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Siamesas tuneras cumplen 30 años
Más juntas desde la separación
Unidas por el
abdomen. Ternura en el bisturí. Fidel al tanto de todo. Las niñas
del doctor Vázquez
PASTOR BATISTA
VALDÉS
Victoria de Las Tunas,
18 de diciembre de 1973, 2:00 de la tarde. En medio de la tensión
que genera todo parto, Adelina Bruzón Rojas siente una sensación
de alivio: la primera de las dos niñas que durante 38 semanas ha
alojado en su vientre acaba de asomar la diminuta cabeza. "¡Qué
bien! —se dice— no habrá que hacerme cesárea, esto es
cuestión de minutos".
Las hermanas en la actualidad con sus respectivos hijos.
Pero un inesperado
detalle altera el curso del alumbramiento: algo impide que la
pequeña criatura salga completamente. Pareciera que su hermana
gemela le disputa el derecho a ser la primera. La sorpresa se
apodera de quienes atienden el parto: ambas niñas están unidas por
la pared abdominal, tienen los mismos placenta y cordón umbilical. "Puja
que ya estamos terminando —insiste el médico— así; puja más
fuerte... ¡Eso es!".
Como en sus cuatro
partos anteriores, Adelina larga por fin un suspiro y se relaja
totalmente. Lejos está de imaginar que ha traído a la vida dos
siamesas. ¡Ay, no me diga eso! El corazón se le desboca, pero
logra ponerle riendas. Las niñas están vivas. Desde el fondo de su
ser algo la reconforta. ¡Ánimo mujer, que no hay nada perdido!
LA NOTICIA CELEBRA
SUS 30
Diciembre del 2003. Tal
vez la verdadera noticia no fue la que aquel 18 de diciembre inundó
los pasillos del hospital materno infantil, en la entonces ciudad de
Victoria de Las Tunas.
Si horas, días o
semanas después Mayelín y Maylín Téllez Bruzón hubiesen
fallecido (como consecuencia de un inútil intento quirúrgico por
separarlas o por razones de índole orgánica y funcional), quizás
aquel extraño caso no fuera más que objeto de ocasional referencia
por parte de la memoria popular, como tal vez ha sucedido con otros,
sepultados por el tiempo en diversas partes del mundo.
Pero, como siempre
pensó Adelina , "esta Revolución y su medicina han sido demasiado
grandes y..."
Seis días después, el
24 de diciembre de 1973, a las 12 de la noche, comenzó a gestarse
la verdadera "noticia" en torno a las siamesas.
En el salón de
operaciones del hospital provincial docente Vladimir Ilich Lenin, de
Holguín, se puede escuchar hasta la respiración humana. Hay
tensión, pero no nerviosismo. Encabezados por el doctor Rafael
Vázquez Fernández, jefe del servicio de Cirugía y profesor de la
Universidad de Oriente, dos equipos multidisciplinarios tienen ante
sí la delicada misión de separar, por vía quirúrgica, a las dos
siamesas, del tipo xifópagos (unión a partir del apéndice
xifoides, en el abdomen).
Desde que el doctor
Vázquez las había valorado en el materno tunero, luego de su
urgente traslado desde Holguín hasta allá, horas después del
parto, pensó en la alternativa quirúrgica.
Maylín había nacido
muy deprimida y con menor peso, por depender del alimento que,
secundariamente, le dejaba su hermana, conectada al único cordón
umbilical existente.
Estudios de alto rigor,
ya en el hospital Lenin, avalaban la factibilidad de la operación:
parámetros clínicos satisfactorios, investigaciones bioquímicas,
hematológicas y cardiovasculares normales, los exámenes
radiológicos del tránsito digestivo indicaban integridad e
individualidad anatómica y funcional en ambas niñas...
La incisión
longitudinal abre un momento sin precedente en Latinoamérica. Los
doctores José Cabrera Carballo, Francisco Viamonte Díaz, Jeremías
Hernández Ojito (tunero este último vinculado al caso desde el
parto) y otros especialistas siguen hasta el más mínimo detalle.
El chequeo a la
temperatura rectal y esofágica, frecuencia cardíaca, respiratoria,
presión arterial y venosa es constante. Minuto a minuto el
destacado hematólogo Norberto Rodríguez observa el comportamiento
de los gases en sangre.
Vázquez Fernández
respira con placer. En los órganos internos de ambas cavidades hay
normalidad. Ovarios, trompas, útero, riñones... están en orden.
Solo aparece un contratiempo: ambas gemelas dependen de un mismo
hígado.
Pasión humana y rigor
profesional se condensan aún más en el equipo médico. Hay que
identificar bien cada estructura de ese vital órgano para decidir
por dónde seccionarlo, sin riesgo para la normal función ulterior
en las dos bebitas. Nunca el bisturí eléctrico estuvo en manos tan
seguras.
Casi amaneciendo
concluye la intervención. Separadas ya, una y otra hermanitas yacen
ecuánimes. La medicina cubana acaba de hacerles el mejor regalo: su
derecho a seguir viviendo.
"A
los cinco o seis días —recuerda hoy el doctor Vázquez—
convertimos un cubículo en apartamento, donde las dos niñas y su
mamá permanecieron durante unos meses. Hubieran podido regresar
pronto a su pueblo pero, enterado del humilde origen de esa familia,
nuestro Comandante en Jefe había orientado fabricarle una
confortable vivienda allá. Mientras tanto, vivieron aquí. Desde
que supo del nacimiento de las siamesas Fidel había estado al tanto
de todo."
El éxito de aquella
intervención lo corrobora el normal desarrollo que en sus 30 años
han tenido las dos gemelas. "Nunca nos enfermamos" —dice Mayelín—,
mientras su hermana expresa gratitud por la inserción de las dos en
la vida escolar, familiar, social y sobre todo por su condición de
madres: cada una tiene dos niños, hembra y varón.
"No
puedo resistirme al deseo de verlas a cada rato" —me dice por vía
telefónica el doctor Vázquez, quien a pesar de sus 70 activos
años continúa operando, es Profesor Titular, Doctor en Ciencias
Médicas del Hospital Lenin y aún halla tiempo para atender los
exámenes de residencia en provincias como Holguín, Las Tunas,
Granma e incluso, Guantánamo.
—¿Y
por qué? —le pregunto, a propósito de su paternal apego a las
gemelas.
"Porque
quienes me conocen pensarán que tengo cuatro hijos, pero desde
aquel 24 de diciembre siento que en verdad son seis..."
La voz del tierno abuelo
parece comprimirse. Sobreviene un silencio. No es dolor. Es
emoción. Quién sabe si en ese instante lo esté invadiendo la
imagen de dos niñas tuneras halándole ocurrentemente los pelos y
la nariz, dentro del auto, mientras él las lleva a Holguín, a
pasar inolvidables momentos en su hospitalario hogar. |