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La capital: una gran
trampa donde caerán los enemigos
María
Julia Mayoral
Como una gran sinfonía,
en cuya ejecución todo se conjuga con perfección, así fue ayer la
jornada final del Día Nacional de la Defensa en la capital, donde
fuerzas y medios de las tropas regulares de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias y del Ministerio del Interior, junto a una multitud
de pobladores, organizados en las Milicias de Tropas Territoriales,
las Formaciones Especiales y las Brigadas de Producción y Defensa,
pusieron en práctica numerosos ejercicios, de acuerdo con la
concepción nacional de la Guerra de Todo el Pueblo.
Preparación de los milicianos.
El "avispero"
que le hará imposible la vida al invasor, tanto de día como de
noche, hasta desgastarlo, derrotarlo y expulsarlo de nuestra tierra,
se dejó sentir en múltiples sitios de la ciudad. Hubo prácticas
en el Puerto de La Habana, en otras áreas del litoral, en centros
productivos, unidades de servicios y barrios. En cada zona de
defensa se realizaron ejercicios demostrativos, mediante los cuales
probaron el engranaje de las distintas fuerzas y medios combativos,
las condiciones creadas para la asistencia de heridos y muertos como
resultado de una posible agresión, y la capacidad para evacuar a
quienes por su edad o situación personal no participarían en las
acciones bélicas.
Virginia Alfonso, vecina
del municipio de La Habana del Este, está entre los pobladores que
se evacuarán. Según afirma, para ella, su nuera y la nieta de seis
años, el simulacro al cual asistió este domingo tiene "mucho
valor, porque sirve de preparación moral y sicológica; además,
enseña hasta a los niños sobre cómo debemos actuar en caso de
guerra".
Mientras, no lejos del
edificio de Virginia, el mercado de la barriada era el escenario de
otro episodio. Allí Sara Morales Valdés, dependienta por más de
25 años en esa instalación, junto a los demás trabajadores,
ensayaba la distribución de alimentos a los vecinos en tiempo de
guerra.
El ejercicio fue práctico y teórico.
También los centros de
Salud en las zonas de defensa activaron sus mecanismos. En el
policlínico Gregorio Valdés Cruz de la localidad de Cojímar,
actuaron bajo el supuesto de recibir en breve tiempo heridos,
fallecidos, enfermos y embarazadas. Dayamís Peñalver e Ismael de
la Noval González, ambos médicos de familia, estuvieron en el
ejercicio con la misión de realizar la recepción y clasificación
de las supuestas personas necesitadas de asistencia. Para el joven
Rainel Sánchez Antúnez, uno de los "heridos", participar
en ese episodio representó "una forma realista de entrenarnos,
porque todos estamos dispuestos a pelear, si nos agreden".
"No hay quien coja
un pedazo de esta tierra", la frase provino de un general
experimentado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. No hablaba de
las tropas regulares, sino de la demostración que hacían los
vecinos de la zona del Cachón, en Cojímar. Hombres y mujeres,
integrantes de una Brigada de Producción y Defensa, entablaban
combate y capturaban a un grupo de supuestos enemigos infiltrados
por el litoral, y luego neutralizaban medios blindados mediante
explosivos y trampas rústicas.
Ni en Ciudad de La
Habana ni en ningún otro rincón de nuestro archipiélago, la orden
de alto al fuego o de rendición jamás será dada. Con esa
convicción transcurrieron las dos jornadas del Día Nacional de la
Defensa, cuando nuevamente se constató que no en balde los cubanos
afirman que nuestro país podrá ser invadido e incluso ocupado, a
un costo muy alto para el enemigo si se aventurara en el loco
intento, pero jamás será dominado, conquistado ni vencido. |