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Cubanos ante el
espejo del Gran Arco
Andrés
D. Abreu
Un cubo abierto, una
ventana hacia el mundo. Así, con aires grandiosos y poéticos,
comenzó Johan Otto Spreckelsen la presentación de su proyecto del
Gran Arco de la Defensa, una construcción que ha devenido símbolo
de la arquitectura parisina de los años ochenta por su singularidad
estructural y estética.
El Gran Arco, recinto de la exposición.
Concebido desde su
inauguración —1989 en ocasión del bicentenario de la Revolución
Francesa— como un espacio de fraternidad y defensa de los derechos
del hombre, este monumento urbano, distinguido por su sentido de la
transparencia, constituye, además, uno de los centros privilegiados
de la creación artística contemporánea y en sus interiores y
alrededores cohabitan obras como los frescos de Jean Dewasne y
esculturas de Calder y César.
A este Gran Arco
llegarán el próximo 21 de enero las obras de más de 50 artistas
plásticos cubanos agrupados bajo una idea que titula la colección:
Cuatro décadas ante el espejo,
y que une a nombres como Salvador Corratgé, Pedro de Oraá, Nelson
Domínguez, Flora Fong, Frémez, Arturo Montoto, Eduardo Roca
(Choco), Alicia Leal, Rocío García, y Alexis Leyva (Kcho), entre
otros que representan desde los sesenta y hasta los noventa "nuestra
producción artística, la construcción del discurso y de los
lenguajes culturales asumidos por diferentes generaciones o más
exactamente promociones" y que "ha estado subordinada a
esta realidad, volteando siempre la mirada para reflejarse en ella".
Curada por Alejandro
Machado Font y organizada por la Asociación de Artistas Plásticos
de la UNEAC, con Frémez como comisario, la muestra formada por
pinturas, dibujos, grabados y fotografías permanecerá expuesta
durante un mes a iniciativa de una galería interesada en el arte
cubano y que pretende reeditar el encuentro en la próxima primavera
desde la visión instalacionista de la más joven generación de
creadores visuales de la Isla.
Cuatro décadas...
abre, por tanto, una nueva ventana dentro de la gran ventana al
mundo que se considera el Gran Arco parisino y según versos
escritos para el catálogo de la exposición por Carlos Martí:
"Aquí, amigos, tienen a Cuba... infinita que canta y deja una
huella en el espejo".
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