Del
12 al 27 de diciembre de 2001, los Cinco
Héroes prisioneros políticos del Imperio ofrecían sus
alegatos de defensa como parte del juicio iniciado siete meses
antes, caracterizado por numerosas violaciones de los principios
procesales más elementales y de las normas éticas universalmente
admitidas.
Los discursos, como ha precisado
Ricardo Alarcón, "son piezas oratorias que sobrevivirán la
prueba del tiempo. Millones y millones de personas las leerán con
emoción y gratitud... son como un sol que sabe disipar las
tinieblas más oscuras. Un sol que no se apagará jamás."
Cada frase u oración refleja la
grandeza de los expositores y como genuinos combatientes de una
causa noble y justa no se limitaron a defenderse y demostrar su
inocencia, fueron más allá y sin temores, a pesar de las adversas
condiciones en que fueron pronunciadas, no callaron injusticias y
atropellos recibidos y tampoco dejaron de acusar a los verdaderos
culpables de la violencia terrorista.
La primera gran sorpresa la ofreció
el día 12 Gerardo
Hernández Nordelo, condenado a dos cadenas perpetuas más
15 años, quien con asombrosa claridad y convicción en cada
palabra, conmovió a los presentes. "Confío, dijo, que si no
es en este, en algún otro nivel del sistema, la razón y la
justicia prevalecerán por encima de los prejuicios políticos y los
deseos de venganza..."
Sin salir del estupor, dada la
contundencia de las palabras pronunciadas en la jornada anterior por
Gerardo, escucharían el 13 los presentes en el tribunal a Ramón
Labañino Salazar, con una cadena perpetua más 18 años,
quien expuso el significado de la misión patriótica por la cual,
según la justicia norteamericana, debe pasar el resto de su vida
encerrado.
"Si por evitar la muerte de
seres humanos inocentes —denunció— sí por defender a nuestros
dos países del terrorismo, y evitar una invasión inútil a Cuba es
por lo que se me condena hoy, pues ¡bienvenida sea! ¡Llevaré el
uniforme de recluso con el mismo honor y orgullo con que un soldado
lleva sus más preciadas insignias."
El estrado de los acusados,
convertido en tribuna de la justicia y la verdad, sería ocupado el
14 por René
González Sehwerert, quien con una condena de 15 años,
intervino en línea y con asombrosa identificación, con Gerardo y
Ramón: "Yo no tengo razones para el arrepentimiento... Estoy
en el camino correcto... Al fin y al cabo todo este asunto de los
agentes de Cuba tiene fácil solución: Dejen a Cuba tranquila.
Respeten la soberanía del pueblo cubano."
Genuina lección de patriotismo y
dignidad ofrecería el día 18 Fernando
González Llort, condenado a 18 años. En uno de los
párrafos de su emotivo y firme alegato, expresó:
"Sinceramente confío en que algún día Cuba no tenga
necesidad de que personas como yo, voluntariamente y por amor a su
país y a su pueblo, vengan a este país a luchar contra el
terrorismo... En los años de presidio me acompañará siempre la
dignidad que he aprendido de mi pueblo y de su historia."
El último en exponer sería Antonio
Guerrero Rodríguez, el 27, condenado de por vida más 10
años. Tony haría gala de su enorme sensibilidad y condición
humana, cuando entre otras ideas, expuso: "Yo amo la Isla donde
crecí, me eduqué... también amo a este país en el cual nací,
donde en los últimos 10 años de mi vida he dado y recibido
verdaderas muestras de amor y solidaridad... Llegará el día que ya
no vivamos en la zozobra del temor y la muerte, y en ese día de la
historia, se verá la justicia real de nuestra causa."
No es casual que estos textos fueran
ocultados a la opinión pública norteamericana y mundial, pues
conocerlos habría sido suficiente para convencer y persuadir a
millones en el planeta de la total la inocencia de los acusados y de
los verdaderos objetivos hegemónicos y de anexión, de odio y de
venganza, presentes en la política estadounidense contra Cuba.
Mas, las verdades contenidas en estos
alegatos terminarán abriéndose paso hasta ser reconocidos como
testimonios lapidarios de un sistema injusto y cruel y como
monumentos eternos a la fe y la confianza infinitas en el ser
humano. A propuesta de Fidel, la Asamblea Nacional del Poder Popular
otorgó a los Cinco, el 29 de diciembre de 2001, el Título
Honorífico de Héroes de la República de Cuba. (AIN)