A la meta no se entra caminando

Ventura de Jesús

Foto: RICARDO LÓPEZMATANZAS.— "Siendo casi un niño mi primer entrenador me enseñó que un maratonista no entra caminando a la meta", comenta el jovencito Yausbel Arboláez Hernández, ganador del último Marabana.

¿Tenías motivos para ese gran esfuerzo victorioso?

"Mira, ganar la medalla de oro en cualquier competencia proporciona mucha alegría. Iba a obtener la primera en una distancia que corría por tercera ocasión. De modo que era un regalo no solo para mí, sino también para los entrenadores."

Yausbel es natural de Villa Clara y entrena actualmente en la Base Nacional de Carreras de Fondo, con sede en aquella provincia. Se inició en el atletismo en 1994 y no olvida nunca a su primer entrenador (Abelardo Montiel), a quien, confiesa, le dedica todos sus triunfos.

Cursa actualmente el quinto año de la licenciatura en Cultura Física y Deportes y con frecuencia se le ve en la ciudad de Matanzas, donde reside su esposa, Yailén García, también maratonista.

A pesar de su victoria, no era su día. "Yo tenía tiempo de 2:25 horas en la Primera Olimpiada Nacional, y 2:18 en el pasado mes de abril. Por eso el 2:32 en el Marabana no se puede catalogar de buen tiempo. Fue una carrera irregular, muy rápida en sus inicios y caracterizada por los continuos tirones, aunque ya en el kilómetro ocho o nueve nos quedamos solos Alexis Cuba, Luis Cadet y yo. Corrimos juntos en la disputa hasta aproximadamente el km 28".

¿Qué te alentó a escaparte?

"Nunca perdí la punta y estaba dispuesto a ganar. Me sentía seguro."

¿Cuándo apreciaste que las fuerzas comenzaron a flaquear?

"En ese tramo de la carrera los puntos de agua estaban muy distantes. Para colmo el envase de líquido recuperador que me dio el entrenador pasado el km 35 se me deshizo en las manos antes de tomarlo.

"Algunos periodistas y personal encargado con la organización del evento me animaban, comentaban que iba bien. Pero de pronto sentí que las piernas no daban más y caí. Me lastimé las rodillas y pensé que era imposible seguir, pero me incorporé y continué.

"Sabía que la meta estaba a menos de 200 metros. Había mucha gente a mi alrededor. Los árbitros me custodiaban. Todo volvió a darme vueltas, la vista se nubló y me vi en el suelo de nuevo. Esta vez fue más duro, pero estaba resuelto a llegar corriendo a la meta."

¿Qué pensaste en ese minuto crucial?

"En una carrera de algo más de 42 km uno piensa en infinidad de cosas, sobre todo cuando va en solitario o siente que las fuerzas fallan. Vienen a la mente el entrenador, las horas de trabajo, la familia, el sacrificio realizado durante tanto tiempo..."

Pero esta vez fue algo diferente, era inminente el desmayo.

"Creo que ayudó saberme casi ganador y que toda Cuba me observaba por televisión. En Santa Clara eso fue tremendo. Hice llorar a toda mi familia, y el primer día en la Facultad a mi regreso no se pudo dar clases en mi aula. Había mucha curiosidad por conocer más detalles sobre lo ocurrido."

 

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