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A 45 años de una histórica reunión
Fidel con trabajadores
de las minas
PEDRO MORA
En su impetuosa marcha
hacia Santiago de Cuba, después de la victoriosa Batalla de Guisa,
las fuerzas rebeldes avanzaron hasta las cercanas Minas de Charco
Redondo. En ese lugar el Comandante en Jefe Fidel Castro
continuaría preparando el final de la guerra y el día 6 de
diciembre de 1958 sostendría una reunión con los trabajadores
mineros, en la cual amplió sus conocimientos acerca de la inhumana
explotación capitalista a que eran sometidos aquellos hombres.
La historiadora local, Dora
Cabrera, indica donde tuvo lugar
la reunión de Fidel con los mineros.
Los primeros en arribar
al poblado, el primero de diciembre, fueron los de la vanguardia,
integrada por el capitán Ignacio Pérez Zamora, Calixto García y
Arturo Aguilera, entre otros. Este último tuvo la responsabilidad
de conducir el convoy ocupado a los guardias en Guisa y como
conocedor de la zona, utilizó el camino que comunicaba a Corralillo
con Santa Rita, a través de la loma de la Taratana.
El jefe de la
Revolución llegó el día dos y estableció su campamento al sur
del caserío, después del río Cautillo, en un lugar conocido por
El Muñeco, cercano al túnel K-6. En el poblado creó una base de
apoyo: en el taller de la empresa, por ejemplo, ubicó la armería,
en el club de la Empresa a Radio Rebelde y la instalación
hospitalaria la empleó como hospital de campaña, dirigido por el
doctor Eduardo Bernabé Ordaz.
Al posesionarse en ese
sitio en la precordillera de la Sierra Maestra, Fidel situaba su
comandancia a 13 kilómetros de Santa Rita, poblado ubicado entre
Bayamo y Jiguaní en la Carretera Central, donde existía un
embarcadero del ferrocarril para comercializar el manganeso
extraído de las minas. Al sur tenía el área montañosa de La
Tabla y Matías, enmarcados en el territorio del III Frente Mario
Muñoz, dirigido por el Comandante Juan Almeida.
Charco Redondo siempre
se caracterizó por su destacado aporte en hombres y medios para la
lucha insurreccional. De allí salieron destacados combatientes como
Ramón Paz Borroto, Manuel Hernández Osorio y Ulises Góngora, y
abundante dinamita utilizada en construir bombas rústicas para
enfrentar la sangrienta dictadura. Por eso el recibimiento popular a
las tropas rebeldes resultó un esperado acontecimiento.
Era la segunda visita
que hacía allí el líder cubano, pues el 4 de abril de 1953,
durante los preparativos del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos
Manuel de Céspedes, había estado en el poblado minero acompañado
del doctor Pedro Celestino Aguilera, un palmero que se desempeñaba
como dentista en las Minas y que tres meses más tarde sería uno de
los jóvenes asaltantes a la guarida batistiana en Bayamo.
Las raíces
revolucionarias de los mineros despertaban la confianza para grandes
hazañas. Al iniciarse la década de 1950 existía allí un grupo de
combativos revolucionarios entre quienes estaban Ramón Paz Borroto
y Manuel Hernández Osorio que posteriormente se convierten en
componentes de una célula del 26 de Julio, al crear Frank País esa
organización en Santa Rita el 25 de enero de 1956.
Dado el ambiente
revolucionario existente en 1958, integrantes del 26 de Julio y
soldados rebeldes del III Frente, el día 24 de febrero de ese año
habían asaltado el cuartel de Charco Redondo, dirigidos por el
capitán Enrique López.
Por eso la llegada de
los barbudos era esperada con confianza en el triunfo, en un lugar
donde la explotación capitalista consumía a los mineros en las
profundidades de la tierra o los dejaba padeciendo dolorosas
secuelas de la enfermedad conocida como manganismo. De allí
partieron días antes dos pelotones del ejército de Batista que se
entregaron al Ejército Rebelde, y también, la guarnición del
lugar había abandonado las Minas en los días de la Batalla de
Guisa.
La reunión de Fidel con
los mineros tuvo lugar en la noche del sábado 6 de diciembre de
1958, en el local del Sindicato. Al hablarles anunció la entrega de
dinero para garantizar las necesidades principales de la población
del lugar. Les explicó que si era necesario se utilizaría otro
presupuesto con la finalidad de garantizar el abastecimiento de
comestibles. También se refirió a su visita de 1953 mediante la
cual comprobó la opresión de que eran objeto y pudo admirar sus
condiciones de revolucionarios.
Todos nuestros ideales
se están realizando —señaló— y como ejemplo pongo que hace
seis o siete años, no recuerdo el tiempo, condolido por las quejas
y sufrimientos que estaban precisamente latentes en los trabajadores
de las Minas de Charco Redondo, hice una visita a ésta(Á)
Les dijo que cuando
concibió la idea de atacar el cuartel Moncada enseguida pensó en
la posibilidad de darle armas a los mineros, porque aquí fue donde
surgió la idea de que ellos se podrían rebelar contra la
dictadura.
Debemos tener fe y
sabemos —dijo— que el Ejército Rebelde, unido con el pueblo,
irá lugar tras lugar conquistando territorios libres de Cuba hasta
llegar al pleno triunfo del poder.
Refiriéndose a Charco
Redondo, en este histórico discurso cuya versión taquigráfica
recogiera para la historia la maestra Nancy Boada, expresó: "Este
es un pueblo pequeño en habitantes pero grande en conciencia y en
la dignidad Patria".
El día 7 de diciembre
de 1958, Fidel partía hacia La Rinconada, a cinco kilómetros de
Jiguaní, donde cumpliría otras victoriosas jornadas en el último
mes de la guerra. |