|
Esta otra y misma
Alicia
PEDRO DE LA HOZ
Alicia
Perea está hoy donde nunca ha dejado de estar: ante, dentro y
delante del piano. Hubo un largo tiempo en que hacer música fue
para ella otra dimensión: al frente de la Escuela Nacional de Arte,
convirtiendo en destino la gestión del Instituto Cubano de la
Música. Pedagogía y promoción concebidas como prácticas de
altísimo nivel, profundamente comprometidas con la revolución
cultural de la Revolución, fueron extensiones naturales de su
talento. A estas alturas hubiera sido lógico para cualquiera vivir
de la memoria de lo realizado. Pero esta otra y misma Alicia no se
dio reposo, y regresó al espacio hechizado del piano con un disco
producido por el sello Autor de la SGAE y un recital el pasado fin
de semana en el teatro Amadeo Roldán.
Para el disco contó con
valiosas contribuciones, en el montaje del repertorio por parte de
Jorge Luis Prats, oculto y magnífico consultor; Jerzy Belc, experto
sin igual para la grabación pianística entre nosotros, y el
aliento de Teddy Bautista y Luis Francisco García. Para el
concierto, con el respaldo de todos los que creyeron en las verdades
artísticas —no pocas— que Alicia tenía que decir.
A Harold Gramatges,
autor de las notas al disco Obras de compositores cubanos del siglo
XX, le pareció muy pertinente que ante la existencia de grabaciones
integrales de la producción pianística de Saumell y Cervantes
(Frank Fernández), Ruiz Espadero (Cecilio Tieles) y Ernesto Lecuona
(Huberal Herrera), Alicia haya acudido a "otros compositores de
ese género criollo, como complemento válido para la presencia del
mismo".
Ni el disco y ni el
recital agotaron la vitalidad del piano cubano de la pasada
centuria, pero le hicieron justicia a creadores que nunca debemos
dejar de tomar en consideración.
La gracia armónica con
la que Carlos Fariñas (1934-2002) recreó una tonada popular, El
fiel enamorado, de Paquito Portela, ante la cual ya se había
motivado el gran Alejandro García Caturla, sugiere la necesidad de
que Alicia u otros pianistas bien dotados retomen con sistematicidad
la obra que el cienfueguero dedicó al instrumento. ¡Cuánto
daríamos por uno o varios registros duraderos de Altagracia!
Lo propio es dable
señalar en el caso de Gisela Hernández, cuyo Zapateo cubano
entregó Alicia al final y no está en el disco.
Agradecimos el hálito
de aire fresco con el que la intérprete impregna el siempre
agradecido Preludio de Sofía, de José María Vitier, y la
exigencia que le atenazó pasar por los múltiples códigos de Tema
con variaciones sobre un tema de Silvio Rodríguez, de Andrés
Alén. Aplaudimos mucho más la vocación redescubridora de Alicia
al visitar las Diez danzas cubanas al estilo tradicional, de
Félix Guerrero (1917-2002), que de "tradicional" solo
tienen la forma, pues la novedad asoma como sorpresa en cada recodo.
Asistimos a la confirmación de una pianista en plena posesión de
los recursos técnico-expresivos y de fina inteligencia musical.
Sabemos que este es un
nuevo comienzo para Alicia Perea. Pero ya está en el camino y nada
ni nadie la detendrá.
|