Deporte: de privilegio exclusivista a sello de identidad nacional

El compromiso con la Patria ha de multiplicarse

OSCAR SÁNCHEZ

Si solo se tomaran en consideración los títulos en los principales escenarios deportivos internacionales, que han convertido a Cuba en una potencia mundial, bastaría para decir que en las últimas cuatro décadas y media no hay país en el mundo que haya hecho más por el deporte.

Foto: RICARDO LÓPEZLos deportistas cubanos son la expresión de la Revolución cubana en cada escenario de competencia.

Ubicación de lujo entre las 10 primeras naciones del orbe desde 1976 en el más exigente escenario atlético, los Juegos Olímpicos; posición número 17 —entre más de 200 naciones—, tras más de un siglo en esas magnas reuniones, con solo 13 participaciones de las 24 celebradas; ser uno de los 17 pabellones con más de 55 preseas de oro en esos conciertos, en los cuales, además, integra el selecto grupo de 27 países con más de 100 preseas, y tener campeones mundiales y olímpicos en más de 15 disciplinas, es un aval que el mundo de hoy solo es capaz de atribuirle a países entre los más desarrollados y ricos del planeta.

Y es que hay quienes no relacionan los vocablos deporte y política. Sin embargo los grandes escenarios deportivos son un gran reflejo, a veces demasiado exacto, de la crueldad del modelo social decadente y sus secuelas en la mayoría de naciones del planeta.

¿Cómo podría el Tercer Mundo, donde habita más del 70% de la población mundial, aspirar a los podios de premiaciones cuando ante las más elementales necesidades de alimentación o de salud, la práctica deportiva se convierte en divino milagro?

Foto: LÁZARO RODÉSLa Educación Física y el deporte pasaron de privilegio exclusivista a derecho del pueblo.

Pero la Revolución comenzando su aniversario 45, no solo llegó en busca de medallas o récords, sino en pos de encontrarle al deporte su verdadera función social, y es justamente ese su gran mérito, pues las grandes glorias olímpicas solo han sido consecuencia de un concepto que puso en manos del pueblo el derecho a la práctica deportiva.

Cuando cada muchacho encuentre en la ciudad, en el pueblo, en el barrio, un lugar apropiado para desarrollar sus condiciones físicas y dedicarse por entero a la práctica del deporte de su preferencia, habremos visto satisfecho el deseo de todos los que hemos hecho esta Revolución.

Así se expresó el Comandante en Jefe Fidel Castro en fecha tan temprana para la vida revolucionaria como la del primero de abril de 1959. Aquellas palabras tenían de precedente a una Cuba en la que solo el 0,25% de la población tenía acceso a la actividad física o el deporte; en la que solo el béisbol y el boxeo eran las disciplinas cultivadas, y en la cual la educación física era casi un privilegio de algunos estudiantes.

Hoy el deporte cuenta con más de 11000 instalaciones en todo el país, con más de 35 000 profesores de educación física, se practican más de 30 disciplinas, incluyendo todas las del actual programa olímpico. Existen escuelas de iniciación deportiva en todas las provincias y también de perfeccionamiento atlético; en cada uno de esos territorios está, además, la posibilidad de cursar estudios superiores de cultura física y lo que es aún más importante, esa oportunidad, a partir del programa de la universalización de la enseñanza, existe en 133 de los 169 municipios del país.

Cuba cuenta hoy con un poderoso movimiento deportivo para los discapacitados, atletas que también han puesto muy en alto el prestigio de la Patria en encumbradas plazas como son los Juegos Paralímpicos y Parapanamericanos.

Más de 35 enfermedades crónicas no transmisibles son atendidas en las áreas de cultura física terapéuticas, conducidas por graduados de nivel superior, quienes han tenido exitosos resultados en patologías como la hipertensión arterial, el asma y la obesidad.

Desde la madre embarazada, pasando por el primer año de vida de los bebés, todas las enseñanzas del sistema de educación, hasta llegar a la tercera edad, la población está incorporada a la actividad física en más de 15 programas estructurados entre los que sobresalen, la gimnasia de la madre con el niño, la educación física preescolar, los círculos de abuelos y las carreras populares.

Hoy la nación cubana es, sin duda, una de las más culta en materia de deporte y cultura física. Por un lado, por la posibilidad de su práctica y por otro, porque también han sido extraordinarios los esfuerzos por llevar al pueblo cada instante de las principales competencias deportivas, a través de la radio, la televisión y la prensa. Cuba fue el país que más pudo ver las incidencias de los pasados Juegos Olímpicos de Sydney-00, a los cuales la televisión le dedicó espacios de más de 16 horas diarias, incluyendo transmisiones en horas de la madrugada.

Una de las grandes conquistas de la Revolución en el campo del deporte es su carácter participativo, desde muy temprano sumó, no excluyó. El ejemplo más nítido ha sido la incorporación del 100% de los niños y jóvenes a la Educación Física en las escuelas, que lograron la condición de principal institución de la comunidad para el desarrollo deportivo.

El fruto brotó rápido con el surgimiento de los Juegos Escolares en 1963, que ya con cuatro decenios, reúne a más de 10000 estudiantes cada año, en una competencia con un amplio calendario en más de 25 disciplinas y de la cual ha brotado más del 90% de los grandes lauros olímpicos y mundiales.

Pero lo verdaderamente meritorio y lo que, además, distingue al deporte revolucionario ha sido su modelo de desarrollo. Probó, sin margen a duda, que se podían llenar las plazas deportivas y lograr altos resultados internacionales sin flagelar al deporte y al deportista con recetas mercantilistas, en las cuales se sustenta el profesionalismo, desterrado del país, justamente con el triunfo del Primero de Enero.

Una vez más la Revolución no se equivocaba, pues su Jefe desde otra fecha bien temprana tenía plena confianza en la idea: Sabemos que el deporte va a ser una actividad que se va a popularizar y generalizar hasta una dimensión que posiblemente ahora muchos ni se lo imaginen (Fidel el 21 de marzo de 1961).

Y así fue. El deporte, de privilegio exclusivista pasó a convertirse en un sello indiscutible de identidad nacional, por sus triunfos internacionales, pero más que eso, porque muchos cubanos han podido ser protagonistas de una serie nacional de béisbol, un certamen mundial de voleibol o esgrima, colmando las gradas o ejercitándose en una pista de atletismo o una cancha de baloncesto.

El deporte no solo pasó a ser reflejo de la Revolución, sino Revolución misma, y como nunca está llamado, a defender los principios revolucionarios. Primero, debe continuar asegurando el derecho de todos a practicarlo, ser una vía para el mejoramiento de la calidad de vida, un complemento para el científico, el intelectual, el obrero y un indispensable elemento en la formación integral de niños y jóvenes.

En tanto conquista revolucionaria, ha de seguir el desarrollo de la solidaridad con los más pobres, con aquellos que no tienen cómo pagar un entrenador del primer mundo. Cuba tiene hoy en calidad de asesoría técnica a entrenadores, profesores, médicos deportivos y otros especialistas en más de 50 naciones; ha colaborado con la celebración de grandes eventos internacionales, como fueron los decisivos aportes brindados al éxito de los XII Juegos Panamericanos, Mar del Plata'95, y la pasada edición de esas citas en agosto último en Santo Domingo.

Trascendental es la participación en la República Bolivariana de Venezuela, en cuyas más recónditas regiones han generado un movimiento de recreación para niños, jóvenes y población en general, que ha trascendido la propia clase de educación física o el entrenamiento para llegar a la rehabilitación de personas inválidas o hasta la introducción, a través del deporte, de los hábitos de lecturas en niños, que pocas veces habían tomado un libro en sus manos.

Varios son los preparadores cubanos que defendiendo la bandera de otras naciones han logrado resultados superiores a los de su propio país, incluso derrotando a un compatriota en el ring, la cancha o en la pista. Ha primado en ellos el alto sentido de la dignidad y el prestigio y credibilidad de la Patria.

Será el 2004 un exigente año. La presencia en él de los Juegos Olímpicos de Atenas, obliga a los especialistas y a atletas a redoblar esfuerzos en la preparación de cara a la magna cita. Pero es también el 2004, el aniversario 45 de la Revolución, del hecho más importante, no solo para esta tierra, sino para muchos de los pueblos que hoy aspiran a un mundo mejor.

Iniciamos entonces, un año en el que el compromiso con la Patria ha de multiplicarse, en el cual una vez más son más preciados los lauros que se obtenga por la fortaleza de los músculos del alma, que por las cualidades obtenidas en un gimnasio.

El poderoso movimiento deportivo, orgullo de toda la nación, como las obras de salud, educación, ciencia y tecnología, seguridad social, y otras, es fruto de esta Revolución, que demanda, porque derecho le sobra, la honestidad y la fidelidad de sus hijos.

En los trascendentales momentos que vive la Patria, justo en el año del aniversario 45 del victorioso Enero, los deportistas tienen una gran misión, porque el deporte es una de las actividades que más expresa a la Revolución (Fidel, 30 de abril de 1974).

 

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