En pleno corazón de la ciudad de
Santiago de Cuba abrió sus puertas, el primero de enero de 1989, la
Sala de Conciertos Dolores, una reliquia histórica y
arquitectónica por los valores que atesora desde la colonia.
Así quedaron para la historia varios
siglos de destrucción por terremotos, incendios y ataques de
corsarios y piratas, además de significar el freno definitivo de su
deterioro por los múltiples usos, que afectó la añeja
edificación.
El lugar que ocupa hoy la majestuosa
instalación cultural, de las de mejor acústica de Cuba, fue en el
siglo XVII la Ermita de Santa Ana, arruinada primero por un incendio
en 1613 y un terremoto 11 años después. Luego de su
reconstrucción, corsarios ingleses la saquearon y quemaron en 1662.
Por iniciativa del Sargento Mayor Don
Tomás Cortés y su familia, con apoyo monetario de creyentes y
vecinos, en 1722 se erigió la iglesia para el culto a la Virgen de
los Dolores, de ahí el nombre que lleva también la céntrica plaza
ubicada al frente.
Años más tarde, los jesuitas se
encargaron del inmueble y en el siglo XX fundaron allí el Colegio
de Dolores, considerado entonces una joya de la arquitectura
prebarroca que conservó sus elementos esenciales y solo admitió la
sustitución de los barrotes de madera por la herrería.
En marzo de 1975, sus viejas
estructuras sufrieron por un devastador incendio hasta ser entregado
por las autoridades eclesiásticas de Santiago de Cuba al Gobierno
para convertirlo en una sala de conciertos que tanto necesitaba la
ciudad.
Desde su inauguración por el General
de Ejército Raúl Castro, el primero de enero de 1989, acoge a
prestigiosas figuras y agrupaciones del ámbito nacional e
internacional, que con sus conciertos enriquecen el acervo cultural
de los santiagueros. (AIN)