Un niquelifero centenario

Pedro Lira Pulido, testigo excepcional

ALEXIS ROJAS AGUILERA

Foto: JUAN PABLO CARRERASMAYARÍ, Holguín.— Al viejo Pedro Lira Pulido todos lo conocen en Nicaro. Es vez y media más viejo que la historia de la localidad y un protagonista excepcional de su nacimiento y desarrollo a partir de la construcción de la pionera del níquel, la actual empresa Comandante René Ramos Latour.

Sin Lira —natural de Carrisal, Islas Canarias, nacido el 18 de septiembre de 1902— no puede hablarse del devenir de Lengua de Pájaro, que era como se llamaba el cayo que ocupa Nicaro en la bahía de Levisa.

Sin sus recuerdos no está completa la historia de la construcción de la industria y sus minas, sistema ferroviario, puerto, asentamientos, desmonte y chapea en los cuales laboró, la mayoría del tiempo como operador de pala o dragalinas en varios yacimientos hasta su jubilación.

Él llegó de los primeros, procedente del central Miranda (hoy Julio Antonio Mella), donde aprendió el oficio de maquinista.

Pero antes de saber conducir las pesadas locomotoras, entre otros oficios, y después de su arribo a Cuba el 6 de febrero de 1918, fue cortador de caña en Camagüey y en colonias de Oriente, recogió café y realizó muchas labores hasta que llegó al central Miranda.

Allí logró incorporarse a la tripulación de un tren y aprender todos los secretos de los caminos de hierro para años más tarde llegar a ser maquinista. El 25 de octubre de 1934 abrazó la ciudadanía cubana.

En febrero de 1942 oyó el rumor de que en Lengua de Pájaro, cerca de Mayarí, iban a abrir una industria minera, y vino jolongo al hombro.

Desde entonces se instaló en Nicaro, hizo una familia de siete hijos que le ha crecido con 26 nietos, 21 bisnietos y nueve tataranietos, y empezó una hermosa trayectoria de servicios que aún hoy no concluye.

Influenciado por corrientes anarcosindicalistas en su juventud, fue madurando al calor de las ideas marxistas leninistas hasta militar en el Partido Socialista Popular y, tras el triunfo de la Revolución, alcanzó la honrosa condición de fundador del Partido Comunista de Cuba.

Pero a conquistar la victoria, con las armas en la mano, Pedro Lira no estuvo ajeno. Con René Ramos Latour, después Comandante Daniel, integró una de las primeras células clandestinas del Movimiento 26 de Julio en las minas de Ocujal.

Destacada fue su actividad en el avituallamiento de las tropas del II Frente Oriental Frank País y en el apoyo a los ataques rebeldes a ese enclave minero, como reconoció el general de división Antonio Enrique Lussón, jefe entonces de la Columna 17, donde compartió méritos con trabajadores de ese coto minero.

Llegado el Primero de Enero de 1959, Lira se vinculó a las tareas de la defensa de la joven Revolución.

Más tarde, fue el más eficaz auxiliar de la Policía Nacional Revolucionaria que se recuerde en Nicaro. Con su imagen de noble Don Quijote, "cachimbo" a la cintura, camisa de miliciano y gorra militar, se convirtió en excepcional protector de la tranquilidad ciudadana. Fue en esa etapa entre las décadas de los setenta y los ochenta, educador esencial de la comunidad.

Esas importantes tareas, las realizó siempre sin dejar de cumplir sus obligaciones laborales y deberes políticos.

Luego vino el descanso, pero no la quietud, porque desde entonces dedica sus ya escasas energías a la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, cuyos integrantes sienten justificado regocijo de tenerlo en sus filas con 101 años de edad.

 

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