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Salvador y, además,
Bueno
¿Qué piensa un
experimentado investigador sobre la literatura cubana de hoy día?
ANTONIO PANEQUE
BRIZUELA
Una
devoción casi mítica hacia las letras, en particular las cubanas,
lo sitúa entre los bibliógrafos caribeños más universales y
justifica la utilidad y linaje de sus diversas obras. Hombre en lo
personal bondadoso y cortés, Salvador es también Bueno
para muchas cosas del saber.
Amigo del libro de
cualquier época, investigador, crítico y ensayista de requerida
consulta, ganador de numerosas distinciones nacionales e
internacionales como el premio Vasconcelos (México, 1998) y actual
director de la Academia Cubana de la Lengua, entre sus más de 20
obras resulta emblemática El negro en la novela hispanoamericana,
con la que mereció el Doctorado en Ciencias Filológicas de la
Academia de Ciencias de Hungría (1978).
Intelectual con 85
años, respetuoso y prudente, mide sus palabras cuando le pedimos
una valoración sobre el Premio Cervantes, durante cuya última y
controvertida edición fue invitado a España para formar parte del
Jurado: "Como toda obra humana ese certamen ha tenido altas y bajas.
Últimamente no está en su mejor momento".
Graduado en 1942 de
Filosofía y Letras en la Universidad de La Habana, Salvador Bueno
Menéndez comenzó a ejercer el magisterio (Havana Business Academy)
al mismo tiempo que el periodismo (diario El Mundo). A ello se debe
quizás su costumbre de combinar el trabajo de investigación y el
de profesor con el periodístico: "Primero publico una síntesis en
la prensa y, después, sigo desarrollando el tema por otras vías".
Buen amigo de figuras
señeras de las letras como Enrique Labrador Ruiz, parte de cuya
obra él ha antologado y de quien dice "fue, indudablemente, un gran
narrador, gran amigo de sus amigos y gran enemigo de sus enemigos,
porque tenía muchos de ambos", dejamos ahora a este insigne
estudioso solo con el lector para que hable sobre la literatura
cubana de hoy día:
"Es
extraordinario lo que está ocurriendo en nuestras letras. Hay una
cantidad no solo de nuevos nombres, sino de jóvenes con una visión
nueva del mundo, una manera de ver la realidad mediante facetas que
no siempre tienen que ser coincidentes, sino que a veces son
contradictorias.
"Esos
autores nuevos puede que no piensen igual que otros y tengan entre
sí sus contradicciones, pero, indudablemente, todos tienen una
visión nueva y un deseo de ir expresando a su manera la realidad en
que viven.
"Alguien
pudiera pensar que todos los temas que se escriben tienen que ser,
digamos, referidos a la Revolución. No, la Revolución se expresa
de muchas maneras, no solo porque hables directamente de ella.
"El
artista, el intelectual lo que tiene que ser es auténticamente un
ser humano, que transmita sus experiencias y emociones para llegar a
los demás a través de las formas que a él le parezcan mejor.
"Por
otro lado, no comparto ciertas clasificaciones de ahora respecto a
lo nuevo. A finales del siglo XIX y principios del XX, se habló del
modernismo. Entonces hoy, ¿cómo vamos a llamarlo? Se dice: `estos
son los nuevos', también se ha hablado de `los novísimos'. Pero
esas son clasificaciones que yo considero temporales, no se pueden
mantener. Rubén Darío fue un poeta joven. ¿Cómo hablar hoy de
él como `un poeta joven'?"
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