
2:32 en el Marabana no se puede catalogar de buen tiempo. Fue una
carrera irregular, muy rápida en sus inicios y caracterizada por
los continuos tirones, aunque ya en el kilómetro ocho o nueve nos
quedamos solos Alexis Cuba, Luis Cadet y yo. Corrimos juntos en la
disputa hasta aproximadamente el km 28".
—
¿Qué te alentó a escaparte?
"Nunca
perdí la punta y estaba dispuesto a ganar. Me sentía seguro."
— ¿Cuándo
apreciaste que las fuerzas comenzaron a flaquear?
"En
ese tramo de la carrera los puntos de agua estaban muy distantes.
Para colmo el envase de líquido recuperador que me dio el
entrenador pasado el km 35 se me deshizo en las manos antes de
tomarlo.
"Algunos
periodistas y personal encargado con la organización del evento me
animaban, comentaban que iba bien. Pero de pronto sentí que las
piernas no daban más y caí. Me lastimé las rodillas y pensé que
era imposible seguir, pero me incorporé y continué.
"Sabía
que la meta estaba a menos de 200 metros. Había mucha gente a mi
alrededor. Los árbitros me custodiaban. Todo volvió a darme
vueltas, la vista se nubló y me vi en el suelo de nuevo. Esta vez
fue más duro, pero estaba resuelto a llegar corriendo a la meta."
—
¿Qué pensaste en ese minuto crucial?
"En
una carrera de algo más de 42 km uno piensa en infinidad de cosas,
sobre todo cuando va en solitario o siente que las fuerzas fallan.
Vienen a la mente el entrenador, las horas de trabajo, la familia,
el sacrificio realizado durante tanto tiempo..."
— Pero
esta vez fue algo diferente, era inminente el desmayo.
"Creo
que ayudó saberme casi ganador y que toda Cuba me observaba por
televisión. En Santa Clara eso fue tremendo. Hice llorar a toda mi
familia, y el primer día en la Facultad a mi regreso no se pudo dar
clases en mi aula. Había mucha curiosidad por conocer más detalles
sobre lo ocurrido." |