Año 45 del Triunfo de la Revolución

La palabra cumplida...

TOMÁS TOLEDO BATARD
Servicio Especial de la AIN

Cuando uno se detiene a pensar en las condiciones en que zarpó el yate Granma del puerto mexicano de Tuxpan hacia Cuba, el 25 de noviembre de 1956, con el contingente revolucionario comandado por Fidel, llega a la conclusión que si la Patria está de por medio, no hay imposibles para los cubanos.

Nada podría impedir la marcha de la historia ante tantos obstáculos a superar por los combatientes, para iniciar esta otra guerra necesaria y justa.

Primero, la falta de recursos, persecuciones, cárcel, incautación de sus mejores armas, y luego, la salida al mar por el río Tuxpan, en noche tormentosa y silenciosa, rota solo cuando ya en el golfo los futuros libertadores cantarían el Himno Nacional.

Atrás quedaba México con su carga de entrega y sacrificio a donde había llegado Fidel Castro en julio de 1955, dos meses después de salir de la prisión tras el ataque al cuartel Moncada.

El tirano Batista se imponía en el poder por el terror y la muerte. No había, como diría el líder revolucionario al partir hacia el país azteca, otra solución como no fuera la del 68 y el 95.

Ya en suelo mexicano se dio a la tarea de juntar voluntades para el noble empeño de libertar a la Patria, y como Martí, creó allí y en Estados Unidos los clubes revolucionarios. Proclamaría entonces su compromiso con los cubanos: "en 1956 seremos libres o seremos mártires".

Días difíciles debió vencer para conseguir las primeras armas. Y muy duro serían también para él aquellos días, cuando apenas unos meses antes de partir a la Patria irredenta, buena parte del armamento caía en manos de la policía local.

Supo, sin embargo, sobreponerse a la angustia y como Martí, en el desastre de la Fernandina, emprendió de nuevo la tarea de tocar a las puertas de la emigración para poder cumplir su compromiso de regresar a Cuba tal como lo había prometido, aunque fuese, al decir del Apóstol Martí, en una cáscara de nuez.

Mientras el líder de la Revolución reiteraba su promesa, los alabarderos de la tiranía hacían mofa de su prédica. No podían creer en el patriotismo que animaban a aquel joven adelantado a su tiempo.

La mentira y la calumnia era cosa de todos los días. Vinculaban el empeño revolucionario de Fidel y sus combatientes, al dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y a otros personeros de la república mediatizada.

No eran capaces de entender que una Revolución de verdad se les venía encima.

El 2 de diciembre de 1956, Fidel cumplía con su palabra y el Granma llegaba a "Los Cayuelos", en la indómita región oriental, con su preciosa carga de combatientes a bordo. Recomenzaba así la guerra inconclusa de Carlos Manuel de Céspedes y José Martí, que dos años y 29 días después, nos haría libres para siempre. (AIN)

 

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