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Deporte: de privilegio exclusivista a sello de identidad nacional
El compromiso con la
Patria ha de multiplicarse
OSCAR SÁNCHEZ
Si solo se tomaran en
consideración los títulos en los principales escenarios deportivos
internacionales, que han convertido a Cuba en una potencia mundial,
bastaría para decir que en las últimas cuatro décadas y media no
hay país en el mundo que haya hecho más por el deporte.
Los deportistas cubanos son la expresión de la Revolución cubana en cada escenario de competencia.
Ubicación de lujo entre
las 10 primeras naciones del orbe desde 1976 en el más exigente
escenario atlético, los Juegos Olímpicos; posición número 17 —entre
más de 200 naciones—, tras más de un siglo en esas magnas
reuniones, con solo 13 participaciones de las 24 celebradas; ser uno
de los 17 pabellones con más de 55 preseas de oro en esos
conciertos, en los cuales, además, integra el selecto grupo de 27
países con más de 100 preseas, y tener campeones mundiales y
olímpicos en más de 15 disciplinas, es un aval que el mundo de hoy
solo es capaz de atribuirle a países entre los más desarrollados y
ricos del planeta.
Y es que hay quienes no
relacionan los vocablos deporte y política. Sin embargo los grandes
escenarios deportivos son un gran reflejo, a veces demasiado exacto,
de la crueldad del modelo social decadente y sus secuelas en la
mayoría de naciones del planeta.
¿Cómo podría el
Tercer Mundo, donde habita más del 70% de la población mundial,
aspirar a los podios de premiaciones cuando ante las más
elementales necesidades de alimentación o de salud, la práctica
deportiva se convierte en divino milagro?
La Educación Física y el deporte pasaron de privilegio exclusivista a derecho del pueblo.
Pero la Revolución
comenzando su aniversario 45, no solo llegó en busca de medallas o
récords, sino en pos de encontrarle al deporte su verdadera
función social, y es justamente ese su gran mérito, pues las
grandes glorias olímpicas solo han sido consecuencia de un concepto
que puso en manos del pueblo el derecho a la práctica deportiva.
Cuando cada muchacho
encuentre en la ciudad, en el pueblo, en el barrio, un lugar
apropiado para desarrollar sus condiciones físicas y dedicarse por
entero a la práctica del deporte de su preferencia, habremos visto
satisfecho el deseo de todos los que hemos hecho esta Revolución.
Así se expresó el
Comandante en Jefe Fidel Castro en fecha tan temprana para la vida
revolucionaria como la del primero de abril de 1959. Aquellas
palabras tenían de precedente a una Cuba en la que solo el 0,25% de
la población tenía acceso a la actividad física o el deporte; en
la que solo el béisbol y el boxeo eran las disciplinas cultivadas,
y en la cual la educación física era casi un privilegio de algunos
estudiantes.
Hoy el deporte cuenta
con más de 11000 instalaciones en todo el país, con más de 35 000
profesores de educación física, se practican más de 30
disciplinas, incluyendo todas las del actual programa olímpico.
Existen escuelas de iniciación deportiva en todas las provincias y
también de perfeccionamiento atlético; en cada uno de esos
territorios está, además, la posibilidad de cursar estudios
superiores de cultura física y lo que es aún más importante, esa
oportunidad, a partir del programa de la universalización de la
enseñanza, existe en 133 de los 169 municipios del país.
Cuba cuenta hoy con un
poderoso movimiento deportivo para los discapacitados, atletas que
también han puesto muy en alto el prestigio de la Patria en
encumbradas plazas como son los Juegos Paralímpicos y
Parapanamericanos.
Más de 35 enfermedades
crónicas no transmisibles son atendidas en las áreas de cultura
física terapéuticas, conducidas por graduados de nivel superior,
quienes han tenido exitosos resultados en patologías como la
hipertensión arterial, el asma y la obesidad.
Desde la madre
embarazada, pasando por el primer año de vida de los bebés, todas
las enseñanzas del sistema de educación, hasta llegar a la tercera
edad, la población está incorporada a la actividad física en más
de 15 programas estructurados entre los que sobresalen, la gimnasia
de la madre con el niño, la educación física preescolar, los
círculos de abuelos y las carreras populares.
Hoy la nación cubana
es, sin duda, una de las más culta en materia de deporte y cultura
física. Por un lado, por la posibilidad de su práctica y por otro,
porque también han sido extraordinarios los esfuerzos por llevar al
pueblo cada instante de las principales competencias deportivas, a
través de la radio, la televisión y la prensa. Cuba fue el país
que más pudo ver las incidencias de los pasados Juegos Olímpicos
de Sydney-00, a los cuales la televisión le dedicó espacios de
más de 16 horas diarias, incluyendo transmisiones en horas de la
madrugada.
Una de las grandes
conquistas de la Revolución en el campo del deporte es su carácter
participativo, desde muy temprano sumó, no excluyó. El ejemplo
más nítido ha sido la incorporación del 100% de los niños y
jóvenes a la Educación Física en las escuelas, que lograron la
condición de principal institución de la comunidad para el
desarrollo deportivo.
El fruto brotó rápido
con el surgimiento de los Juegos Escolares en 1963, que ya con
cuatro decenios, reúne a más de 10000 estudiantes cada año, en
una competencia con un amplio calendario en más de 25 disciplinas y
de la cual ha brotado más del 90% de los grandes lauros olímpicos
y mundiales.
Pero lo verdaderamente
meritorio y lo que, además, distingue al deporte revolucionario ha
sido su modelo de desarrollo. Probó, sin margen a duda, que se
podían llenar las plazas deportivas y lograr altos resultados
internacionales sin flagelar al deporte y al deportista con recetas
mercantilistas, en las cuales se sustenta el profesionalismo,
desterrado del país, justamente con el triunfo del Primero de
Enero.
Una vez más la
Revolución no se equivocaba, pues su Jefe desde otra fecha bien
temprana tenía plena confianza en la idea: Sabemos que el
deporte va a ser una actividad que se va a popularizar y generalizar
hasta una dimensión que posiblemente ahora muchos ni se lo imaginen
(Fidel el 21 de marzo de 1961).
Y así fue. El deporte,
de privilegio exclusivista pasó a convertirse en un sello
indiscutible de identidad nacional, por sus triunfos
internacionales, pero más que eso, porque muchos cubanos han podido
ser protagonistas de una serie nacional de béisbol, un certamen
mundial de voleibol o esgrima, colmando las gradas o ejercitándose
en una pista de atletismo o una cancha de baloncesto.
El deporte no solo pasó
a ser reflejo de la Revolución, sino Revolución misma, y como
nunca está llamado, a defender los principios revolucionarios.
Primero, debe continuar asegurando el derecho de todos a
practicarlo, ser una vía para el mejoramiento de la calidad de
vida, un complemento para el científico, el intelectual, el obrero
y un indispensable elemento en la formación integral de niños y
jóvenes.
En tanto conquista
revolucionaria, ha de seguir el desarrollo de la solidaridad con los
más pobres, con aquellos que no tienen cómo pagar un entrenador
del primer mundo. Cuba tiene hoy en calidad de asesoría técnica a
entrenadores, profesores, médicos deportivos y otros especialistas
en más de 50 naciones; ha colaborado con la celebración de grandes
eventos internacionales, como fueron los decisivos aportes brindados
al éxito de los XII Juegos Panamericanos, Mar del Plata'95, y la
pasada edición de esas citas en agosto último en Santo Domingo.
Trascendental es la
participación en la República Bolivariana de Venezuela, en cuyas
más recónditas regiones han generado un movimiento de recreación
para niños, jóvenes y población en general, que ha trascendido la
propia clase de educación física o el entrenamiento para llegar a
la rehabilitación de personas inválidas o hasta la introducción,
a través del deporte, de los hábitos de lecturas en niños, que
pocas veces habían tomado un libro en sus manos.
Varios son los
preparadores cubanos que defendiendo la bandera de otras naciones
han logrado resultados superiores a los de su propio país, incluso
derrotando a un compatriota en el ring, la cancha o en la pista. Ha
primado en ellos el alto sentido de la dignidad y el prestigio y
credibilidad de la Patria.
Será el 2004 un
exigente año. La presencia en él de los Juegos Olímpicos de
Atenas, obliga a los especialistas y a atletas a redoblar esfuerzos
en la preparación de cara a la magna cita. Pero es también el
2004, el aniversario 45 de la Revolución, del hecho más
importante, no solo para esta tierra, sino para muchos de los
pueblos que hoy aspiran a un mundo mejor.
Iniciamos entonces, un
año en el que el compromiso con la Patria ha de multiplicarse, en
el cual una vez más son más preciados los lauros que se obtenga
por la fortaleza de los músculos del alma, que por las cualidades
obtenidas en un gimnasio.
El poderoso movimiento
deportivo, orgullo de toda la nación, como las obras de salud,
educación, ciencia y tecnología, seguridad social, y otras, es
fruto de esta Revolución, que demanda, porque derecho le sobra, la
honestidad y la fidelidad de sus hijos.
En los trascendentales
momentos que vive la Patria, justo en el año del aniversario 45 del
victorioso Enero, los deportistas tienen una gran misión, porque el
deporte es una de las actividades que más expresa a la Revolución
(Fidel, 30 de abril de 1974). |