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Cincuenta años de lucha en sus rostros
LOURDES PÉREZ
NAVARRO
Aquellos
rostros lo dicen todo. Amor, sacrificio, espíritu de lucha,
combatividad, dignidad. Algunos, surcados por esas grietas que
hablan de los muchos años y a la vez dicen de incontables
experiencias. Otros, con la piel aún lozana y el anhelo de
protagonizar hazañas mayores.
Rostros
que tienen la virtud de resumir los últimos 50 años de lucha en
nuestra Patria y que vuelven a encontrarse al cumplirse la primera
década de vida de la Asociación de Combatientes de la Revolución
Cubana (ACRC), en ocasión de celebrar —el pasado sábado— la
Segunda Conferencia Nacional para valorar el trabajo y proyectar las
tareas del próximo quinquenio.
Muchos, después del
primer abrazo, de las inevitables preguntas de qué has hecho con tu
vida, qué tal la familia, cómo has engordado, necesariamente
rememoraron aquellos días del asalto al cuartel, de los
preparativos del largo viaje hacia la Isla en el yate, de la lucha
en la Sierra, de la barrida que les dieron a los bandidos en las
montañas, o de las muchas movilizaciones en defensa de la Patria,
desde los días gloriosos de Girón y la Crisis de Octubre.
Y acercándose en el
tiempo hasta ese punto tan incierto que es el presente, hablaron —sin
cansarse, como los verdaderos luchadores que son— del círculo de
interés que apadrinan, de los encuentros con los estudiantes para
transmitirles sus vivencias, de la historia del país, de los más
de 12 000 círculos de interés y 4 300 instalaciones de Tiro
Recreativo Popular en que participan, o de la parcela de tierra que
cultivan para "arrancarle" a la naturaleza, con esmero y sabiduría,
los frutos que luego reparten a los niños del círculo infantil o
de la escuela del barrio.
Algunos, más jóvenes —como
aquellos que llevan activos 15 años en las filas del MININT y de
las FAR, o los familiares de mártires de la Revolución, o aquel
profesional de la Salud y de la Educación que ha "brincado" los
mares para llevar sus conocimientos a lejanas geografías—,
escuchan y cuentan, porque ellos también tienen mucho por decir,
solo que de otros combates, los de nuestros días, que no por
contemporáneos son menos importantes.
Todos comparten un lugar
entre los más de 330 000 miembros de la ACRC. Cada cual tiene su
propio espacio en este cubanísimo terruño, pero idénticos
objetivos: defender la Revolución, participar activamente en cada
programa social y enfrentar las ilegalidades y la corrupción.
Es un trabajo
apasionante, una forma de agrupar la historia de Cuba, dijo a Granma
Magalys Duarte Ledo, presidenta de la Asociación en el municipio
habanero de Melena del Sur. A los muchachos les gusta mucho estos
contactos con los combatientes, quienes cuentan sus experiencias,
hablan de cómo eran y qué hicieron esos mártires cuyos nombres
llevan hoy sus escuelas y les enseñan a tirar bien.
Nuestros combatientes,
agregó, apadrinan escuelas y círculos infantiles, y les
proporcionan parte de lo que cosechan en las parcelas que el Estado
les entregó, con las que han creado productivas Cooperativas de
Créditos y Servicios. Son, sencillamente, gente humilde, solidaria
e incondicionales defensores de la Revolución.
Defendiendo la obra
grande de la Patria, unidos en una sola familia de revolucionarios
en la que no hay relevos, —porque existe continuidad en voluntades
y propósitos—, con la virtud de la modestia de su Presidente
reelegido unánimemente en esta Segunda Conferencia, el Comandante
de la Revolución Juan Almeida Bosque, y la lealtad a Fidel y Raúl
de quienes, como Camilo, primero dejarán de respirar antes que
defraudar su confianza, los combatientes ratificaron este sábado su
ya proverbial definición: ¡Aquí no se rinde nadie, C...! |