A la Revolución Cubana, que el
próximo Primero de Enero cumplirá 45 años, le sobran las razones
para la alegría, porque ha sabido crecer, madurar, y alcanzar su
estatura de gigante, con lo mejor que ha salido de sus entrañas: la
fuerza de sus hijos.
El histórico acontecimiento
significó un cambio radical en el orden político, económico y
social de nuestra sociedad.
La obra de cuatro décadas y media es
el fruto de un pueblo que la ha edificado y defendido, preservando
sus principales conquistas, las cuales presentan a la Cuba
revolucionaria como una de las naciones de mejores índices en
educación, con solo el 0,2 por ciento de analfabetos (centrado en
personas que por su avanzada edad no pudieron acceder a las
posibilidades con que hoy cuenta el país); de niveles de salud solo
comparable con países altamente desarrollados, con 6,5 de
mortalidad infantil por cada mil nacidos vivos y una esperanza de
vida al nacer de más de 76 años.
La Revolución hizo que el pequeño
país, otrora agobiado por la falta de oportunidades de trabajo,
alcanzara la categoría de pleno empleo, es decir con menos del tres
por ciento de desocupados, al crear no solo centenares de miles de
nuevas plazas, sino también al establecer el estudio como una nueva
fuente de ocupación y desarrollo para las nuevas generaciones.
Los avances en el orden económico,
científico, social, deportivo; en la conquista de la igualdad para
todos, no importan sexo, edad, procedencia social; en el desarrollo
humano y en el ejercicio de los derechos ciudadanos, incluido el de
alcanzar una cultura general integral, hoy accesibles a toda la
sociedad, forman parte de las sólidas bases creadas por la
Revolución y el socialismo y delinean la fortaleza moral y
política del pueblo cubano.
Esas y muchas más son razones
suficientes para que se festeje y se conmemore la gesta patriótica
que marcó no solo una nueva etapa en la historia de Cuba, sino
también de América Latina.
Desde aquel enero de 1959 nuestro
pueblo ha tenido que enfrentar todo tipo de agresiones económicas,
financieras, militares e ideológicas por parte del imperialismo
yanqui, el mismo imperio que mantiene un criminal y absurdo bloqueo
hace más de 43 años, pese al repudio universal reiterado a esta
política agresiva expresado recientemente en una nueva contundente
condena de 179 países en la ONU.
Han pasado 44 años de luchas y
victorias. El mundo vive bajo la amenaza de una superpotencia que
arrastra tras sus aventuras militares y política hegemónica a
otras naciones desarrolladas. Los pueblos del Tercer Mundo,
hastiados de promesas incumplidas y de fracasos neoliberales, se
rebelan ante las injusticias.
La especie humana está en peligro y
nada más urgente que reclamar la cordura, el respeto a las leyes y
principios de la convivencia internacional y el derecho al
desarrollo de los que han quedado al margen de los avances
mundiales. Nuestro pueblo libra una de las más colosales batallas
en el campo de las ideas por el perfeccionamiento de la obra de la
Revolución y la consecución de sus ideales de justicia social.
Justamente la conciencia del continuo
cumplimiento del deber es también motivo para festejar los frutos
de esa lucha, y es la razón por la que la jornada de celebración
por la victoria revolucionaria, se viene desarrollando desde el
pasado 30 de noviembre, fecha que recuerda en el año 1956 el
levantamiento popular en la Ciudad Héroe de Santiago de Cuba en
apoyo el desembarco del yate Granma solo dos días antes de que a
las costas orientales llegara la avanzada de la alborada del enero
luminoso, procedente de México, con Fidel al frente del naciente
Ejército Rebelde.
Las jornadas dedicadas al aniversario
45 del triunfo revolucionario tienen de base el mismo ideario por el
que se luchó y venció en enero de 1959, expresión de la Batalla
de Ideas que se libra día a día por la defensa y consolidación
del socialismo frente a la política agresiva del imperio y sus
mendaces servidores empeñados en vanos delirios por destruir la
Revolución.
Y junto a su pueblo, ejemplo de las
virtudes que solo se pueden encontrar en quienes han sido y son
ejemplares modelos de la entereza y dignidad de aquel, estarán con
más fuerza los Cinco Héroes injustamente encarcelados en prisiones
estadounidenses por salvar a la Patria y al propio pueblo
norteamericano de las feroces garras del terrorismo.
También en estos días de alegría y
de victorias el pueblo ratifica su irrenunciable principio de la
solidaridad internacional con nuestros hermanos del Tercer Mundo y
al propio tiempo sigue rindiendo merecido homenaje de gratitud a las
numerosas y oportunas muestras de apoyo moral y material recibidas
por otras naciones.