MADRID, 18 de diciembre (PL).—
Por primera vez en los 25 años de democracia en España todos los
partidos de oposición se negaron hoy a participar en una votación
del Congreso de Diputados.
Este hecho sin precedentes fue la
respuesta a la criticada reforma al Código Penal presentada
recientemente por el Consejo de Ministros y que hoy fue sometida a
votación del congreso y aprobada solo con el respaldo del
gobernante Partido Popular (PP), que pudo sacarla adelante por
contar con mayoría parlamentaria.
Esta enésima reforma al Código
Penal establece penas de cárcel de hasta cinco años a quienes
pretendan convocar un plebiscito "fuera de los marcos
establecidos por la Constitución" y va dirigida
específicamente contra el presidente del gobierno autonómico
vasco, Juan José Ibarretxe.
Negándose unánimemente a votar, la
oposición mostró su rechazo a ese cambio en la legislación penal,
pero sobre todo, el repudio al método empleado por el gobierno para
conseguir su aprobación.
Mediante un subterfugio para
someterla a trámite de urgencia, el ejecutivo presidido por José
María Aznar impidió que la propuesta fuera evaluada por el Consejo
General del Poder Judicial y el Consejo de Estado y que fuera
debatida por el pleno del Congreso, al cual solo le quedaba
someterla a votación.
Este último pleno de la actual
legislatura fue una bronca más de las muchas que tienen por sede
desde hace meses al Congreso en un ambiente de enfrentamiento
creciente entre el gobierno y la oposición.
El jaleo llegó a tal extremo que la
bancada de la coalición Izquierda Unida (IU) enarboló una enorme
pancarta con la frase "todos a la cárcel" en alusión a
una reforma con la cual el gobierno puede sacar del juego, mediante
su particular lectura, a todo aquello que le parezca
inconstitucional.
Por si fuera poco los 124 diputados
del Partido Socialista, con las manos en alto, coreaban "esto
es un atraco".
Al intervenir ante el pleno, el
portavoz de IU, Felipe Alcaraz, aseguró que la convivencia
política en el estado "ha llegado a su máximo nivel de
tensión" y convidó irónicamente a Aznar a fundar la ONG
"Crispadores sin fronteras", por generar esa situación de
enfrentamiento.
Por su parte desde el PSOE
consideró la reforma parlamentaria como digna de ganar un premio
"a la degradación parlamentaria".
Como era de esperar, el inspirador de
los cambios, el Ministro de Justicia, José María Michavila, salió
en defensa del texto al considerar como una "gigantesca
falsificación" convocar a una consulta popular sobre el
estatuto autonómico del País Vasco, tal como pretende Ibarretxe.
Sin embargo, analistas consideran que
si la aprobación de la reforma es legítima por tener el PP
mayoría parlamentaria, resulta cuando menos un enorme disparate
político dar la espalda a la necesidad de buscar un consenso que
resulta imprescindible para convertir en ley una medida de tal
envergadura.
Ahora, el presidente autonómico
vasco e incluso los miembros de su gobierno, pudieran ir a la
cárcel si aprueban celebrar una consulta popular para que los
vascos se pronuncien sobre su futuro.
La cosa va a más si se tiene en
cuenta que también los gobiernos autonómicos de Cataluña y
Andalucía se pronunciaron en los últimos días a favor de promover
cambios en los estatutos de autonomía de esos territorios, lo cual
pudiera conllevar también algún tipo de consulta popular.