Cuba posee uno de los más altos
índices de superficie protegida en América Latina y el Caribe, con
una red de alrededor del 30 por ciento del territorio nacional, en
todas sus variantes y categorías.
Reportes internacionales señalan que
en la región muchas de las más de dos mil zonas bajo ese régimen
existen sólo en el nombramiento, pues en realidad se carece de
recursos humanos y financieros para su manejo.
Peor suerte corren mares y océanos,
fuentes de proteína y empleo para gran parte de la humanidad.
En cambio, la Isla cuenta con un
efectivo sistema de estas áreas resguardadas, ponderado por
organismos especializados de Naciones Unidas, como el Programa para
el Medio Ambiente y la Organización para la Educación, la Ciencia
y la Cultura (UNESCO).
La Mayor de Las Antillas tiene un
riguroso cuerpo legislativo ambiental, que incluye un centenar de
espacios con superficies marinas, seis grandes bancos fuera de la
plataforma y más de 30 parques nacionales en ese ámbito acuático.
Con 11 áreas especialmente
protegidas, el sistema insular cubano está propuesto para
declararse Sitio de Patrimonio Mundial de la Naturaleza, título
otorgado por la UNESCO.
Actualmente menos del uno por ciento
de las 100 mil áreas protegidas del orbe corresponden a mares y
océanos, aportadores de alrededor del 16 por ciento de la proteína
animal que se consume en el planeta y donde se desarrolla el 90 por
ciento del comercio internacional. (AIN)