LONDRES, 10 de diciembre (PL).—
La ocupación anglo-estadounidense de Iraq tampoco escapa a una
paulatina privatización, donde las empresas estadounidenses se
convierten en las segundas contribuyentes de la guerra, después del
Pentágono, denuncia hoy The Guardian.
De acuerdo con esa publicación, la
cantidad de personal contratado por las compañías de seguro y de
protección del personal empresarial alcanza los 10 mil, cifra que
supera a los más de nueve mil soldados británicos desplegados en
el citado estado árabe.
El periódico revela que la cifra de
empleados para los menesteres de seguridad es 10 veces mayor a la
existente durante la Guerra del Golfo, lanzada en 1991 contra Iraq,
luego de su fracasado intento de anexión de Kuwait.
Ahora por cada decena de
representantes de compañías privadas u otras instituciones se
sitúa un contratado de protección, en lugar de cada un centenar,
como hace 12 años.
Por otro lado, el diario indica que
de los más de 87 mil millones de dólares destinados por Estados
Unidos a mantener la ocupación en Iraq y en otras zonas de Asia,
incluida Afganistán, unos 30 mil millones irán a parar a los
contratos de empresas del sector privado.
En opinión de The Guardian, la
guerra en el referido país del Golfo Pérsico se privatiza
paulatinamente. Existen algunos paralelos con la comercialización
de una guerra y de esa forma de obtener ganancias, pero habría que
buscarlos 250 años más atrás, estimó Peter Singer, analista del
Washington Brooking Institute.
Pero el negocio de la guerra se
inició desde el mismo momento en que la armada estadounidense
agredió en marzo pasado a Bagdad, pues sus disparos y dispositivos
de combate estaban bajo el control de cuatro poderosas empresas
privadas.
Además, el funcionamiento de los
sistemas de armamento de los superbombarderos de tecnología Stealth
B-2 también estaba a cargo de personal contratado por compañías
civiles norteamericanas.
De igual forma, en el proceso de
preparación del personal militar y de la policía iraquí, tras la
unilateral invasión de Estados Unidos y Gran Bretaña, las empresas
del citado país norteño obtienen contratos muy lucrativos.
Por otro lado, las corporaciones
británicas se cuentan entre las más importantes en el jugoso
negocio de la seguridad, como la Global Risk, la cual suministra
personal paramilitar y veteranos de fuerzas especiales para la
custodia de Paul Bremer, gobernador estadounidense impuesto por los
ocupantes en Iraq.
En ese sentido, la publicación
afirma que un veterano de las fuerzas especiales británicas
contratado por Global Risk puede contar con un salario de hasta mil
dólares diarios.
La fórmula de atraer al personal con
el estrecho perfil de hacer la guerra, tras los recortes de los
ejércitos occidentales, se convierte en oportunidad única para las
empresas dedicadas a la seguridad, como también ocurre ahora en la
ex Yugoslavia.
Al respecto, The Guardian advierte
que ese método favorece, sobre todo, a Estados Unidos que al
emplear personal ex militar a través de compañías civiles puede
lanzar acciones bélicas sin necesidad de contar con la aprobación
del Congreso.