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En el patio de María Elena y Odobel
Producción y educación andan juntas
RONAL SUÁREZ RAMOS
PINAR DEL RÍO.— El
patio de María Elena Vilaú y Odobel Gómez semeja un oasis en
medio del veguerío circundante de la carretera que une al entronque
de Las Ovas con la Autopista Nacional.
Toda la familia participa en la atención a los sembrados.
En la improvisada casa
de cultivo crecen 27 variedades de helechos, más de 60 de
orquídeas, distintos tipos de begonias y otras plantas
ornamentales; el pasillo y la terraza del fondo de la vivienda,
cubiertos por una espesa enredadera de fausto azul y blanco, invitan
al esparcimiento animado por el canto de periquitos y rosacoles.
Cría de conejos, aves,
plantas medicinales, una colmena, un rosal, el estanque construido
para peces ornamentales y una pequeña aldea taína, completan el
entorno, que no pasa de 400 metros cuadrados, más una parcela de
aproximadamente un cordel, anexada al fondo para el cultivo de
hortalizas.
Con ello, el patio de
Odobel recibió la condición de candidato a ser De Referencia en la
última visita del Grupo Nacional de Agricultura Urbana, y María
Elena, maestra de la cercana escuela primaria, encontró un medio
para contribuir a la formación de valores en sus alumnos.
Él, oriundo de San Juan
y Martínez y cocinero de oficio, nos cuenta cómo surgió la idea
de transformar el antiguo platanal que rodeaba la casa, en aquel
jardín productivo.
"Cuando pasaron los
huracanes y destrozaron todo lo que había en el patio, pensamos en
hacer algo que resultara bonito; a María Elena se le ocurrió
sembrar orquídeas, pero no hallábamos la forma de hacerlo, pues
conocíamos que no podían estar plenamente expuestas a los rayos
del sol.
"Utilicé entonces
los troncos de barrigonas que habían sido tumbadas por el viento y,
con pedazos de tela conseguidos aquí y allá, construí el
umbráculo. Comenzamos con algunas plantas y como a todo el que
pasaba le llamaba la atención, busqué asesoramiento en el CITMA y
en la Agricultura Urbana para seguir creciendo."
Hoy son 18 los
subprogramas representados, y a pesar de tratarse de una pequeña
extensión, y de que vende las hortalizas y flores más barato que
en otros lugares, le proporcionan los ingresos necesarios para
vivir.
Según Odobel, quedaba
un espacio libre y decidieron crear allí una aldea taína, que
complementara la labor de la escuela Sergio González, situada a
poco más de 100 metros de la vivienda.
Al respecto, María
Elena explica: "Aquí funcionan tres círculos de interés: uno
de plantas ornamentales, otro de medicinales, y un tercero de
Historia de Cuba.
"Precisamente, la
Historia que se da en quinto grado trata sobre la vida de los
aborígenes y los muchachos se entusiasman con este lugar, donde
pueden apreciar cómo hacían el fuego, los instrumentos que
utilizaban para la caza, la pesca y la defensa de sus territorios.
Muchos niños han contribuido a enriquecer el círculo con piedras,
conchas y objetos que encuentran por ahí."
De acuerdo con la
maestra, los alumnos que asisten al círculo de plantas medicinales
ya saben hacer una infusión, y los de plantas ornamentales conocen
cómo sembrarlas, la atención que lleva cada una. "De esa
forma se desarrolla en ellos el amor a la naturaleza y el cuidado
del medio ambiente", añade.
Tanto María Elena como
Odobel se sienten satisfechos; su proyecto fructifica en los
aspectos económico y social, la comunidad se beneficia con la
oferta de productos agrícolas, y contribuyen a inculcar hábitos
sanos en la nueva generación.
"Está demostrado
que en poca tierra se puede producir bastante; yo he realizado tres
cosechas de pepino y habichuela en un año; todo sin productos
químicos, de forma ecológica; ojalá que otros nos imiten",
sugiere Odobel. |