MATANZAS.—Como el hallazgo de un cofre extraviado
puede catalogarse el rescate de 11 colmillos fósiles de un tiburón
gigante que nadó en tiempos lejanos en los mares de Cuba.
El descubrimiento tuvo lugar en la cantera de la
comunidad de San Francisco, en el municipio de Limonar, durante una
reciente expedición paleontológica del grupo Manuel Santos Parga.
El jefe de ese equipo de investigadores, Adrián
Álvarez Chávez, dijo a Granma que otras evidencias del Carcharodon
megalodon Agazzis, considerado predecesor del tiburón blanco o
devorador de hombres, se han localizado en los territorios de
Cárdenas, Regalito de Maya, Carlos Rojas, Unión de Reyes y el Abra
del Yumurí.
Explicó que los dientes (suelen medir hasta 20
centímetros de largo) son los restos más frecuentemente hallados
de este pez, que pobló hace aproximadamente unos 30 millones de
años las aguas profundas del planeta.
Precisa Adrián que las informaciones permiten
suponer que un adulto de esta especie podía medir hasta 20 metros
de longitud y en su enorme boca podían caber más de diez personas.
La aparición de restos de este extinto escualo y de
otros grupos marinos en zonas de la actual provincia obedece, según
los especialistas, a que durante el periodo mioceno (Era cenozoica)
los territorios que hoy ocupan La Habana y Matanzas se hallaban
sumergidos. Se dice que un canal oceánico separaba las tierras del
occidente y oriente.
Por ello es tan natural, comenta Adrián, la
revelación de vestigios fósiles de esos animales tierra adentro.
El mayor ejemplar capturado en el mundo, y al
parecer el único logrado sobre una especie similar (Jaquetón
Verdadero), ocurrió en aguas de la plataforma insular cubana en
1945 en las inmediaciones de El Castillito, en Cojímar, Ciudad de
La Habana. El tiburón blanco tenía 21 pies de longitud y pesaba 7 000
libras.