GINEBRA.—El
Programa de Voluntarios de las Naciones Unidas es un movimiento
dirigido a ayudar a las sociedades donde desarrollan su trabajo,
pero sus problemas no son pocos.
Bastó una mañana sentados con ellos en el salón
Mont Blanc de la enorme edificación conocida como Palexpo para
darse cuenta de cómo se transfieren experiencias unos a otros sobre
la forma de abordar concretamente las dificultades, y ver las
intervenciones de los delegados cubanos para percatarse de que hay
distancias entre las dificultades nuestras con las de otros países.
Cuando
los delegados conversaban sobre los problemas de financiamiento para
sus actividades, una barrera muy seria para la realización de sus
tareas, una delegada colombiana se paró y aclaró que simplemente
en Cuba no existían esas dificultades.
Yo recordé inmediatamente a constructores, maestros
y médicos, todos voluntarios, que han llevado su solidaridad a
muchos pueblos de América Latina, África y Asia.
En general, los cubanos, de organismos muy
distintos, intervenían casi constantemente para plantear posiciones
fundamentales, como cuando —hablando de la instalación de
computadoras en lugares de África— Yarina Amorós insistió en
que no se trataba solamente de eso, sino de que se pudiera trabajar
con códigos abiertos para todos y que, además, no se trata
solamente de colocar la tecnología y ya, sino enseñar a las
personas a trabajar con ellas y a generar contenidos autóctonos.
Leonela Relys hizo su aporte a las tareas del
voluntariado con una explicación sobre el funcionamiento del
sistema de alfabetización creado por ella para emplearlo por radio
en Haití, mientras Jesús Hernández, director del Centro de
Información para la Prensa, subrayaba las cuestiones del contenido
de la nueva tecnología y su máximo aprovechamiento, como hacen los
Joven Club en Cuba, que multiplican por mucho cada computadora para
preparar masivamente a los ciudadanos en el uso de la computación.
Su alta valoración sobre las intervenciones de los
participantes cubanos fue algo que deseo decirnos la colombiana Luz
Estela Álvarez, porque son frecuentes e insisten, alegó, en la
necesidad de que nuestros países creen sus propias tecnologías con
su propio contenido .