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Caracas, la noche de los ángeles
FÉLIX
LÓPEZ Y RICARDO LÓPEZ HEVIA
Enviados Especiales
CARACAS.—
"Pobres los ángeles urgentes/ que nunca llegan a salvarnos./
¿Será que son incompetentes/ o que no hay forma de ayudarnos?/
Para evitarles más dolores/ y cuentas del sicoanalista,/ seamos un
tilín mejores/ y mucho menos egoístas", piden a una sola voz
Silvio Rodríguez, Amaury Pérez y Carlos Varela, bajo el cielo
estrellado y libre de Caracas.
La multitud —30 000,
40 000..., quién sabe cuántos— estalla en aplausos, se aprietan
manos, corazones. Corren las lágrimas y canciones. Un canto de Amor
por la Revolución, o quizás otra Cita con ángeles, hacen realidad
el sueño de que los tres trovadores, acompañados de los
venezolanos José Montecano, Cecilia Todd y Lilia Vera, cierren un
día histórico y feliz, que comenzó al amanecer del sábado, con
una megamarcha que eclipsó de una vez el megafraude de la
oposición.
José Montecano, hermano
de Alí Primera, ícono de la canción venezolana, abre el concierto
con un homenaje al Plan Barrio Adentro, mientras que los
presentadores del espectáculo recuerdan que "es la primera vez que
un país le regala a otro 23 millones de libros en la historia de la
humanidad", en referencia a las Bibliotecas Familiares que entraron
en las escuelas, los hogares y el corazón de millones de seres
humanos...
Varela, en gesto de
agradecimiento, dedica su primera canción a Alí Primera, tomada de
su homenaje a Miguel Matamoros: "Las iglesias hablan de la
salvación/ y la gente reza y pide cosas en silencio, como los
peces,/ y en la cara de Jesús hay una lágrima rodando/ lágrimas
negras"... Y advierte que "desde que existe el mundo, hay una cosa
cierta/ unos hacen los muros y otros hacen las puertas"..., en una
canción regalada, de manera especial, a los médicos cubanos.
Para Amaury se hace
necesaria una confesión. Aquel 11 de abril, mientras celebraba el
cumpleaños de su hija, de Carlos Varela e Isaac Delgado, se enteró
de dos increíbles noticias, Chávez detenido por los golpistas,
Chávez liberado por el pueblo. "Acuérdate de abril...", dice su
mensaje poético al pueblo bolivariano, y hace un alto para enviar
un abrazo cálido a Fidel..., y canta No lo van a impedir, un texto
que también lleva la impronta de la más joven Revolución del
continente.
Cuando Cecilia Todd, con
su voz inconfundible, cede el escenario a Silvio Rodríguez, la
ovación se esparce por el valle, y asciende por las verdes laderas
de El Ávila. Es la apoteosis de quienes cantan con el trovador: "debes
amar la arcilla que dan tus manos,/ debes amar su arena hasta la
locura,/ y si no, no la emprendas que será en vano,/ solo el amor
alumbra lo que perdura,/ solo el amor convierte en milagro el barro"...
La silla, es la
nostalgia de los menos jóvenes y los rostros perplejos de los
adolescentes. "Quiero agradecer —les dice Silvio— esta
invitación que recibimos para venir aquí a reunirnos con ustedes,
especialmente por parte del presidente Chávez, cosa que nos da la
oportunidad de hacer un voto público de esperanza por este país".
"Amada
supón que me voy lejos,/ tan lejos que olvidaré mi nombre./ Amada,
quizás soy otro hombre, más alto y menos viejo,/ que espera por
sí mismo,/ allá lejos, allá trepando el dulce abismo"... Es para
Cinco Cubanos Prisioneros en cárceles de los Estados Unidos, dice
el trovador, Cinco Hermanos nuestros a quienes va dedicada muy
especialmente esa canción. Y baja al Poliedro a sus antológicos
ángeles y remonta el cielo de Caracas con un rabo de nube, y un
papalote inmenso.
Pegados a la noche,
desconsolados por el final inevitable, miles de jóvenes comienzan a
corear: "¡Uh, ah!, Silvio no se va", y Silvio regresa para clonar
el tiempo, mientras Germán Sánchez Otero, el embajador de Cuba,
les confiesa a los periodistas, detrás del escenario, que el
concierto ha sido un instante de felicidad, alegría y de compromiso
infinito con la cultura latinoamericana, para seguir encontrándonos
en todos los escenarios del mundo.
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