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Nos cabe la
satisfacción de la conversión de una utopía
en realidad
Discurso pronunciado
por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, Primer Secretario del
Comité Central del Partido Comunista de Cuba y Presidente de los
Consejos de Estado y de Ministros, con motivo del cumpleaños de
Elián González y el cuarto año del inicio de la Batalla de Ideas,
efectuado en la escuela primaria Marcelo Salado, de Cárdenas, el 5
de diciembre del 2003, "Año de gloriosos aniversarios de Martí y
del Moncada".
(Versiones
Taquigráficas - Consejo de Estado)
Queridos
alumnos, maestros, familiares y distinguidos invitados a este
emotivo acto:
Para hablar hay que
tener bien la garganta, ¿no?, y he tenido que hablar no se sabe
cuántas horas en los últimos días. Ustedes los niños de primaria
me piden ahora que hable. ¿Saben lo que están haciendo, lo han
pensado bien? ¿Y si les hablo dos horas? (Risas.)
Díganme una cosa: ¿De
qué quieren ustedes que yo les hable? (Exclamaciones de: "¡De
todo!") ¿De todo? Pero yo no soy profesor de geografía universal
(Los niños le piden que les hable de cómo se sintió en la
escuela). ¡Ah!, bueno: me trae muchos recuerdos. Pensaba eso hace
unos minutos: la vez primera que vine a esta escuela fue hace cuatro
años menos un día; es decir, mañana se cumplirán cuatro años
exactamente.
Meditaba también que
cuando vine aquel día, el 6 de diciembre de 1999, hace cuatro
años, los que estaban en primer grado ya están en quinto. A ver,
¿podrían levantar la mano los que están en quinto ahora?
(Levantan la mano.) Ustedes se recuerdan entonces, ¿no?
(Exclamaciones de: "¡Sí!") Que levanten la mano los que están en
el sexto (Levantan la mano). Bien, los de quinto y sexto grados
estuvieron presentes. Los de primero, segundo, tercero y cuarto
grados, unos tenían 6, 7, 8 y otros 9 años. Aquí hay muchos que
recordarán aquellos días.
Están casi todos los
maestros que ya laboraban en esta escuela. Hay también alrededor de
16 jóvenes que no lo eran todavía, cursaban el 12º grado como
estudiantes de bachiller.
¿Saben por qué esos
maestros emergentes están aquí? Fue fruto de los acontecimientos
que dieron lugar a la visita que hice a esta escuela.
Me preguntaban cómo me
siento; yo lo comparo con lo que sentí aquel día y cómo se
sentían los maestros, los trabajadores y todos los que esa tarde
nos reunimos aquí. Tal vez entonces no podíamos imaginarnos
siquiera la enorme importancia histórica que tendrían aquellos
acontecimientos, los hechos que ocurrirían después, de los cuales
podríamos estar días enteros hablando.
Lágrimas, dolor,
tristeza era lo que reinaba aquí. ¿Y por qué? Porque se había
cometido una gran injusticia: uno de los niños de esta escuela
estaba dolorosamente ausente. Su padre, sus abuelos, sus familiares
estaban atravesando días de terrible sufrimiento por los hechos que
habían dado lugar a la ausencia de ese niño.
La escuela no se veía
como hoy, pintadita, con una serie de mejoras que no existían
entonces. Era una buena escuela en su construcción; pero, como a
otras muchas escuelas, le faltaba pintura y otros arreglos
necesarios.
Yo no les voy a explicar
a ustedes ahora por qué la escuela no estaba tan bonita como está
hoy y por qué muchas escuelas no estaban como esta en la
actualidad. No se lo voy a explicar porque eso ustedes lo sabrán un
día, ustedes lo irán descubriendo; cuáles fueron las causas por
las cuales nuestros niños, los niños de Cuba, estaban recibiendo
desde hace años una atención como jamás se había brindado en
este hemisferio, o en cualquier parte del mundo.
Ustedes han oído hablar
de la Revolución; no les voy a explicar lo que es una revolución,
simplemente contarles que cuando eso que llamamos Revolución
triunfa, es decir, derrota a su adversario en dura lucha, en el
país había cientos de miles de niños que no tenían escuelas; un
millón de personas adultas que no sabían leer y escribir; millones
de las restantes no llegaban a sexto grado, y la mayor parte de las
que habían podido asistir a alguna escuela llegaban solo a segundo,
tercero o cuarto grado. No más de una de cada diez alcanzaba o a
duras penas superaba el nivel de los seis grados.
La inmensa mayoría de
los niños no podía llegar a quinto grado, sexto grado, porque eran
hijos de trabajadores, de campesinos, de personas humildes que los
necesitaban para que ayudaran a la familia a ganarse la vida,
comprar alimentos, ropa y zapatos, aunque muchos de ellos andaban
descalzos o con harapos, porque, repito, eran muy pobres.
Escuelas como esta, y no
de la calidad de esta, nunca vi cuando yo tenía la edad de ustedes;
nunca vi una tarde como esta; nunca vi una alegría como esta; nunca
vi cientos y cientos de niños haciendo lo que ustedes han hecho
aquí esta tarde; nunca vi un acto tan bello; nunca vi tantos niños
actuando con gracia infinita; nunca vi profesoras como las tres
profesoras de arte que por aquí pasaron, incluso conocidas y
famosas, graduadas en nuestras escuelas de arte.
Aquel día en que
comenzó la Revolución de que les hablaba, no existía nada
parecido a lo que pudiera llamarse así: Instituto Superior de Arte.
Apenas podía soñarse que años después personas jóvenes tan
cultas, tan preparadas, con tanta capacidad, estuvieran aquí, tal
vez una hora, hora y media, creando alegría a todos, a ustedes, a
los profesores, a los trabajadores, a los invitados, a los
periodistas —estoy seguro de que ellos disfrutaron también de lo
que aquí ha ocurrido—, y, además, a un grupo tan querido de
familiares, de personas que han sufrido grandes injusticias
cometidas contra entrañables familiares suyos: hijos, padres,
hermanos por los que han luchado sin tregua durante estos años.
Cuando yo mencionaba que
un alumno de esta escuela estaba ausente con motivo de una gran
injusticia, ustedes, que son muy inteligentes, saben a lo que me
estoy refiriendo, pero no es el único caso: una criatura inocente
que tiene ahora cinco años, presente entre ustedes esta tarde, ha
sido víctima de una monstruosa injusticia de la cual apenas puede
percatarse. Miles de niños han sido víctimas de grandes
injusticias; miles de niños, de madres y de otras personas han
muerto en esos mares como consecuencia de una ley que nosotros
llamamos ley asesina, creada para hostigar la Revolución, creada
para destruir la Revolución sin importar el llanto, el luto, la
tristeza sembrada en el seno de nuestro querido y heroico pueblo por
esa brutal ley.
No es tampoco el único
acto de barbarie que se comete contra nuestro pueblo; es uno de los
muchos actos bárbaros que se han cometido durante casi medio siglo,
y todavía continuamente se cometen.
Hoy mismo llegaron unos
cables procedentes de allá, se refieren a 10 ciudadanos de nuestro
país que acaban de perecer ahogados, incluyendo, según se afirma,
una mujer y un niño, consecuencia de esa ley asesina y de la
política de la potencia más poderosa que ha existido en el mundo y
ha tratado de pulverizar esta Revolución durante 45 años sin poder
conseguirlo.
Digo heroico cuando
hablo de nuestro pueblo, porque jamás en la historia se libró una
lucha tan desigual, y tampoco nunca se ha podido obtener una
victoria tan grande en su lucha contra las agresiones de una
potencia tan poderosa por un país tan pequeño.
Aquí hablaba de una
niña —no la menciono— que hoy también vino junto a otros
familiares de víctimas de acciones igualmente monstruosas. A mí me
dijeron: "Mire, ¿usted ve aquella niña? Es fulanita, tiene ya
cinco años." Está la niña y está la madre. Y ustedes se
asombrarían si les digo que esa niña no ha podido conocer a su
padre, que a esa madre se le prohíbe visitar al esposo, que está
allá, en el seno de ese imperio poderoso, por cumplir el sagrado
deber de advertir sobre planes contra nuestro pueblo realizados por
mafias terroristas que, organizadas, dirigidas y pagadas desde
Estados Unidos, ponían bombas en los hoteles; de esas que venían
aquí a disparar contra los centros turísticos donde trabajan miles
de ciudadanos de Cárdenas y de Matanzas, para arruinar la economía
del país; las mismas bandas que un día hicieron estallar en pleno
vuelo un avión cubano con 73 personas a bordo; las mismas de
personas asesinas que fueron reclutadas, entrenadas y armadas por
esa potencia para asesinar a hombres, mujeres y niños de nuestro
pueblo, de igual modo que fuerzas mercenarias, apoyadas por barcos
de guerra, aviones y armas modernas del gobierno de Estados Unidos,
invadieron nuestro país por Girón, o la Bahía de Cochinos, un
territorio que pertenece a esta provincia de Matanzas.
Pues bien, por tratar de
obtener información que ayudara a conocer y prevenir sangrientos
planes terroristas, cinco verdaderos héroes, de una conducta que
será eternamente ejemplar para nuestros jóvenes, están allá
encerrados, en prisiones de alta seguridad, ubicadas en estados
diferentes, aislados cada uno de los demás, porque no quieren
siquiera permitirles estar juntos, condenados uno a 15 años, otro a
19, dos a cadena perpetua, y otro de ellos a dos cadenas perpetuas.
Si viviera cualquiera de estos cien años más, habría cumplido los
100 años en prisión; si viviera 200 años, los habría cumplido en
prisión; si viviera 1 000 años, estaría todavía en prisión.
Comprenderán ustedes
cuánto nos duele semejante injusticia. Y he mencionado solo un
mínimo de injustificables y monstruosas injusticias.
Eso, sin embargo, aunque
nos duele, no nos desalienta, porque llevamos 45 años resistiendo
con dignidad, con honor, con valor y firmeza inconmovibles la lucha
contra el gobierno de esa superpotencia, que no ha hecho más que
cosechar derrotas, derrotas y derrotas frente a Cuba.
Hoy mismo, por
casualidad, salió un cable con noticias de una mafia de altos
funcionarios inescrupulosos y groseramente mentirosos. Estaban
reunidos en la Casa Blanca —así la llaman—, el local donde se
reúnen los que dirigen el imperio, en una comisión creada nada
menos que para idear y aplicar cómo liquidar a la Revolución, tras
45 años de baldíos intentos y fracasos.
Los que tienen más
conocimiento de las cuestiones políticas pueden, realmente, reírse
al imaginar el espectáculo de aquella camarilla allí reunida y ver
las agencias cablegráficas hablando de las fórmulas mágicas que
van a poner en práctica para liquidar la Revolución. Pienso que
hasta los más pequeñitos aquí presentes pueden comprender lo que
eso quiere decir.
Yo les aseguro que tan
repugnantes planes los elaboran por una razón muy sencilla, porque
no quieren justicia, odian la justicia, odian la independencia de
los pueblos, odian la libertad, odian a los pobres, desean traer de
nuevo lo que había aquí, y lo que había aquí fue lo que comencé
diciéndoles.
Si usted va a ese país
se encuentra que hay decenas de miles de personas viviendo bajo los
puentes, tapándose con periódicos. Si ustedes van a ese país se
encuentran que, a pesar de ser el más poderoso y rico del mundo,
hay más de 40 millones de personas que no tienen acceso a la salud
pública, millones que son analfabetos, procedentes de los barrios
pobres donde no tienen suficientes y adecuados centros de
educación, donde viven personas discriminadas por el color de la
piel o su condición de inmigrantes escapados del hambre, a los que
explotan sin piedad, donde no existe espíritu alguno de hermandad y
solidaridad. Jamás allí podrá verse una escuela como esta, en que
todos los niños tienen la misma posibilidad de estudiar, aunque los
padres sean pobres o sufran de alguna invalidez o impedimento mental
o físico. No tienen ni podrán tener nunca una escuela como esta,
con un maestro cada 20 o menos de 20 alumnos.
Los niños en eficientes escuelas son hijos de ricos, pues van a las mejores, a las más lujosas, pagando miles y miles de dólares cada año. Ellos no tienen escuelas donde la educación sea gratuita para todos los niños sin excepción; igual que no tienen asistencia médica, o no tienen hospitales y servicio de salud gratuito para todos los niños sin excepción. Los buenos hospitales
son únicamente para aquellos muy ricos, muy ricos, que pueden pagar
cualquier dinero para que sus hijos o sus familiares reciban
asistencia médica.
Ustedes saben que no hay
cosa más repugnante que las diferencias, que las discriminaciones.
¿En qué se demuestra eso? Les voy a ofrecer un dato. En ese país,
en cualquier zona pobre, de inmigrantes mexicanos, o haitianos, o de
otros países de América Latina, de cada 1 000 niños que nacen,
mueren 20, 25, 30 y aún más antes de cumplir el primer año de
vida. Los hijos de los ricos tienen tres, cuatro o cinco veces menos
posibilidades de morir que los hijos de los pobres.
En ese país tan rico,
que gasta cientos de miles de millones de dólares cada año en
armas para destruir y matar, mueren más niños antes de cumplir el
primer año de vida que los que mueren en Cuba.
En ningún país de
América Latina existe educación gratuita para todos los niños. En
ningún país de América Latina existe asistencia médica para
todos los niños por igual. En Cuba hubo una revolución que hizo
justicia, que estableció la igualdad y la dignidad para todos los
ciudadanos sin excepción. Es un país donde no se ve un niño de
edad escolar vagando o pidiendo limosnas por las calles. Este es un
país donde el ciento por ciento de los niños de la edad de
ustedes, en la enseñanza primaria, asiste a la escuela y se gradúa
de sexto grado. Este es un país, el único del hemisferio,
incluyendo a Estados Unidos, donde el ciento por ciento de los
niños ingresa en séptimo grado; un país donde el 99,5% de los
adolescentes se gradúa de noveno grado. Este es un país en que
prácticamente el ciento por ciento de los niños menores de cinco
años reciben los beneficios de un plan de educación a través del
programa Educa a tu hijo. Este es un país, el único en el
hemisferio, que desde que el niño nace, tiene posibilidad de crecer
sano, saludable, tener un litro de leche diario, la alimentación
necesaria, y, en cuanto al estudio, transitar desde el preescolar
hasta graduarse de doctor en ciencias, sin tener que gastar un solo
centavo.
Veo a las más
pequeñitas que son de primer grado, y les quiero hacer una
preguntica. ¿Cuánto pagan ustedes por estudiar en esta escuela?
(Le dicen que nada.) ¿Hay alguna que pague un centavo, que le
cobren algo? (Le dicen que no).
Ese es el país que ese
monstruoso imperio quiere destruir, quiere hacer desaparecer del
mapa, porque este país, este pueblo, ustedes, se han convertido en
un ejemplo para el resto de los países de América Latina, que
viven cada vez con más pobreza, más problemas y menos recursos
para la educación y la salud; y ellos, que no quieren que cambie la
vida de todos los países hermanos de América Latina y del Caribe,
ni quieren que los gobiernos de esos países le puedan decir no a
cualquier exigencia del imperio, no desean que exista Cuba como un
faro, como una estrella.
Es absolutamente seguro
que los demás países cambiarán, ya algunos están empezando a
realizar cambios profundos, y no quieren, por ello, los amos
actuales del mundo, que se cumpla aquel sueño martiano, aquella
decisión, cuando expresaba que estaba dispuesto a morir sin Patria —de
la que carecía al estar ocupada por el poderoso ejército colonial
español— pero sin amo, y tener en su tumba un ramo de flores y
una bandera. Hoy los cubanos tenemos Patria; si debemos morir
defendiéndola, moriríamos con Patria y sin amo (Aplausos y
exclamaciones).
El grupito de idiotas
que se reunieron ayer en la Casa Blanca morirán de amargura,
morirán de frustración y morirán hasta del asombro al contemplar
cómo este país ha resistido 45 años de bloqueo, y se empeñan en
prometer que tomarán un conjunto de medidas mágicas para derrotar
a la Revolución Cubana; es decir, destruir la obra que la
Revolución ha hecho en estos 45 años, destruir esta libertad,
destruir esta alegría que vimos hoy, destruir este porvenir,
destruir esta creciente y maravillosa cultura para todos los niños
de Cuba, que hoy disfrutan y disfrutarán cada vez más con absoluta
igualdad de oportunidades para desarrollar sus inteligencias, sus
talentos y sus vocaciones tan lejos como sea posible alcanzar.
Esta lucha por la
independencia y el porvenir de nuestro pueblo ha vivido largas
etapas, durante casi un siglo, desde que comenzó la primera guerra
en 1868 hasta la última batalla en que obtuvo su plena
independencia, el Primero de Enero de 1959. Y alcanzó la libertad
más grande que haya alcanzado ningún pueblo en el mundo, porque
ningún pueblo del mundo ha podido decir ¡no! durante 45 años;
ningún pueblo del mundo fue capaz de desafiar a esa gigantesca
potencia y decirle ¡no! durante 45 años, decirle ¡no! hoy con
más fuerza y seguridad que el primer día, y estar en disposición
de decirle ¡no! 100 años más si fuera necesario, aunque no será
necesario tanto tiempo, porque los que manejan ese monstruo
insaciable e insostenible están encontrando la oposición creciente
de los pueblos, incluso, y es muy importante, del propio pueblo
norteamericano, cuyos antecesores proclamaron que a todos los seres
humanos "el Creador" les había concedido sagrados derechos.
Cuando nosotros hablamos
de imperialismo agresor, superpotencia imperialista, monstruo, no
nos referimos ni nos referiremos jamás al pueblo norteamericano.
Ese pueblo está constituido por decenas de millones, cientos de
millones, ya casi 300 millones de personas que son como ustedes:
niños, maestros, madres o padres, personas capaces de nobles
sentimientos, nadie podría culparlos del sistema en que viven. Ese
sistema es un producto de la historia, un producto de la evolución
histórica de la sociedad humana que, a lo largo de miles de años
de injusticia, ha derivado, ha degenerado hasta el actual sistema
imperial globalizado, cada vez más insostenible, que hoy se impone
al mundo.
Ustedes dirán, ¿y por
qué en otros países de este hemisferio existen tantos millones de
niños sin escuelas y tantas decenas de millones de niños pobres?
¿Por qué mueren tantas decenas de niños por cada 1000 que nacen
cada año? ¿Por qué hay tanta hambre? ¿Por qué hay tanta
miseria? ¿Por qué hay tanta discriminación? ¿Por qué hay tantos
problemas sociales? ¿Por qué hay niños descalzos? ¿Por qué
aparecen todos los días, en cualquier capital, ejércitos de niños
limpiando parabrisas, limpiando zapatos, pidiendo limosnas, a una
edad en que deben estar en la escuela, estudiando quinto, sexto,
séptimo, octavo grado? Sencillamente a causa de ese sistema de
explotación, de saqueo de los pueblos, para que una exigua minoría
disfrute de enormes privilegios.
Ustedes se preguntarán,
¿y será eternamente así? Les digo que no, que cada vez queda
menos tiempo de vida a ese sistema de dominación, que los pueblos
van tomando conciencia de tales injusticias, que los pueblos se
rebelan cada vez más ante ellas y derrocan gobiernos con frecuencia
creciente, muchas veces sin disparar un tiro.
En Bolivia, país
hermano —ustedes lo han oído nombrar mucho, porque allí estuvo
el Che luchando precisamente por la justicia, luchando por cambiar
la vida atroz de los pueblos de América Latina—, un gobierno
cayó sin que le dispararan un tiro. Ya son tan débiles los
gobiernos y están en situaciones tan críticas, que hasta con un
soplo caen.
Esas condiciones de
injusticia dieron lugar a que en Argentina, de un soplo, cayeran dos
gobiernos consecutivos. A consecuencia de esas injusticias, en otro
gran país, un líder obrero, un tornero, que había aspirado tres
veces anteriormente a la presidencia, obtuvo amplia victoria, cuando
una considerable mayoría del pueblo le otorgó los votos. Tenemos
el ejemplo del hermano pueblo de Venezuela, donde un proceso
revolucionario muy profundo está desarrollándose.
Hay una situación de
inestabilidad en casi todos los países de América Latina,
utilizando métodos de gángsteres que laboran allá en la Casa
Blanca fraguando crímenes contra Cuba; están nerviosos,
experimentan temor, se desesperan, ante la realidad de más de 500
millones de habitantes que en este hemisferio se rebelan cada vez
más por las insoportables condiciones de vida que padecen.
Yo les puedo asegurar
que ese creciente sistema de saqueo no podrá durar mucho tiempo.
¿Y qué se le ocurre a la mafia imperialista terrorista? Apurarse,
inventar, buscar aventureramente cómo pueden barrer el ejemplo de
Cuba, faro de dignidad, de firmeza inconmovible, inapagable luz de
resistencia heroica.
Hoy nuestro país
dispone ya del mejor sistema de educación entre todos los países,
posee el índice de mayor número de maestros por habitante y de
menor número de alumnos por aula. No existe ya una sola escuela
primaria con más de 30 alumnos por maestro y aula; el promedio
nacional no llega a 20, y en la propia capital, que hace dos años
era 37, es hoy de 18. Y todo a pesar del período especial y del
bloqueo.
Hoy en la escuela
secundaria, donde se está llevando a cabo un extraordinario y nuevo
proceso educativo, tenemos un profesor cada 15 alumnos. Antes el
sistema era un profesor que daba clases a un grupo con 40 ó 50
alumnos sobre una materia y después a varios grupos similares; al
final, sumaban 200 ó 300 alumnos. No conocía, porque era
imposible, el nombre de los alumnos; no tenía relaciones estrechas
con la familia, que tanto puede contribuir y contribuye cada vez
más en nuestro país a la educación de los niños.
Se están aplicando
métodos nuevos, con el empleo de las técnicas más modernas, que
multiplican los conocimientos que un alumno adquiere cada año.
Hoy ya nuestros niños
empiezan a estudiar computación desde el preescolar. Hoy nuestros
niños de primaria, con la doble sesión en todo el país, que
ocupan un lugar cimero en el mundo en los conocimientos de lenguaje
y de matemática, pienso que triplicarán sus conocimientos. Hoy los
de secundaria, que antes no tenían la doble sesión,
cuadruplicarán los conocimientos.
Si les cuento algo,
ustedes no me creen. Muchas veces, en las primeras horas de la
tarde, cuando el tiempo me lo permite, observo las clases por
televisión, y recuerdo lo que me enseñaban cuando estaba en
segundo, tercero, cuarto, quinto, sexto grado, el lenguaje, las
matemáticas, la geografía, la historia, etcétera, y me asombro de
las cosas que se pueden aprender en media hora.
Ayer, precisamente,
alrededor de las 2:00 de la tarde, estuve observando una teleclase
de geografía, y les puedo asegurar que en apenas media hora
aprendí algunas cosas sobre el planeta, sobre la Tierra: cómo era
hace 350 millones de años, cómo era hace 300, cómo era hace 250,
y así sucesivamente. Lo primero que aparece es una masa, como quien
tira, por ejemplo, un puñado de tinta sobre una hoja y sale una
mancha compacta. Toda la Tierra, toda, era como esa mancha hace 350
millones de años. Después van explicando y mostrando imágenes de
cómo era en las sucesivas etapas, cómo se iba separando esa masa y
surgiendo la configuración actual del planeta, todo ese mapa que
ustedes pueden observar hoy de cada uno de los continentes.
Luego explican qué es
la corteza terrestre, que rodea toda la tierra bajo la superficie
del mar y en la tierra firme, qué era, cómo se formó el relieve
de cada uno de los continentes, cómo surgieron las cordilleras, y
con métodos técnicos hoy señalan el fondo del mar, sus valles,
sus cordilleras, cómo se produce el movimiento de esa corteza a
partir de lo que se llama el magma que ocupa el mayor volumen del
planeta, o cómo surgió el Himalaya mediante esos movimientos,
cómo se originan los volcanes, qué factores determinan los
terremotos. Y en ese tiempo pude ver decenas de imágenes en
colores, con todos los detalles, con explicaciones claras, ¡y
cuánto me habría gustado estar ahora en séptimo, octavo y noveno
grado!
Una vez más me
asombré, una vez más experimenté felicidad al constatar las
perspectivas del método que estamos aplicando en la educación de
casi medio millón de estudiantes de nuestra secundaria básica.
Seguimos trabajando activamente para que el suministro de una fuerte
merienda al mediodía se extienda progresivamente a todas las
secundarias del país. Esperamos que se alcance este objetivo al
iniciarse el próximo curso escolar en septiembre del 2004, es
decir, dentro de 8 ó 10 meses, una merienda que contiene el 41% de
las proteínas que un niño de esa edad requiere, y, además,
gratuitamente.
¿Qué puede pensar una persona digna, una persona
seria, una persona decente, cuando lee un cable sobre los bandidos
aquellos, discutiendo e ideando fórmulas para estrangular más a
Cuba, para arreciar el bloqueo, para impedir todo esto, para impedir
que los niños tengan cada vez más libros, cada vez más recursos
docentes, cada vez más y mejores alimentos?
Quizás ignoraban
totalmente que dos días antes de esa grotesca y cínica reunión
del cacareado Comité yo sostenía un constructivo encuentro con
más de 600 estudiantes y profesores procedentes de 239
universidades de Estados Unidos. Les puedo asegurar que aquellos
jóvenes, que participaban de un programa que llaman Semestre en el
Mar, con dos frecuencias cada año, impresionan por su calidad
humana y su decencia. Es, sin duda, una juventud que emergerá de
las universidades con más conocimiento del mundo y más cultura
política. En los últimos años me he reunido e intercambiado con
más de 4000 de ellos.
Hubo, entre los
presidentes de Estados Unidos en estos años de Revolución, quien
se jactaba de haber leído un solo libro en toda su vida, y puede
haber algún otro que haya leído solo dos o tres. Quizás lo más
extraño de situaciones como estas es que personas con un poderío
capaz de destruir el mundo en cuestión de horas —fíjense bien—,
con un poderío capaz de destruir a todas las naciones del mundo en
cuestión de horas, tengan menos cultura política —no hablo ya de
sentimientos— que los alumnos de primaria de esta escuela "Marcelo
Salado" (Aplausos). Y no exagero, ni incluyo a los maestros, porque
nuestros maestros, en esta materia, son verdaderos sabios al lado de
muchos de los que ostentan tan monstruoso poder, carentes por
completo de principios morales y éticos. La diferencia entre la
verdad y la mentira no existe en absoluto para ellos.
Es la realidad de este
mundo: un sistema globalizado e insostenible de explotación y
saqueo de todos los pueblos del Tercer Mundo, que se rige por normas
bárbaras y sin escrúpulo alguno. Por eso digo, al recordar los
encuentros con los jóvenes estudiantes norteamericanos, que los
verdugos que intenten un genocidio contra Cuba no solo tendrán que
enfrentarse al valor de este pueblo, a la decisión de vencer o
morir, a la decisión de continuar con más voluntad, decisión y
experiencia que nunca la lucha en defensa de la Patria y la
Revolución, sino que tendrán que enfrentar al propio pueblo
norteamericano, hacia el cual sentimos un creciente afecto.
Vale la pena recordar la
gran batalla iniciada aquel 5 de diciembre, porque yo vine a la
escuela el 6, y el día antes se iniciaba la lucha frente a la
Oficina de Intereses de Estados Unidos por un millar de jóvenes de
las brigadas científicas, quienes, concluida una reunión,
marcharon hacia la Oficina de Intereses de Estados Unidos y desde un
yipi pronunciaron las primeras denuncias.
No podemos olvidar
cuántos meses duró aquella batalla, y cómo al final el 80% del
pueblo norteamericano tomó conciencia de aquella gran injusticia y
apoyó el regreso de aquel compañerito, cuya ausencia nos causó a
todos, y al pueblo entero de Cuba, tanto dolor y tanta decisión de
lucha.
Iniciamos una batalla
difícil en medio de las mentiras y las calumnias contra nuestro
país; pero estábamos decididos a ganarla, y la habríamos ganado,
no le quepa duda a nadie. Nuestro pueblo habría ganado esa batalla
sin violencia, a base de verdades, a base de argumentos, a base de
razones, usando la posibilidad de trasmitir al mundo la verdad; y no
solo la opinión pública de Estados Unidos mayoritariamente nos dio
la razón, sino la opinión pública del mundo entero.
Ah, pero se había
iniciado la batalla y era obvio que no podíamos detenernos en el
momento en que se reparara aquella injusticia, porque lo importante,
lo esencial, eran todas las causas que han originado tanto daño a
nuestro pueblo, la pérdida de tantas vidas de hombres, mujeres,
jóvenes, niños y ancianos: los abusos, los crímenes, las
amenazas, los bloqueos, los ataques mercenarios, los sabotajes, la
guerra de la potencia más rica y poderosa del mundo contra una
pequeña isla situada a 90millas.
Ni pudieron impedir el
desarrollo de la Revolución, ni pudieron impedir una obra humana
que no tiene paralelo en la historia. Este es un país de honor, de
vergüenza, que inició una lucha con elevados principios, a los
cuales ha sido leal desde que iniciamos el primer combate contra la
tiranía. El país que a lo largo de los 25 meses de guerra jamás
humilló a un prisionero que depusiera las armas, jamás lo golpeó,
jamás dejó de tratarlo con respeto, jamás dejó de atender a un
herido, y a veces de forma preferente en casos de gravedad. Les
entregábamos medicamentos, a pesar de que estábamos bloqueados en
la Sierra Maestra.
No hay que olvidarse de
la moral, no hay que olvidarse de los principios. Nuestros
principios se han mantenido inconmovibles hasta hoy.
Cuando usted mira la
televisión con noticias procedentes de Europa, cada vez que hay una
huelga o conflicto social no observa otra cosa que hombres con
escafandras y lanzando gases lacrimógenos, chorros potentes de
agua, enormes caballos abalanzándose contra la gente y golpes de
todo tipo a ciudadanos que protestan contra viejos y nuevos abusos.
Nuestro país se puede dar el lujo de llamar como hay que llamar,
tanto a los bandidos que han cometido infinidad de crímenes contra
Cuba como a los hipócritas gobiernos europeos que son cómplices de
Estados Unidos en sus agresiones a Cuba y amenazaron con quitar una "ayuda
humanitaria" que no existía y no era más que una desvergonzada
mentira que adquiría, además, el carácter de limosna.
Nos compraban alrededor
de 500 millones de dólares y nosotros les comprábamos a ellos más
de 1500. Calculando conservadoramente las ganancias que obtenían
del intercambio desigual con nosotros, recibían de Cuba no menos de
400 millones de dólares de ganancia. Las llamadas "ayudas
humanitarias" eran discutidas durante años, y los representantes
que discutían tales ayudas se hospedaban en los mejores hoteles,
viajaban en las mejores líneas aéreas, gran parte del dinero se
invertía en eso y además decidían qué había que hacer con la
ayuda y cómo había que hacerlo.
Les confieso que, en
general, la llamada "ayuda humanitaria" con que ellos tratan de
lavar sus sucias conciencias de los siglos en que han estado
saqueando al mundo y continúan saqueándolo, nosotros la
recibíamos por educación, por cortesía, y no hemos necesitado de
ninguna de esas ayudas, cifras miserables, para hacer todo lo que
hemos hecho.
La proeza realizada en
estos cuatro años de Batalla de Ideas la hemos hecho con nuestros
recursos exclusivamente. Viene a ser apenas el 1% del gasto anual en
divisas, y realmente se ha producido una profunda revolución en
muchos aspectos de la vida que tendrán gran trascendencia.
¿Qué es lo que no
quieren los bandidos, o los rufianes que elaboran la política
contra Cuba, varios de ellos con una bochornosa historia de
inmoralidades, de complicidad con la mafia terrorista de Miami?
Sencillamente, no quieren, o están asustados —no se puede
explicar de otra manera— por el prestigio creciente de Cuba. No
tienen un puntico por dónde atacarla. Necesitan justificarlo todo
sobre la base de mentiras y groseras calumnias.
Han llegado, incluso, a
acusarnos de estar fabricando armas biológicas, a un país cuyos
centros de investigación están dedicados por entero a investigar
para la producción de medicamentos que salvan vidas, que han
producido vacunas que protegen contra la enfermedad o la muerte a no
se sabe cuántas personas en el mundo, que desarrollan nuevos medios
y técnicas para enfrentar serios problemas de salud que hoy padece
la humanidad; que posee los índices de SIDA más reducidos del
mundo, que busca soluciones para la prevención o la cura de tumores
malignos. Un país que avanza en muchas direcciones; un país que, a
pesar de contar con servicios de salud que están por encima de los
de cualquier otro país, está modificando, transformando y
perfeccionando esos servicios que, inevitablemente, no solo nos
pondrán por delante de Estados Unidos y de cualquier otro país
industrializado, sino que en esa comparación les sacaremos tres
pistas de ventaja. Imposible que puedan alcanzarnos. No lo soportan;
la vanidad, el orgullo, la prepotencia les impide hacerlo. ¡Pues lo
tendrán que soportar! ¡Se lo prometo en nombre del pueblo de Cuba!
(Aplausos.)
¡Ah!, ponen grandes
esperanzas —y ahí lo dicen los cables, entre otras muchas
declaraciones cínicas— en que esto se resuelva pronto. ¡Ah!,
sí, porque están calculando los segundos de vida que me queden,
sin que los muy estúpidos recuerden que se trata de un dirigente
revolucionario que ha tenido el privilegio de vivir los años que ha
vivido, a pesar de los incontables planes de asesinato fraguados en
Estados Unidos contra él.
Han tenido, además, la
desgracia de que aparentemente tenga genes de longevidad (Aplausos).
Vivo despreocupado y he vivido siempre despreocupado de las
cuestiones de la vida o de la muerte. No se trata de una cuestión
de valor ni mucho menos; yo sé bien de qué se trata. No he escrito
una autobiografía, pero con lo que tengo almacenado de recuerdos
casi podría llenar un edificio como este de discos compactos
(Risas).
¿Y por qué digo que
estoy tranquilo y cada vez más tranquilo? —se preguntarán
algunos. Sencillamente porque esta Revolución no depende de un
individuo, ni de dos, ni de tres. Pero en la Casa Blanca hablan como
si supieran el día en que voy a morir. En matar se sabe que son
expertos. ¿Tendré que cuidarme un poquito más para no
facilitarles la tarea? Nadie sabe a cuántos han matado ya. Algún
día se conocerá, cuando determinados documentos sean
desclasificados o alguien lo revele. Pero mejor es no gastar tiempo
en eso. Siempre ha sido así.
Uno de los asistentes a
la histórica reunión declaró: "Vemos al régimen cada vez más
frágil. Depende casi exclusivamente de la personalidad de una
persona. Esa persona cada día tiene más años y su salud no luce
tan bien."
Es para divertirse.
Descubrir a estas horas que cada minuto que pasa una persona tiene
más edad merece un Premio Nobel. ¡Y qué inmenso honor, qué
enorme distinción! Es mucho más grande que la Estatua de la
Libertad, esa que está a la entrada de Nueva York, el gigantesco
monumento. Tengo miedo de que siga creciendo hasta tal grado que
tope con la Luna el honor de atribuirle a un individuo ser el
causante de sus frustraciones, sus fracasos, sus derrotas, del hecho
insólito de que el superpoderoso imperio se haya estrellado contra
las supuestas cualidades de un individuo, atribuyéndole lo que es
fruto del espíritu indoblegable y el heroísmo extraordinario de su
pueblo.
La prepotencia los ciega
y la ira no les permite ver ni comprender lo que es hoy la antigua
semicolonia donde el 90% de las personas eran analfabetas o
semianalfabetas, contra cuya cultura se estrellan la insensatez, la
impotencia y la ignorancia de los que dirigen al imperio.
A ese pueblo, durante
más de medio siglo, le enseñaban que la independencia por la que
tanto lucharon no era obra de Céspedes, Agramonte, Martí, Gómez,
Maceo y tantas decenas de miles de extraordinarios combatientes, que
no era fruto del patriotismo de un pueblo que cuando apenas contaba
con algo más de un millón de habitantes —una parte de los cuales
eran españoles, y donde los amos de las grandes plantaciones,
cubanos de origen, eran proespañoles o proanexionistas—, y en
medio de una sociedad esclavista, fue capaz de luchar durante 30
años contra fuerzas enemigas que alcanzaron la cifra de hasta 300
000 soldados. Creo, sinceramente, que ningún pueblo hizo semejante
proeza. Y derrotada ya aquella decadente potencia española, el
gobierno de Estados Unidos, con el mayor oportunismo del mundo y so
pretexto de obra humanitaria, interviene con sus fuerzas en este
país, lo ocupa durante cuatro años, se apodera de todas las
riquezas y nos deja convertidos en una neocolonia bajo las
cláusulas de una infame Enmienda impuesta a nuestra Constitución,
que les daba derecho a intervenir e incluso ocupar permanentemente
parte de nuestro territorio y mantenerlo ocupado a su antojo durante
tiempo indefinido, como lo ocupan todavía en la base de
Guantánamo, convertida hoy en una cárcel mundial violatoria de
toda legalidad y de lo que ellos llaman derechos humanos. Sufrimos
dolor cuando en el mundo se habla de esa horrible cárcel, que nada
tiene que envidiar a los campos de concentración nazis.
Como consecuencia de
aquella intervención, todavía mantienen por la fuerza esa base.
Poseen en su propio territorio millones de kilómetros cuadrados. No
hicieron allí esa cárcel; la hicieron aquí para humillar a Cuba.
Hay un montón de
países reclamando que allí se encuentran ciudadanos suyos sin
juicio ni garantía alguna, violando las más elementales normas
internacionales.
Mientras esto ocurre,
como ya expliqué, cinco compañeros nuestros que observaban las
actividades terroristas contra Cuba y corrían grandes riesgos para
informar y prevenir a nuestro país de aquellos criminales hechos
engendrados y dirigidos desde Estados Unidos, están sometidos a
durísimo e inhumano trato en cárceles de alta seguridad, bajo
condiciones humillantes, abusivas, extremadamente arbitrarias, que
no sirven más que para multiplicar la admiración y el orgullo de
nuestro pueblo al verlos mantener, indoblegables, sus principios
revolucionarios y su dignidad.
Debieran mirar bien a
esos jóvenes y comprender que aquí se van a encontrar a millones
como ellos. A esta isla podrían lanzarle una lluvia de bombas
nucleares, y no se rendirá jamás. Este es un país de historia
heroica; un país donde cientos de miles de ciudadanos han cumplido
misiones internacionalistas, que hoy poseen los conocimientos
militares suficientes para convertirlo en infierno de cualquier
invasor.
Iniciamos la lucha contra el ejército batistiano y sus fuerzas armadas, ascendentes a 85000 hombres, con unos pocos fusiles, solo siete. Es bien conocida la historia, la dignidad, el patriotismo, la capacidad de nuestro
pueblo para pensar, meditar, analizar y adaptarse a cualquier tipo
de guerra. Vivimos incluso la experiencia de haber estado bajo la
amenaza de cientos de proyectiles nucleares en el año 1962. No
vimos, sin embargo, a un solo ciudadano perder el sueño ni
inquietarse.
Este país cuenta con
millones de combatientes y millones de armas, las que sabe muy bien
cómo debe utilizarlas en caso de ser agredido. Sería conveniente
que los sesudos estrategas de la política de amenazas, bloqueo,
estrangulamiento y agresión a Cuba se sentaran unos minutos a
meditar un poco cómo serían las cosas en este país, que tampoco
es tan fácil de atacar por varias razones: saben que el precio
sería impagable; saben que el pueblo norteamericano no lo
justificaría nunca porque, a pesar de todas las mentiras y
pretextos que puedan inventar para engañarlo, se opone cada vez
más a las ilegalidades, arbitrariedades y guerras de conquista;
saben que el pueblo norteamericano comprende cada vez mejor los
disparates y las falsedades de ese gobierno. Y les advierto que los
estoy tratando bien. La cantidad de elementos de juicio disponibles
sería suficiente para marcarlos de forma indeleble ante la
historia. ¡Todavía el muerto puede hacer más cosas antes de
morirse!
Pero han dicho otro
descarado disparate. Se reunió el grupito y un cretino declaró
públicamente que no solo estaban haciendo todo lo necesario para
que lo más rápidamente posible la Revolución cayera; que no se
trataba únicamente de eso, sino de impedir a toda costa que
cualquier otro dirigente revolucionario gobernara el país, que de
eso se encargarían ellos, en clara referencia a una acción
militar.
Parece que nos quieren
traer a los de la mafia de Miami, quién sabe a qué demonios, a
qué bandidos, a qué degenerados, como si se pudiera contar así
con la posibilidad de gobernar a este indómito pueblo. Es que no lo
saben, o fuman mariguana —no puedo entenderlo de otra forma—, o
viven dándose tragos de cualquier mezcla de cosas.
Hablan como si se
creyeran de verdad que esta Revolución se cae mañana, que este
país no puede resistir. ¡No se dan cuenta de la causa, la realidad
y la fuerza de la Revolución Cubana!
En nuestro país se
cometen errores, no digo que no; y constantemente denuncio,
advierto, exhorto a meditar, exijo rectificaciones. Nosotros
conocemos muy bien a nuestra gente. El enemigo ignora que se
encontrarán con millones de líderes; se encontrarán un pueblo
entero convertido en líder, hasta los niños; se encontrarán una
cultura política y revolucionaria como la que jamás ha tenido un
país; se encontrarán que jamás hubo proceso político alguno con
un apoyo mayor del que ha tenido esta Revolución.
Acabarán de comprender
que no es sobre la base de la fuerza, ni de carros de bomberos, ni
de hombres con escafandras, ni de gases lacrimógenos, ni con
caballos de siete pies y golpes como se mantiene la tranquilidad en
nuestro país, que cuenta con el récord insuperable de no haber
usado jamás la fuerza contra el pueblo.
Ellos saben que eso es
verdad, del mismo modo que saben que aquí jamás alguien ha sido
torturado, que aquí jamás alguien ha sido víctima de un
escuadrón de la muerte y que tales instituciones no existen; saben
que jamás se han producido ejecuciones extrajudiciales; saben que
jamás se ha cometido un asesinato político a lo largo de 45 años
de la Revolución, lo cual constituirá un récord olímpico muy
difícil de superar en los años venideros; saben que al crearse un
motín en 1994, aquel 5 de agosto, no se movió un policía, ni un
carro de bomberos o algo parecido, que fui personalmente allí, en
el asiento delantero del yipi y, habiéndoles prohibido
terminantemente a los nueve hombres que estaban conmigo usar las
armas, bajé allí donde estaba un grupo de gente realmente
amargada, bastante marginal, a los que desde Estados Unidos la radio
subversiva oficial les había anunciado que vendrían a buscarlos en
unos barcos. Cayeron en la provocación, estaban irritados y
comenzaron a tirar piedras. No se movió nadie, porque lo primero
que hice fue advertirles a las autoridades correspondientes que no
enviaran allí ni un pelotón de soldados, ni de policías. Y al
llegar donde estaban, el desorden cesó en fracción de segundos.
Comenzó a salir gente de todas partes y los mismos tiradores de
piedras empezaron a aplaudir. Caminamos hacia la entrada del puerto,
era un río de gente, no se sabe de dónde salió, dimos la vuelta
en el Malecón y caminamos por el largo trecho. Fue la única vez
que en 45 años se desató un desorden. No hubo un disparo, no hubo
gas lacrimógeno, no hubo un golpe, no hubo un herido. Es la fuerza
de la moral, es la fuerza de la dignidad, es la fuerza de los
principios. Es la primera vez que hablo en público de mi actividad
personal en aquel episodio.
Tal vez por eso crean
que a los 15 minutos de mi fallecimiento la Revolución se derrumba;
ignoran o pretenden ignorar los millones de personas en este país
que tienen conocimientos, que no son analfabetos, que saben de
política más de lo que saben aquellos caballeros, mucho más,
infinitamente más; que saben de la psicología humana, que saben
del patriotismo tradicional de nuestro pueblo, que son capaces de
hacer lo que aquellos heroicos compañeros hacen en el seno del
monstruo, prisioneros del imperio; que saben que este país cuenta
con cientos de miles de hombres que cumplieron voluntariamente
peligrosas misiones internacionalistas en los lugares más
difíciles, que hoy cuenta con 300 000 profesores y maestros, y que
pedir docentes voluntarios para ir a educar a cualquier lugar del
mundo tendría la respuesta de decenas de miles.
Cuando Nicaragua, se
ofrecieron 30000, y cuando allí asesinaron a uno o dos de ellos, se
ofrecieron 100 000. Ese es este pueblo: maten a un cubano, y pidan
voluntarios para ir a luchar; maten a un cubano, cometan una gran
injusticia contra un cubano y tendrán millones de cubanos
dispuestos a dar la vida, si es necesario, para exigir justicia o
para dar respuesta a la injusticia.
Bandidos hubo aquí
organizados por ellos, que costaron miles de vidas, terroristas de
todas clases, y fueron los obreros y los campesinos de allí del
Escambray, 10000 obreros y campesinos, organizados en batallones,
los que al final capturaron hasta el último bandido.
Asesinaron
alfabetizadores como Manuel Ascunce, o maestros como Conrado
Benítez; invadieron el país, bombardearon sorpresivamente y con
aviones que llevaban insignias cubanas a nuestro pueblo, en medio de
la campaña de alfabetización, la primera en el mundo de esa
naturaleza que erradicó el analfabetismo en un año, y hoy cuenta
con cientos de miles, alrededor de 800000 profesionales
universitarios, intelectuales, millones de técnicos medios, y todo
un pueblo estudiando. Un país que ha universalizado la enseñanza
superior, un país que lucha por una cultura general integral, un
país de cuyos conocimientos obtendrá los ingresos que necesita
para su desarrollo pleno y para ayudar a otros países.
Es conocido que en
África, en el Caribe y en América Latina hay un elevadísimo
número de médicos cumpliendo misiones en los lugares más
difíciles. Ellos saben bien que Cuba, por ejemplo, atiende la salud
de las tres cuartas partes de la población haitiana; ellos tienen
batallones, aviones de bombardeo, tanques, misiles, ellos y otros
han invadido a ese país más de una vez, pero ninguno le ha enviado
nunca un médico, no pueden enviárselo. Paguen lo que paguen,
Estados Unidos y Europa juntos no reunirían los cientos de médicos
que hoy atienden a la población haitiana.
Este país ha creado un
gran capital humano en todos los terrenos; ya mencioné la
educación, puedo mencionar otras muchas cosas; mencioné los
combatientes, mencioné los compatriotas solidarios que por cientos
de miles, en los años de Revolución, han cumplido peligrosas
misiones internacionalistas.
Ellos saben, o debieran
saber, lo que es Cuba, para andar con tanta tontería y tantas
idioteces; más vale que se dediquen a tomar whisky o a mezclar sus
tragos con cualquier otra cosa, en vez de estar perdiendo el tiempo
en esas reunioncitas de la Casa Blanca que no nos intimidan.
Deben saber, además,
que nosotros hemos sido cuidadosos, hemos evitado retóricas, se las
hemos dejado todas a ellos, pero si quieren discutir y quieren
debatir, debieran buscarse varias corazas de aceros especiales para
discutir, porque no tienen un argumento, no tienen una idea, no
tienen moral, no tienen un punto de apoyo; esa es la verdad. Toda la
bronca ahora, las amenazas, son para que no venga aquí ningún
norteamericano, para que no viajen, para que no visiten a Cuba. No
sé qué les daría esa furia. ¿Acaso la reunión, que fue la
sexta, con esos estudiantes norteamericanos que procedían de 239
universidades? Y son muchachos inteligentes, no vayan a creer que se
trataba de hijos de familias pobres; ese tipo de actividades
cuestan, hay que pagarlas. Fue una magnífica iniciativa de la
universidad norteamericana de Pittsburgh crear ese programa. Y en
los recorridos para saber lo que pasa en el mundo, van
representaciones de cientos de las mejores universidades de Estados
Unidos. Por eso es preciso distinguir muy bien, ver. Aquella gente
de la reunión en la Casa Blanca no se atrevería a reunirse con
esos estudiantes norteamericanos.
Les sugiero que vayan y
reúnan a los seiscientos y tantos estudiantes y profesores con los
que me reuní durante cuatro horas en el Palacio de las
Convenciones, y discutan con ellos si quieren saber lo que es el
mundo, si quieren saber lo que es Cuba, y cuál es su impresión, y
cómo este no es un pueblo de fanáticos, sino un pueblo de gente
culta, civilizada; que este es tal vez el único país donde nunca
se ha quemado una bandera norteamericana, una de las formas con que
muchas personas desahogan su pasión o sus agravios, nunca lo ha
hecho, porque se trata de una revolución educadora, una revolución
de principios, una revolución basada en ideas, que no puede culpar
al pueblo norteamericano de lo que hacen sus gobiernos contra
nuestro país.
Ellos, en cambio, al
parecer les echan la culpa a los niños, a los enfermos, a los
ancianos, a los que sufren, porque todas esas medidas para endurecer
el bloqueo y otras, ¿qué objetivo buscan?
Ya les decía, ellos no
tienen idea de cuánto es el apoyo del pueblo cubano a la
Revolución, y nosotros lo conocemos milimétricamente. Llevamos
cuatro años recogiendo estados de opinión cada día; vemos cómo
han avanzado los conocimientos y la conciencia de nuestro pueblo en
estos años, vemos cómo prosperan todos los programas, decenas y
decenas de programas sociales, culturales, educacionales,
artísticos.
Hace cuatro años no
existían escuelas de instructores de arte, y cuando veía en la
tarde de hoy a estas jóvenes profesoras artistas salidas de las
escuelas, que es de donde único pueden salir los sentimientos y
valores que nos hacen seres humanos, o los conocimientos que nos
hacen productores y creadores, pensaba en el valor de contar hoy con
16000 estudiantes seleccionados que estudian en las escuelas de
instructores de arte, y que en los próximos ocho meses saldrán
graduados ya los primeros.
Conocemos lo que
hicieron los alumnos del tercer año de esa escuela en la UCI, una
universidad nueva, el impacto que dejaron allí. De modo que no se
resignan sus alumnos, ni se conforman con que les envíen otros
instructores que no sean los 20 que estuvieron allí, y nuestro
país en el próximo septiembre tendrá ya alrededor de 3 500;
detrás de ellos, graduándose ellos, otros 16 000 continúan o
inician estudios cuando entren los de primer año. Así que
estaremos graduando no menos de 3 500 por año e ingresando más de
4 000, porque, si algunos no pudieron terminar, no vamos a ingresar
solo 4000; sabemos las capacidades disponibles, siempre estará
llena la escuela.
Viendo lo que vimos hoy,
es posible imaginarse perfectamente cuando haya 10000 graduados,
cuando haya 20000.
Pero algo más: se le
está dando apoyo e impulso al Instituto Superior de Arte. Allí se
está invirtiendo, tiene gran prestigio y será uno de los mejores
del mundo.
Hoy en nuestro país, en
la capital por ejemplo, está la Escuela Nacional de Ballet, y 4 100
niños de familias humildes tienen, a solicitud de las familias, dos
días a la semana en los que reciben clases de danza clásica
impartidas por profesoras de danza catalogadas entre las mejores del
mundo, a la vez que cerca de 300 alumnos están realizando allí
estudios profesionales. La capacidad de la escuela es de 300. Y a
pesar del bloqueo y de todas las porquerías imperialistas, un grupo
de ómnibus van a distintos lugares a recoger a esos niños y niñas
aficionados, a través de rutas escolares que tienen esos ómnibus,
los recogen y los llevan con la mayor seguridad durante la semana. Y
el costo, con el combustible caro, apenas alcanza los 30000 dólares
al año; es decir que ofrecer esa posibilidad a esos niños de
cualquier familia, vivan en el municipio que vivan de la Ciudad de
La Habana, costaría su transporte alrededor de solo siete dólares
por niño al año, y la misma escuela para formar profesionales
divulga y promueve a la vez conocimientos culturales y artísticos
de gran valor.
Eso no existe en ningún
otro lugar. A eso debieran dedicarse aquellos personajes, y a eso
debieran dedicar el dinero, y no a genocidios y a hacer guerras de
conquistas en busca de petróleo y otras materias primas que aspiran
a controlar de manera absoluta.
Búsquese si hacen algo
de esto. Analícese lo que pasa en los guetos de afronorteamericanos
en Nueva York, o en las ciudades de la Florida, o en California,
allí donde decenas de millones de personas carecen de recursos para
la educación y la salud.
No hay un solo punto, no
hay un solo ejemplo que puedan darle al mundo que sirva de
comparación con la obra de esta Revolución. Sería comparar el
infierno con el cielo.
Nos cabe el aliento y la
satisfacción de haber estado construyendo un cielo para los pobres.
Nos cabe la felicidad de haber estado cerrando para siempre las
puertas del infierno para nuestros compatriotas (Aplausos). Nos cabe
la felicidad de estar creando un modelo, nos cabe la felicidad de
estar demostrando lo que el hombre es capaz de hacer; que la
justicia es posible, que la inteligencia con que el hombre viene al
mundo, bien cultivada, pudiera acercarse a resultados que hasta hoy
en la historia de la humanidad han sido simple utopía. Nos cabe la
satisfacción de la conversión de una utopía en realidad.
Es con ese ánimo con que leemos todos los cables
asquerosos de esas repugnantes criaturas que se reúnen para fraguar
criminales sueños. Cuando reciban la agradable noticia para ellos,
y tranquila para mí, de que el modesto esfuerzo al que he dedicado
mi vida haya concluido, millones de cubanos tan revolucionarios como
nosotros y mucho más cultos y preparados que nosotros, un pueblo
unido y aguerrido, llevará adelante la Revolución.
Veo, con toda claridad,
por todas partes se demuestra, que hay que envidiar a esos niños de
primer grado, de segundo y de tercero. Los años pasan, han pasado
solo cuatro años de la Batalla de Ideas y hace falta casi una guía
telefónica para enumerar las cosas que se han hecho, miles y miles
de tareas y medidas para llevar a cabo los programas emprendidos.
Mencioné las escuelas
donde estudian 16 000 instructores de arte, bien seleccionados.
Podría mencionar la escuela formadora de enfermeras emergentes,
cuando se presentó una escasez en la capital; podría mencionar la
capacidad en cuatro escuelas de nueva creación para formar 7 200
trabajadores sociales cada año, y los 14000 que hoy ya trabajan.
Cuando se inició esa Batalla no había nada de eso.
Podría mencionar
fenómenos como el hecho de haber reducido a no más de 20 el
número de alumnos de primaria por maestro; pudiera haber mencionado
las 2 500 escuelas que tienen electricidad apoyándose en los
paneles solares, y que no existe una sola que no tenga acceso a la
electricidad para los medios audiovisuales, los televisores y las
computadoras. Podrían mencionarse las obras que estamos haciendo
por centenares y, si contamos las pequeñas, por miles, en los
programas de salud que estamos llevando a cabo en este momento.
Podrían mencionarse los 100000 alumnos que están en las escuelas
de formación integral de jóvenes. Nada de eso existía hace cuatro
años.
Podríamos mencionar el
estudio convertido en empleo y la reducción del desempleo a menos
del 4%, lo que equivale técnicamente al pleno empleo, en instantes
en que en el mundo hay una tremenda y creciente cifra de desempleo.
Podríamos mencionar la
cantidad de libros que se han impreso, la cantidad de escuelas de
pintura y otras actividades artísticas que se han construido y
seguimos construyendo. Podría mencionarse el Canal Educativo, que
es uno de los que más rating tiene en el país, y que dentro de
tres o cuatro meses tendremos funcionando también en todo el país
el segundo Canal Educativo.
Podríamos mencionar
Universidad para Todos. Podríamos mencionar el ingreso de más de
100000 estudiantes en los estudios superiores. Nada de eso existía
hace cuatro años.
Podríamos mencionar el
hecho de que hoy 29000 médicos están estudiando en búsqueda de
títulos científicos y que algunos miles de ellos están cumpliendo
misiones internacionalistas en difíciles y duras condiciones, y aun
allí siguen estudiando a través de nuevos métodos que hemos
desarrollado, el video, el televisor, el empleo exhaustivo de esos
medios, las computadoras y los programas interactivos de educación,
que es lo que hace multiplicar esos conocimientos.
En tiempos no lejanos
hablaremos ya no solo de 51000 especialistas, entre ellos alrededor
de 30000 especialistas en medicina general integral, entre los casi
70000 médicos con que contamos. Hablaremos de cientos de miles de
médicos con títulos científicos. En nuestro país hay ya muchos
más médicos per cápita que en Estados Unidos, muchos más
maestros per cápita que en Estados Unidos; y, desde luego, no
aparece apenas su aporte en el Producto Interno Bruto porque no es
un producto comercial, sus servicios son absolutamente gratuitos.
Se desarrollarán
también las actividades recreativas, culturales, artísticas,
deportivas. Se llenará este país de escuelas y de museos.
Hoy mismo —estoy un
poco retrasado— iremos a inaugurar un precioso museo en Cárdenas.
Cárdenas ocupa un lugar destacado en el corazón del pueblo de
Cuba, en el corazón de todos nosotros, porque aquí se inició esta
batalla que tantos frutos está produciendo y que infinitos frutos
estará llamada a producir en tiempo histórico récord, hacia la
creación de la sociedad más justa de la Tierra. La obra de la
Revolución, amasada con tantos sacrificios y con la sangre de
tantas personas nobles, a lo largo de tanto tiempo, no deja lugar a
la menor duda de que podrán desaparecer a la isla y a todos los
seres vivientes de esta isla de la faz de la Tierra, pero no harán
que Cuba ceda una pulgada a sus chantajes, a sus demandas
estúpidas, a sus amenazas.
¡Háganlo si se
atreven! ¡Desaparézcannos de la faz de la Tierra! (Aplausos). Que
lo que es probable que desaparezca, mucho más rápido de lo que
creen, es este orden injusto, brutal, con que hoy oprimen y explotan
cada vez más al mundo, sin esperanza alguna para el porvenir de una
humanidad que en 150 años ha crecido seis veces, de 1000 millones —según
cálculos— a 6,3 miles de millones, y que en 50 años más serán
10 000 millones de personas, en un planeta que es destruido cada vez
más, donde los recursos no renovables se despilfarran, la
atmósfera, el aire y los mares son envenenados. De modo tal que
podría demostrarse, matemáticamente, que la especie humana, con
las armas criminales que se han desarrollado y aun sin ellas, con la
destrucción de las condiciones naturales de vida, puede
desaparecer; lo que no desaparecerá mientras haya conciencia y
personas capaces de portarla, es la idea del deber de luchar para
que la especie no perezca y, con ella, las maravillas que la
inteligencia humana puede crear (Aplausos).
He tenido que expresarme
en condiciones un poquito complejas, porque tengo a los adultos,
tengo a la prensa, tengo a los niños. Pero, bueno, algo me
consuela: sé que cualquiera de esos niños, ya desde el primer
grado de la primaria, puede comprender muchas cosas de las que les
he dicho.
Tengo la esperanza de
que me perdonen de que hayan estado ahí sentados mucho tiempo,
mientras ustedes están ansiosos de disfrutar de la merienda, de los
helados y todas esas cosas que esperan a todos los niños de
Cárdenas. Pero, como un proyecto de abogado que fui, me quiero
defender recordándoles que fueron ustedes los que me exigieron que
hablara (Aplausos y exclamaciones de: "¡Fidel, Fidel!"). Y yo les
advertí que estaban corriendo un gran riesgo.
¡Viva la Patria!
(Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva la vida! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva la cultura! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva la educación! (Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Viva para siempre la obra y el ejemplo de nuestro pueblo!
(Exclamaciones de: "¡Viva!")
¡Hasta la victoria siempre!
(Ovación). |