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es el título de la muestra que prepara el artista plástico cubano
Eduardo Ponjuán para iniciar con ella el ciclo de exposiciones
transitorias del Museo de Bellas Artes en el 2004.
Ponjuán ya tiene conceptualmente concebida la
colección que el 23 de enero inaugurará en el Edificio de Arte
Cubano, pero aún trabaja en las seis piezas que la constituirán.
Nuevamente el papel de techo será el material base de la mayor
parte de sus obras —Lo tengo en la punta de la lengua, Un roce
anula al tiempo, Conmigo no hay casualidad y Una pulgada o
algo más— mientras que los popularmente conocidos tanques de
55 galones servirán de estructura formal a Yo soy hombre no
minimalista y Todo lo sólido se desvanece en el aire.
El artista expresó, en conferencia de prensa
realizada en el Museo, que esta sería una exposición más
sensorial que conceptual y con un gran carácter instalativo.
Por su parte el Edificio de Arte Universal sumará
al día siguiente la exposición Eros-Althos-Heros, una
colección itinerante del arquitecto y artista griego Dimitri
Talaganis dedicada a los cercanos Juegos Olímpicos de Atenas.
La muestra, inspirada en los principios de la Tregua
Sagrada y el ideal olímpico de la Antigüedad, el cese de las
guerras, las contiendas y los juicios, está integrada por pinturas,
dibujos e instalaciones y constituye uno de los primeros
acontecimientos internacionales que forman parte de la fiesta
olímpica ateniense.
Su escenario en el Museo estará muy relacionado con
la importante colección de arte griego que atesora el Edificio de
Arte Universal y como acto previo a su llegada se presentará hoy a
las 3:00 p.m. el libro La huella helénica, de la profesora
Elina Miranda.
Cierra enero en el Edificio de Arte Cubano con la
inauguración el día 30 de Romañach-Menocal: dos maestros del
cambio de siglo, una exposición formada por 42 obras que ya
recorrieron países como España y Japón, y febrero augura un buen
relevo a partir del 6 en el Edificio de Arte Universal con la
muestra Durero y el grabado alemán del siglo XVI.