La masacre de Cabañas fue un zarpazo de la tiranía herida

Ronal Suárez Ramos

PINAR DEL RÍO.— Un desesperado zarpazo de la dictadura batistiana, que llegaba al fin de su sangrienta existencia, fue la masacre de hace 45 años en el pueblo de Cabañas, cercano a los actuales límites con la provincia de La Habana.

Los días 20 y 23 de noviembre de 1958 eran salvajemente asesinados, luego de someterlos a crueles torturas, 22 revolucionarios, o sospechosos de serlo, cuyos cuerpos aparecieron en distintos lugares del territorio, reportados en los partes del ejército como "forajidos caídos en combate".

Pocos días antes, el 16 del propio mes, la Columna 2 del Frente Guerrillero de Pinar del Río, comandada por Rogelio Payret, había realizado una audaz acción contra dos carros del siniestro Servicio de Inteligencia Militar, a solo siete kilómetros del poblado, por la carretera que conduce a Bahía Honda.

Los vehículos tripulados por ocho agentes del aparato represivo cayeron en una emboscada cuidadosamente preparada por los revolucionarios. Todos los soldados batistianos fueron bajas, y la Columna ocupó armas y parque, e incendió las odiadas "perseguidoras", como se conocía a esos carros.

El hecho de que los rebeldes incursionaran a poca distancia del pueblo, en una importante carretera de la zona y prácticamente a la vista de la capital del país, era un claro mensaje a la tiranía que el alto mando del ejército no pudo ocultar.

La orden de venganza fue dada, y los sicarios no tardaron en ejecutarla. En vez de perseguir a la guerrilla durante su retirada hacia la zona montañosa, se dedicaron a capturar a desafectos al régimen.

La masacre de Cabañas se sumó a la ola represiva desatada por la tiranía batistiana, que en menos de siete años costó la vida a miles de cubanos.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Temas |

SubirSubir